Waifu yandere(Collection) - Capítulo 283
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Capítulo 283: Neopolitan part 2 Rwby
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
———————–
Ya no quiero nada.
Levantarme pesa
como si el suelo tirara de mis huesos.
La tristeza no es una emoción,
es una niebla constante
que no se disipa.
Nada es inocente ya.
Todo parece cubierto
de degeneración y podredumbre.
Le llamo hipócrita.
Le llamo cu€r^○.
Le llamo cadáver que camina
lleno de gusanos que devoran su carne negra.
Un inútil que se ahoga
en sus propios fluidos que esta ciego y sordo ante las blasfemias qué habla.
No soy inocente.
Nunca lo fui.
Pero tampoco llegué al fondo
que imaginé para mí.
Y aun así repito:
quiero dejar de luchar.
Quiero soltarlo todo.
Pero no.
Algo me mantiene en pie.
No es fe.
No es esperanza.
Es resistencia.
No descansaré —
no cederé —
hasta que el mismo infierno
tome cuentas.
Nadie vive cien años.
Nadie es eterno.
Ese es mi único consuelo…
pero también es una verdad hermosa:
esto tampoco será eterno.
—Pobredumbre.
___________________________________________
Caminar por todo Mantle para salir del reino no era una tarea que Neopolitan quisiera hacer.
No ahora. No con el frío calándole los huesos y su aura en un equilibrio incómodo.
Ninguna aeronave saldría mientras los Grimm rondaran los cielos, y los vehículos terrestres no estaban preparados para un viaje largo. Mantle, enclavada en el continente norteño de Solitas, estaba absurdamente lejos de Mistral, en Anima. Masas continentales opuestas. Un océano entero de por medio.
Neo suspiró, casi con frustración, mientras caminaba al lado de Tn.
Él avanzaba encorvado, manos en los bolsillos, pasos tranquilos, como si el mundo no tuviera prisa alguna.
“Que envidia”.-Penso mientras se ajustaba su sombrero.
Al menos era callado. No hacía preguntas inútiles. Eso Neo lo agradecía… aunque la inquietaba cómo demonios cruzarían el mar.
Puertos, pensó.
Robar algo. Lo que sea.
No era elegante, pero era viable.
Sus pasos se ralentizaron cuando el cielo cambió. Nubes bajas. El aire se volvió más pesado.
Comenzó a nevar.
Neo sacó su sombrilla y se cubrió sin detenerse. A su lado, Tn siguió caminando bajo la nevada, la nieve acumulándose poco a poco en su cabello y hombros.
—¿No vas a cubrirme? —preguntó, sin mirarla.
Neo no respondió. Solo lo observó por debajo del borde de la sombrilla.
“Tonto, eras mas alto que yo, ¿cómo se supone que me estiré para cubrirte?”.
Sus ojos bicolor estudiaron su expresión: neutral, cansada, pero alerta.
Por un instante, una duda incómoda se deslizó en su mente.
¿Solo nosotros dos?
¿Será suficiente?
Ruby Rose estaba en algún lugar del mundo. Viva. Moviéndose. Dejando huellas.
Neo se detuvo.
La nieve comenzaba a cubrir el camino con más fuerza. El silencio se volvió antinatural.
Tn dio dos pasos más y luego se detuvo también. Giró la cabeza.
—¿Pasa algo?
Neo negó con la cabeza… y luego apuntó.
Tn siguió la dirección de su dedo.
El aire frente a ellos se deformó.
De la neblina blanca emergió una silueta imposible:
patas equinas deformes arrastrándose sobre la nieve, un torso humanoide retorcido creciendo de un cuerpo animal, brazos largos, huesudos, con garras negras. Una cabeza sin proporción, ojos rojos brillando con hambre antigua.
Un Nuckelavee.
—…Ah —murmuró Tn—. Eso explica el silencio…..Sheeeesh no puedo tener un dia tranquilo.
El Grimm relinchó con un sonido que no pertenecía a ningún ser vivo. La nieve a su alrededor se ennegreció donde pisaba.
Tn sacó lentamente las manos de los bolsillos.
—¿Lo quieres vivo? —preguntó con total calma—. Es broma. Ya sé que no.
Neo cerró la sombrilla y la apoyó contra el suelo. Su sonrisa apareció, pequeña, peligrosa.
El Nuckelavee cargó.
Tn dio un paso al frente y desenvainó la espada en un movimiento limpio.
—Intenta no gastar demasiada aura —añadió—. Prometiste comida después.
Neo apareció a su lado en un parpadeo, tocando su espalda. El pulso de aura fluyó de inmediato.
Tn exhaló.
—Gracias.
El Grimm lanzó un brazo monstruoso. Tn lo cortó sin detenerse. El miembro cayó al suelo convulsionando.
—Movimiento torpe —analizó—. Pero fuerza decente.*silbido* si lograra tocarme incluso podria haberme puesto en el suelo.
El Nuckelavee chilló y se abalanzó otra vez.
Neo desapareció en una ráfaga de ilusiones: copias que rodearon al Grimm, atrayendo su atención, burlándose de él en silencio.
—Buena distracción —comentó Tn.
Clavó la espada en la nieve y, con la mano libre, retiró el guante derecho. El círculo de la contrapalma volvió a brillar.
—Ráfaga corta —dijo—. No quiero exagerar.-El brillo nacio y sus ojos reflejaron el condensamiento de su aura para el ataque.
“Rafaga de aura alcance medio”.
La energía se disparó en una línea precisa. El torso del Grimm fue atravesado una y otra vez sin darle descanzo. El cuerpo colapsó, disolviéndose en humo negro que el viento arrastró con la nevada.
Silencio otra vez.
Tn se puso el guante y miró a Neo.
—¿Seguimos?
Neo asintió.
Mientras retomaban el paso, la nieve caía con más fuerza.
Y en el rastro que dejaban atrás, el eco de un pensamiento se aferraba al frío:
Ruby Rose…
Te encontraremos.
.
.
Siguieron mientras Neo se volvía a cubrir con su sombrilla, aunque soltó un pequeño estornudo que intentó disimular. El sonido se perdió entre el viento y el crujir de la nieve.
Tn se detuvo de golpe. La nieve ya le llegaba por encima del talón y cada paso empezaba a exigirle más esfuerzo. Sin decir nada al principio, se quitó el abrigo largo y quedó solo con la camisa negra ceñida al cuerpo. El frío mordió al instante su piel, pero no hizo ni un gesto.
Se giró y le tendió el abrigo a Neo.
—Vas a resfriarte —murmuró—. Y todavía nos queda un buen tramo antes de encontrar un refugio decente.
Neo parpadeó, claramente sorprendida. Sus ojos bicolor lo observaron unos segundos de más, como si intentara decidir si aquello era una broma. Hizo un pequeño sonido nasal, casi un “hmph”, y apartó la mirada con fingida indiferencia. Aun así, tomó el abrigo y se lo colocó sobre los hombros; el largo le cubría casi hasta las rodillas.
—… —emitió otro sonido breve, algo parecido a un agradecimiento que jamás diría en voz alta.
Reanudaron la marcha. El viento agitaba el cabello de Neo, pero ella se mantuvo extrañamente tranquila. Dentro de su cabeza, la canción seguía sonando: una tonada triste, un réquiem para todo lo que siempre perdía. Pensó, no sin amargura, que incluso cuando alguien parecía “perfecto”, eso no significaba que el mundo dejara de romperse.
“She’d take the world off my shoulders if it was ever hard to move
She’d turn the rain to a rainbow when I was living in the blue
Why then, if she’s so perfect, do I still wish that it was you?
Perfect don’t mean that it’s working, so what can I do? (Ooh)
When you’re out of sight in my mind”.
Sentía su aura envolviéndola, manteniéndola a una temperatura soportable. El aura protegía del frío intenso igual que del calor extremo, un escudo silencioso contra el entorno… pero no era infinita. La tormenta crecía, y la nieve empezaba a acumularse más rápido de lo que le gustaría.
Neo frunció el ceño. La nieve casi le cubría las botas por completo; su baja estatura la hacía avanzar con dificultad, cada paso era una pequeña lucha.
Chasqueó la lengua, claramente molesta.
Tn se dio cuenta. Se detuvo otra vez y la miró de reojo.
—Oye —dijo con calma quitnadoce un poco de nieve del cabello—. Así no vamos a avanzar mucho.
Neo alzó la vista hacia él, confundida. Antes de que pudiera reaccionar, Tn se arrodilló frente a ella, hundiendo una rodilla en la nieve.
—Puedo cargarte —murmuró—. Será más rápido… y gastarás menos aura.
Neo abrió un poco los ojos. Dio un paso atrás por reflejo y negó con la cabeza, cruzando los brazos.
Hizo un gesto exagerado con la mano, como diciendo “ni lo sueñes”.
Tn soltó una pequeña exhalación, casi una risa sin humor.
—No es orgullo lo que nos va a sacar de aquí y tu baja estatura nos va a joder el paso—añadió—. Y no pienso dejar que te congeles solo por eso, dudo que haya una persona viva a kilometros y si me quedo sin aura basicamente estare muerto.
Ella lo miró en silencio. El viento sopló con más fuerza, levantando copos que golpearon su sombrilla. Neo apretó los labios. Por un instante, pensó en Ruby Rose, en la venganza, en lo absurdo que sería morir congelada antes siquiera de acercarse a ella.
Finalmente, dio un paso al frente y tocó el hombro de Tn con dos dedos. Luego hizo un gesto rápido, casi brusco, como diciendo “solo esta vez”.
Tn esbozó una sonrisa leve mostrando los dientes.
—Gracias por confiar —dijo.
Se incorporó un poco y esperó. Neo dudó un segundo más… y luego se subió a su espalda, rodeándole el cuello con cuidado. El abrigo cayó un poco, cubriéndolos a ambos.
—Agárrate bien —advirtió él.
Ella emitió un suave sonido afirmativo y apoyó la frente entre sus omóplatos, protegiéndose del viento. Mientras Tn retomaba el camino, hundiendo los pies en la nieve con paso firme, Neo cerró los ojos un instante.
Tal vez no estaba sola.
Tal vez, solo tal vez, esa venganza no tendría que cargarla únicamente ella.
Tn la siguió cargando durante varios kilómetros. La tormenta empeoraba con cada minuto: el viento cortaba como cuchillas y la nieve se acumulaba con una velocidad antinatural. Caminó lo que pudieron ser horas, o al menos así se sintió. Alzó la vista al cielo cubierto y, por un instante, algo más que simple cansancio cruzó por su expresión.
Su cerebro —compuesto por millones de circuitos, algunos obsoletos, otros dedicados únicamente al análisis— empezó a trabajar a toda velocidad. No era un modelo moderno como Penny o Ciel, lo sabía; su arquitectura era más de un prototipo, más tosca. Pero aun así, su capacidad de razonamiento seguía siendo abrumadora. Variables, probabilidades, s continuaban posiblemente se perderian por toda la maldita nieve, aun les faltaba camino.
Si sigo a este ritmo… no será suficiente.
Aceleró el paso, casi corriendo a través de la nieve. Cada zancada hundía sus botas hasta media pantorrilla, pero no se detuvo. Necesitaba encontrar aunque fuera un refugio temporal para Neo. De lo contrario, el viaje se volvería mucho más complicado.
Y entonces la vio.
Una abertura irregular entre las rocas, parcialmente cubierta por nieve acumulada. Una cueva.
Tn no dudó. Se metió en ella con cuidado y, una vez dentro, se agachó para que Neo pudiera bajar. Ella descendió de su espalda con un pequeño salto y se sacudió la nieve del sombrero y los hombros, claramente aliviada. Sacó su pergamino y activó la luz, iluminando el interior con un resplandor suave.
La cueva estaba algo deshabitada… pero se veía más profunda de lo que parecía desde fuera. Demasiado profunda.
Neo frunció ligeramente el ceño y negó con la cabeza de inmediato, señalando con un gesto claro que no tenía ninguna intención de internarse más.
—No te preocupes —dijo Tn, apoyándose un poco contra la pared—. La tormenta debería pasar en un rato. Podemos esperar aquí.
Ella lo miró, evaluándolo en silencio. El viento aullaba afuera, chocando contra la entrada como si quisiera arrancarlos de allí.
Tn se recostó cerca de la entrada de la cueva, dejando que su cuerpo bloqueara parte del viento. Apoyó la cabeza en su mano, relajado, como si aquello no fuera más que una pausa molesta. Después de todo, no les faltaba demasiado para llegar al puerto.
Neo lo observó un momento más. Luego se quitó el abrigo con un movimiento rápido y se lo devolvió. Tn lo atrapó al vuelo por reflejo.
—Oye… —empezó él—.
Ella negó con la cabeza antes de que pudiera terminar, cruzándose de brazos. El mensaje era claro.
Tn suspiró suavemente y volvió a ponerse el abrigo.
Neo se sentó cerca, mirando hacia la profundidad oscura de la cueva. Ojalá no hubiera Grimm, pensó, aunque incluso ella sabía que era una mentira reconfortante. Toda la zona estaba plagada de esas cosas. Y aunque era más que capaz de luchar y ganar… sería un fastidio innecesario.
Miró de reojo a Tn.
Al menos él puede encargarse de la mayoría de mis problemas.
—Si aparece algo —murmuró él, sin mirarla—, me hare cargo, sabes empiezo a notar que tu falta del habla no es tan molesto como pense..
Neo alzó una ceja, sorprendida de que hubiera leído su expresión tan fácilmente. Emitió un pequeño sonido burlón, como diciendo claro que lo harás.
Tn sonrió apenas.
—Descansa —añadió—. Yo vigilo.
Ella no respondió, pero se acomodó un poco mejor, apoyando la espalda contra la roca. Afuera, la tormenta rugía. Dentro de la cueva, por primera vez en horas, hubo silencio.
Ella estaba abrazando sus rodillas, el cuerpo hecho un ovillo pequeño contra la roca fría. Sus ojos se cerraban por momentos, traicioneros, como si el cansancio quisiera arrastrarla al sueño… pero no se lo permitía. No aquí. No ahora.
Por mucho que tuviera a Tn cerca, esa espina clavada en su pecho —la desconfianza— seguía ahí. Persistente. Molesta. Vieja.
No confíes en nadie, se recordó.
Tuvo que repetirse varias veces que ella misma lo había reprogramado para que le fuera leal. Que había tomado el monitor, que había seguido los pasos, que había confiado en que el sistema era lo suficientemente bueno para asegurar obediencia absoluta. Claro… no era técnica ni genio en computación. Había sido más un acto de fe que de conocimiento real.
Y ahora, sentada en esa cueva, no pudo evitar preguntarse:
¿Qué tan humano eres realmente, Tn?
Sabía que, como bioandroide, debía ser más humano que máquina. Atlas siempre había presumido eso… aunque nunca lo había perfeccionado del todo. Penny era un milagro. Los demás, intentos.
Para mantener la mente ocupada, volvió a sacar su pergamino. Deslizó el dedo con rapidez, buscando cualquier cosa con la que entretenerse.
Nada.
Sin señal.
“Maldito plan de porqueria”.
Una vena de enojo parecio en su frente, y pensar que la maldita aseguradora le habia ofrecido un plan bastante caro para tener buena cobertura en todo renmant.
“Mentirosos”.
Neo hizo un pequeño gesto molesto, casi infantil, y abrió la galería.
Su rostro se quedó en blanco.
Helados. Muchos. Demasiados.
Fotos de gatitos.
Selfies suyas, algunas juguetonas, otras posadas con cuidado.
Un par… más sugerentes. Sensuales. Tomadas en momentos de aburrimiento o provocación.
Se enorgullecio de su buen estado fisico y pechos, aunque noto con desanimo que habia ganado algo de peso, si esa foto de septiembre era tomada como prueba.
Y luego, los videos.
Roman.
Neo ajustó el pañuelo de su cuello casi de manera inconsciente. Roman había estado con ella desde su juventud. Años juntos. Cómplices, ladrones, supervivientes. No era solo su jefe. Era familia. Era… todo lo que había tenido.
Sus ojos se humedecieron apenas, pero no dejó que cayera nada.
Deslizó el dedo para cerrar la galería… y entonces notó a Tn.
Seguía en la misma posición. Recostado cerca de la entrada, vigilando. El abrigo puesto. La mirada fija hacia el exterior blanco. Inmóvil… pero atento.
Neo lo observó en silencio durante varios segundos.
Finalmente, escribió en su pergamino y lo inclinó para que la luz llamara su atención.
Neo: ¿Nunca te cansas de vigilar, llevas buen rato en eso?
Tn giró apenas la cabeza.
—Me canso —respondió con honestidad—. Pero no me molesta, no es que me estuviera moviendo, honestamente estar aqui afuera sintiendo el frio morder mi cara es gratificante.-Se detuvo un momento como si organizara algo.- No habia visto la nieve realmente, solo en imagenes puestas en mi cabeza.
Ella frunció un poco el ceño y escribió de nuevo.
Neo: Eso no es normal.
—Tampoco lo es ser yo —replicó él con tranquilidad.-No es como si fuera de verdad, al fin de cuentas (IA) osea yo, como los grandes modelos de lenguaje, no se qué es una IA en el sentido humano de autoconciencia.
Neo soltó un pequeño sonido nasal, entre burla y resignación. Bajó la mirada otra vez a su pergamino, dudando unos segundos antes de escribir.
Neo: Si te ordenara que me traiciones… ¿lo harías?
La pregunta quedó flotando en el aire, pesada.
Tn no respondió de inmediato. El viento rugió afuera, como si subrayara el silencio.
—Si fuera una orden directa —dijo al fin—, mi sistema la evaluaría.
Hizo una pausa.
—Pero no lo haría parte de la basura que Atlas metio en mi fueron tres reglas. Establecen que un robot Atlesiano no debe dañar a un humano (ni permitir daño por inacción), debe obedecer órdenes humanas y proteger su existencia, siempre que no entren en conflicto con la primera ley. En teoria somos armas de guerra unicamente para grimms y faunos.
Neo alzó la vista de golpe.
—No porque no pueda simplemente pensar un dia y decir “Oye tengo ganas de matarte mientras duermes”—añadió él—. No tengo un deseo en realidad, ademas tu misma quitaste esas “leyes” o parte de ellas al reprogramarme. De ahi que pudiera matar a humanos.
Parecio cerrar los ojos un momento.
-Honestamente me gusta mucho tu persona en general, tienes una meta que cumplir y estoy experimentando todo por primera vez, eso para mi es demaciado especial, solo por eso te seguiria.
Eso la desconcertó más de lo que le habría gustado admitir.
Neo apretó el pergamino entre los dedos, apartando la mirada.
Neo: Eso es peligroso.
—Para ti o para mí —preguntó él.
Ella no contestó.
Guardó el pergamino y volvió a abrazar sus rodillas, cerrando los ojos apenas… solo un poco. Tn la miró de reojo, ajustó su postura para cubrir mejor la entrada de la cueva y habló en voz baja:
—No dormiré o hare algo contra ti. Te lo prometo.
Neo no respondió.
Pero esta vez, no se apartó de su lado.
Ella se dejó caer, por fin, en el dulce abrazo del sueño.
Su respiración se volvió lenta, regular. El cuerpo pequeño se relajó poco a poco, como si la tensión que cargaba desde hacía años hubiera encontrado, aunque fuera por unas horas, un lugar donde soltarse.
Tn suspiró.
Se quedó quieto un segundo.
—Vaya… —murmuró en voz baja—. Suspirár.
No sabía que podía hacer eso. El sonido salió solo, sin cálculo, sin orden previa. Y lo extraño era que… se sentía bien. Agradable. Como si algo se liberara en algún punto entre sus circuitos y su mente sintética.
La observó dormir.
Pasaba la mayor parte del tiempo quejándose del descanso, de la energía de aura, de las limitaciones. Pero ahora, reducido a pensamientos básicos, sin combate ni órdenes inmediatas, su mente divagaba.
Neopolitan no era alguien que pudiera hablar sin recurrir a ilusiones. Eso limitaba muchas cosas. Conversaciones. Matices. Explicaciones. Tal vez por eso él mismo había limitado ciertas respuestas emocionales con ella: menos palabras, menos gestos, menos profundidad.
Nada de personalidad.
Aun así…
Le había resultado intrigante.
Y, siendo honesto consigo mismo, casi insultante… que ella sugiriera la traición.
¿Traicionarla?
Si Neo fuera un ama cruel, sí… en teoría siempre podría buscar a otro humano o fauno capaz de abastecerlo de aura. El cálculo era frío, simple.
Pero la idea se detenía sola antes de completarse.
—Atlas no —murmuró—. Con nadie de Atlas.
La imagen apareció de inmediato en su mente: un sarcófago de monitoreo, luces blancas, cables conectados a su columna. Científicos hablando de “errores”, “fallos de sistema”, “desmantelamiento”.
Eso, en términos prácticos, sería la muerte.
Tal vez conservarían copias de su mente. Tal vez no. Dudaba que alguien se tomara ese trabajo con él. No era parte de un proyecto noble ni famoso. No tenía un creador idealista que luchara por su humanidad.
Era un prototipo de combate.
Grimms… o enemigos internos.
Faunos, si el Estado lo requería.
Atlas era jodidamente racista asi que en algun futuro podria ver su cara subyugando a minorias.
Pensar en ello le generó una sensación extraña en el pecho, una presión leve. Bajó la mirada, notando entonces a Neo dormida frente a él.
Tranquila. Vulnerable.
—Bonita… —pensó, casi sin darse cuenta.
La palabra apareció sola, sin análisis previo.
Confundido, llevó una mano a su pecho, justo donde debería estar un corazón. Los latidos eran normales. Estables. No acelerados. No erráticos.
—Curioso —susurró—. Mi mente se altera… pero el resto funciona como siempre.
Así que era eso. Su mente podía emocionarse. Sentir. Comparar. Pero sus órganos seguían su propio ritmo, ajenos a esos desvíos. Se pregunto bremente si su miembro cumpliria todas las funciones comunes y no solo decorativo.
Volvió a mirar a Neo.
Ajustó su posición apenas, cubriéndola mejor del viento que se colaba por la entrada de la cueva. No era una orden. No era un cálculo de eficiencia.
Era… simplemente para tenerla comoda.
—Duerme —murmuró, aunque sabía que no podía oírlo.
Lo utlimo que el quisiera hacer seria dormir. Durmio por mucho tiempo……jamas dormiria.
Y así, mientras la tormenta rugía afuera y los Grimm rondaban en la distancia, Tn permaneció despierto, vigilando.
.
.
.
La tormenta se fue disipando con el paso de las horas, lo suficiente para que Neo pudiera dormir y recuperar algo de su buen ánimo.
Se incorporó con un sonido que fue lo más cercano a un gemido, seguido de un leve crujido de huesos por la posición incómoda y dura en la que había pasado la noche.
“Mmmmm~ como quisiera una cama”.
—… —frunció el ceño, llevándose una mano a la espalda baja.
Había dormido en lugares peores, sí, pero jamás se acostumbraría a eso.
Alzó la vista y comprobó que Tn seguía ahí, en el mismo sitio, como si no se hubiera movido en toda la noche. Sus ojos bicolor se deslizaron hacia la salida de la cueva; Neo asomó la cabeza con cautela. La nieve seguía cubriéndolo todo, pero ya no caía. El cielo estaba gris, pesado, pero tranquilo.
Una brisa fría se coló por debajo de su ropa, rozándole el estómago descubierto.
Neo se estremeció.
Tn se puso de pie de inmediato, sacudiéndose el polvo y la nieve de encima, y salió junto a ella.
—La tormenta terminó —dijo—. Podemos avanzar y si nos damos prisa tal vez encontremos civilizacion.
Ella asintió sin mirarlo y comenzaron a caminar. El silencio se rompía solo por el crujir de la nieve bajo sus pasos. Horas después, el paisaje industrial empezó a tomar forma… y finalmente, el puerto apareció ante ellos.
Neo se acomodó el sombrero con un gesto automático.
Bien, pensó. El plan debería ser sencillo.
Robar un barco.
¿Qué tan difícil podía ser?
Había robado cosas mucho más grandes antes. Lo primero era encontrar uno lo bastante rápido… y con suministros. Su estómago gruñó.
—… —apretó los labios—. Algo dulce. Mataría por algo dulce.
Se acercaron más, y Neo cambió su aspecto sin pensarlo. Aun así, su ceño se frunció cuando vio un cartel clavado cerca de los muelles.
Su cara.
Bien reconocible.
“Buscada viva o muerta. Conocida por ser la compañera de Roman Torchwick. Actividades terroristas, contrabando de Dust, ataques contra los reinos de Vale y Atlas.”
Neo ladeó la cabeza.
Una parte de ella sintió orgullo.
Otra, puro fastidio.
Tn se detuvo frente al cartel, leyéndolo con calma.
—Eres… famosa —comentó—. Eso complica la logística.
Ella soltó un pequeño bufido y sacó su pergamino, escribiendo con movimientos rápidos antes de mostrárselo.
«Famosa, no estúpida.»
Tn ladeó la cabeza.
—Entonces… ¿plan?
Neo sonrió. Una sonrisa peligrosa, ladeada. Señaló los muelles, luego un carguero mediano anclado más lejos, y finalmente hizo un gesto de corte con el dedo.
Tn entendió.
—Rápido. Silencioso. Robamos provisiones primero —enumeró—. Luego el barco.
Neo asintió con entusiasmo… y volvió a escribir.
«Y después, postre.»
Tn la miró un segundo más de lo necesario.
—… Entendido.
Ella se dio media vuelta, ya caminando entre la gente del puerto con una nueva apariencia, segura, elegante, como si perteneciera allí. Antes de perderse entre los trabajadores, miró por encima del hombro y le hizo una seña.
Sígueme.
Y Tn lo hizo.
Porque robar un barco era fácil.
Lo difícil vendría después.
.
.
.
Neo aplicó su mejor carta.
La seducción.
Siempre funcionaba.
Un cambio sutil en su postura,aumentar un poco mas sus atributos, una sonrisa ladeada, la mirada justa., encojer su ropa hasta casi mostrar un peson No necesitaba decir una sola palabra para que los tontos empezaran a babear. Uno se acercó más de la cuenta, otro quiso hacerse el interesante.
Crack.
Uno por uno cayeron inconscientes antes de darse cuenta de qué había pasado.
Neo los miró desde arriba, cruzándose de brazos con expresión satisfecha. Luego, con sorprendente eficiencia, los fue arrastrando y arrojando dentro de grandes contenedores de basura.
—… —hizo un gesto con la mano, como diciendo ahí se quedan.
Matarlos sería fácil. Tentador.
Pero eso haría que la buscaran más rápido.
.
.
Mientras tanto, Tn se acercó al barco elegido. Un carguero lo bastante grande para cruzar el mar, pero no tan llamativo. Sujetó las cuerdas.
Crunch.
Las rompió sin esfuerzo.
—Bien —murmuró—. Paso uno.
Subió a bordo, fue directo a la cabina y encendió el panel de control.
Se quedó quieto.
—… —miró los botones—. Ah.
Ok toca modificar el plan.
Buscó alrededor hasta encontrar un manual plastificado. Lo tomó y empezó a hojearlo con calma absoluta, como si no estuvieran robando un barco en un puerto vigilado. Sus ojos se movían rápido; su cerebro registraba cada esquema, cada procedimiento.
.
.
.
Mientras tanto, Neo entró a una panadería cercana.
Minutos después salió… notablemente más feliz.
Tenía una bolsa en una mano y ya estaba mordiendo un pan dulce con la otra. Azúcar, relleno, gloria absoluta. Sus ojos brillaron con algo parecido a paz espiritual mientras caminaba de regreso al muelle.
“Ahhhh~ como lo necesitaba”. Se lamio los dedos al terminar su pan y empezaba a sacar otro.
Subió al barco con naturalidad, masticando.
Tn cerró el manual justo cuando ella llegó.
—Listo —dijo—. Ya sé cómo funciona.
Neo levantó una ceja, aún comiendo.
—Pregunta importante —añadió él—. ¿Sabes manejar un barco?
Ella lo miró.
Silencio.
Luego inclinó un poco la cabeza.
Un más o menos implícito.
Tn la observó durante unos segundos.
—… —suspiró—. Sabes que eso no responde realmente a la pregunta.
Neo se encogió de hombros y señaló vagamente el cielo, luego hizo el gesto de pilotar.
Aeronaves.
¿Qué tan diferente podía ser?
Tn negó con la cabeza, casi divertido, casi resignado.
—Tienes suerte de que mi cerebro sea una máquina y pueda aprender cosas rápido —murmuró—, porque si no, ambos estaríamos jodidos con un barco robado y sin saber cómo encenderlo.
Se sentó en el asiento del piloto y activó el motor. El barco vibró, el sonido grave del arranque recorrió la estructura.
Neo sonrió con la boca llena y levantó el pulgar.
—No me mires así —añadió Tn mientras ajustaba los controles—. Yo piloto. Tú comes……No me parece justo.-Trato de extender una mano hacia la bolsa de pan.
Neo le dio un manotazo alejandolo.
Ella asintió de inmediato, como si ese fuera el trato más justo del mundo.
El carguero comenzó a moverse, separándose lentamente del muelle. Neo se apoyó en la baranda, mordiendo otro pan dulce, observando cómo el puerto quedaba atrás.
Atlas… Mantle… todo alejándose.
El mar se abría frente a ellos.
Neo tragó, limpió una migaja de sus labios con el pulgar y miró hacia el horizonte.
Su sonrisa volvió a afilarse.
Mistral estaba más cerca.
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Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
La soledad cansa, la tristeza;
esas ganas reprimidas que tengo de llorar.
Pesan los años, las noches, los veranos;
los lamentos, los latidos,
los besos reprimidos.
Pesan, y mucho, las ilusiones rotas,
los triunfos más que las derrotas,
y esas ansias tan mías
que tengo de abrasarte,
de acariciarte toda, toda tu tersa piel.
Ya no intento conquistarte,
sé que hoy no estaras,
y haz dejado un sueño roto
cual cuerda de reloj.
Hoy ya no sueño contigo,
pues me conduciría al pecado,
en tu vida soy pasado.
He sido para ti sólo un barco a la deriva,
una ola solitaria, en la inmensidad del mar.
Me encuentro en este puerto,
donde te estuve esperando;
taciturna, solitaria, muy cansada,
platicando con mi taza de café.
~Weiss y Five.
Ya casi llegamos al final para yang……otra que se nos va…..bueno este lugar está vacío y sin comentarios pero bueno mañana o no estará Belle y digamos que estará algo mas tranquila o esencial
__________________________________________________________________
Ocho horas.
Ocho horas que para Yang se sintieron como ocho días.
Sentada sola en el aula asignada, con los brazos cruzados y la espalda contra la pared, Yang no había logrado dormir ni un minuto. Su aura estaba estable… pero su cabeza no.
¿Ya despertó?
¿Le dolerá?
¿Y si…?
¿Esa maldita perra fauno le robo su primera vez…?
Apretó los dientes, negándose a terminar esa idea.
La puerta se abrió apenas y Ruby asomó la cabeza, mirando a ambos lados antes de entrar rápido con una bandeja.
—Hey… —susurró—. Te traje algo.
Yang levantó la vista al instante.
—¿Tn…? —preguntó sin rodeos.
Ruby bajó la mirada.
—No me dejaron verlo mucho… pero está en la enfermería. Sigue inconsciente, aunque dicen que ya está mejor.
Yang soltó el aire lentamente, como si recién entonces se permitiera respirar.
—Gracias, Rubes…
Ruby le empujó la bandeja.
—Come. O Weiss va a decir que te estás debilitando por drama estúpido, ya sabes como se pone y mas sabiendo que la profesora Glynda estaba molesta.
Yang soltó una risa corta, sin humor.
—Dile que se calle o pateare su plano trasero como lo hice con esa fauno.
Ruby sonrió un poco con una gota de agua detrás de la cabeza… pero luego se puso seria.
—No puedo quedarme. Glynda dijo que solo unos minutos, perdón Yang.
—Lo sé —murmuró Yang.
Ruby dudó… y luego la abrazó rápido.
—Va a estar bien.
Yang no respondió.
Solo apretó los puños.
.
.
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En otra aula, Pyrrha estaba sentada en silencio, la mirada fija en el suelo.
Nora entró con una bandeja… que estaba casi vacía.
—Ups —dijo la pelinaranja, limpiándose la boca—. Creo que me la comí.
Pyrrha ni siquiera levantó la vista.
—No importa.
Nora parpadeó.
—Oye… ¿estás bien?
Pyrrha cerró los ojos.
—No lo sé.
Nora se sentó frente a ella, balanceando las piernas.
—¿Es por Tn?
Silencio.
—…Sí.
Nora infló las mejillas.
—Eso pensé. Mira, grandota… no soy buena con esto del romance, pero —sonrió— él es fuerte. Y tú también. Y si sumamos dos y dos nos dara que tu eres la indicada para el, además aun tengo que ir con Coco.-Murmuro lo ultimo sabiendo que perdio parte de la apuesta.
Pyrrha apretó el borde de su falda.
—No pude protegerlo.
Nora ladeó la cabeza.
—Tampoco es que supieras que una gata loca iba a drogarlo y abusar de el.
Eso sacó una pequeña sonrisa de Pyrrha.
—Gracias, Nora.
—De nada —respondió—. Pero cuando despierte… más te vale hablar con él.
Pyrrha asintió, despacio.
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Muy lejos de Beacon…
pero no lo suficiente.
Neon Katt estaba arrodillada en posición de seiza, con las manos sobre los muslos y la mirada baja.
—Lo siento… —murmuró por quinta vez.
Frente a ella estaba su equipo.
Flynt Coal caminaba de un lado a otro, claramente furioso.
—¿Tienes idea del lío en el que nos metiste?
Kobalt cruzó los brazos, con cara de pocos amigos.
—Atlas invitado a Beacon y tú decides iniciar una guerra rompiendo toda clase de decencia.
Ivori suspiró, negando con la cabeza.
—Y drogas. No olvidemos eso y que volvio a ciger con un estudiante dentro de la instalacion.
Neon hundió un poco más la cabeza.
—No pensé que fuera tan grave…
—¡Ese no es el punto! —espetó Flynt—. Si el general se entera—
PPPPPPSSSSSSSSSSSSSSSS.
Todos sintieron un escalofrío.
Pasos.
Firmes. Medidos.
Demasiado familiares.
La puerta se abrió.
El aire cambió.
Un chico de su misma edad entró, cabello negro perfectamente peinado, uniforme hecho a medida, mirada afilada como una cuchilla, y el epitome del cancancio y sobreexplotacion laboral.
—Ivori —dijo con voz seca—. Espalda recta afeminado inutil.
—Kobalt —miró apenas—. Quita esa cara de imbécil.
—Flynt —levantó una ceja—. ¿Lentes de sol? ¿Aquí? Quítatelos no jodas estamos dentro de un techo.
Los tres se pusieron firmes al instante con el lider de equipo quitandoce las gafas rapido.
Neon también intentó levantarse, pero—
—Tú no —dijo él sin mirarla—. Quédate ahí.
El corazón de Neon martillaba.
Five.
El exinstructor de Atlas.
El terror de las prácticas.
Y… el crush secreto de demasiadas estudiantes.Incluyendo a Neon quien mas de una que otra ocacion logro salirse con la suya.
—Logré que regresen a Atlas —continuó Five con calma—. Sin informes oficiales. Winter no sabrá nada, tienen suerte que sus traseros esten a salvo.
El equipo soltó el aire al mismo tiempo.
—Pero —añadió— no es gratis.
Flynt tragó saliva.
—¿Qué quiere?
Five los miró uno por uno.
—Café. Del mejor de Atlas. Y —finalmente miró a Neon— una charla privada con ella.
Neon se tensó.
—¿Yo…?
—Sí.
Flynt asintió rápido.
—Trato hecho.
—Bien —dijo Five—. Pueden irse.
El equipo salió casi corriendo.
Neon se quedó sola… arrodillada.
Five caminó hasta quedar frente a ella.
—¿Valió la pena? —preguntó.
Neon apretó los labios.
—…No……bueno si..es decir diablos folle como no lo habia hecho carajo, pero me golpearon sin que pudiera terminar de disfrutarlo y….*suspiro* creo que meti la pata.
—Bien —respondió—. Porque ese chico pudo haber terminado peor.
Neon levantó la mirada, por primera vez seria.
—No volverá a pasar.
Five la observó unos segundos… y luego suspiró.
—Espero que no.
*desabrochar*
Ella sonrio. Notando lo que se referia con hablar a solas.
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En la enfermería de Beacon, las luces estaban bajas.
Tn respiró hondo.
Frunció el ceño.
—…ngh…
Sus dedos se movieron.
El mareo seguía ahí… pero ya no era un abismo.
—¿Hola? —murmuró.
La enfermera se acercó rápido.
—Tranquilo. Estás a salvo.
Tn parpadeó.
—¿Yang…? ¿Pyrrha…Neon?
—Están bien —respondió ella—. Descansa.
Tn cerró los ojos otra vez.
Pero esta vez…
consciente.
La enfermera salió de la enfermería en silencio, cerrando la puerta con cuidado.
Dentro, el lugar quedó tranquilo… demasiado tranquilo.
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Yang seguía recluida en el aula, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado. Cada tanto miraba la puerta, esperando que apareciera Glynda con alguna noticia.
Nada.
—Tch… —gruñó, golpeando la pared con el nudillo dejando una abolladura—. Genial. Estoy aqui metida donde posiblemente esa maldita coneja esta aprobechando que Tn esta solo.
Su cabello se incendio un poco, pero sabia lo delicado que seria ahora mismo tratar de hacer algo.
La primera semana pasó exactamente como se lo habían advertido.
Aula. Vigilancia. Nada de entrenamientos mas haya de flexiones y sentadillas. Nada de contacto.
—Como si sentarme aquí fuera a “enseñarme autocontrol”… —murmuró con sarcasmo.
Apretó los dientes.
¿Y Tn…?
No saber era lo que más la estaba matando.
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Pyrrha, en cambio, estaba sentada con la espalda recta, leyendo… o fingiendo hacerlo.
La profesora que la vigilaba había notado que Pyrrha cumplía el castigo con disciplina, aunque su mirada se perdía a veces.
—Señorita Nikos —dijo la profesora—. ¿Está siguiendo la lectura?
Pyrrha parpadeó.
—S-sí. Perdón.
Volvió a bajar la vista.
Ojalá esté bien…
Estaba tranquila,sabia mejor que nadie lo importante que es mantener una buena imagen para evitar un castigo mayor, estaban aun en academia y eran jovenes, asi que el castigo disminuiria un poco.
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Tn fue dado de alta esa misma semana.
Glynda ajustó sus gafas mientras lo observaba caminar con cuidado por el pasillo.
—Físicamente está estable —dijo con tono serio—, pero…
Tn ladeó la cabeza.
—¿Pero?
—Hay lagunas —admitió—. No recuerda bien ciertos momentos del baile ni lo ocurrido después.
Tn frunció el ceño.
—Solo… recuerdo luces, música… y ……me dolia la pelvis,luego despertar aquí.
Glynda suspiró. Malditos mocosos.
—Evaluaremos si hay trauma o efectos emocionales. Por ahora, continúe con sus clases. Y evite situaciones… complicadas.
—Sí, profesora.
Cuando se fue, Glynda se quedó mirando el informe.
—Esto pudo ser mucho peor… al menos no hay embarazos—murmuró.
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El equipo de Atlas fue enviado de regreso sin muchos contratiempos.
El asunto quedó oficialmente registrado como “conflicto entre estudiantes”, pero el ambiente en Beacon tardó en volver a la normalidad.
Tn retomó sus clases, algo más callado de lo habitual.
Y ahí fue cuando Velvet empezó a acercarse más.
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—E-esto… —dijo una tarde, sosteniendo su cuaderno— ¿te importaría posar un poco? Para bocetos.
Tn sonrió levemente.
—Claro. No hay problema.
Coco, a unos metros, le dio un empujoncito por la espalda.
—Vamos, conejita. Aprovecha.
Velvet se sonrojó hasta las orejas.
—¡C-Coco!
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Durante esas sesiones, el ambiente era… tranquilo.
—Relaja los hombros —decía Velvet con voz suave—. Así.
—¿Así? —preguntaba Tn.
—S-sí… perfecto.
Tn notó algo, aun sin saber qué.
Cada vez que Velvet se acercaba demasiado, él se tensaba un poco.
—¿Estás bien? —preguntó ella una vez.
Tn dudó.
—Sí. Solo… prefiero un poco de espacio.
Velvet asintió enseguida.
—L-lo siento. Gracias por decirlo.
La compañía de Velvet le resultaba agradable, casi terapéutica… como si de verdad tubiera un conejito, pero el contacto físico le provocaba una incomodidad que no sabía explicar.
Tal vez… pensó …necesito cuidarme más.
Ser amable no siempre salía gratis…..fue lo que lo metio en un problema y esperaba que realmente no le haya pasado nada grave.
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Mientras tanto, Yang explotaba contra las paredes del aula por quinta vez ese día.
—¡Esto es ridículo! —gritó—. ¡Ni siquiera me dicen cómo está!
La vigilante carraspeó.
—Señorita Xiao Long, si rompe otra mesa—
—¡NO ME IMPORTA LA MESA!
Yang respiró agitado… luego apretó los puños y se sentó de golpe.
—…Lo siento.
Miró al suelo.
No puedo proteger a nadie desde aquí.
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Pyrrha, en su aula, cerró el libro con cuidado.
—Voy a mejorar —susurró para sí—. Más fuerte. Más cuidadosa.
Alzó la mirada, decidida.
—No volverá a pasar.
Ambas, separadas y castigadas, pensaban en lo mismo.
El mismo chico.
La misma noche.
Y la misma sensación amarga de haber llegado demasiado tarde..
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RRRRRRIIIIIIINNNNNNGGGGGGG.
La campana sonó con un eco metálico y Tn salió del aula junto al resto de estudiantes. Otro día más. Otro paso, pequeño pero constante, hacia una graduación que aún se sentía lejana, aunque ya no imposible.
Caminó por el pasillo con las manos en los bolsillos.
Yang y Pyrrha…
No las había visto en días.
Normalmente Yang estaría entrenando junto a el, riendo fuerte con Ruby o discutiendo con Weiss. Pero Ruby había estado extrañamente evasiva cada vez que él preguntaba, siempre cambiando el tema con una sonrisa incómoda. Blake tampoco decía nada. Weiss, menos.
—Están ocupadas —le había dicho Ruby una vez, demasiado rápido.
Tn no insistió.
El equipo de Pyrrha tampoco era el mismo. Jaune ya no estaba y lo ultimo que se supo es que estaba en su aldea dedicandoce al travestismo. Nora y Ren seguían juntos, sí, pero más encerrados en su propio mundo; Ren parecía vigilarla más de lo normal, todabia sin saber como reaccionar luego del beso del baile.
El alboroto del baile… nadie hablaba de eso.
No porque no hubiera pasado.
Sino porque todos tenían algo que ocultar.
Demasiados castigos. La mayoria de estudiantes se habían escapado para hacer lo que sus hormonas habían dictado en aquella noche, de enterarse los profesores habria castigos masivos.
Demasiadas aulas cerradas. Demasiadas miradas que evitaban cruzarse.
Así que Beacon siguió adelante, como siempre.
Y Tn también.
Entrenaba solo, con más cuidado.
Asistía a clases sin llamar la atención.
Pasaba tiempo con Velvet, dibujando o simplemente hablando de cosas pequeñas.
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Y, una o dos veces por semana, terminaba en el despacho de la profesora Glynda.
—Recuéstese —le indicó ella, señalando la mesa.
Tn obedeció, mirando el techo.
Glynda no llevaba bata de psicóloga ni hablaba con voz suave. Solo tenía un pergamino, un bolígrafo, y una forma directa de preguntar sin presionar.
—Motivo de consulta —dijo—. En sus palabras.
Tn pensó unos segundos.
—Confusión —respondió—. Y… cautela…..Además cuanto tiempo tengo que hacer esto.
-Lo que haga falta, no queremos que usted tenga algún trauma por su presunto abuso.
Glynda anotó suspirando.
—Contexto personal. Familia.
—No hay problemas ahí —dijo él—. Todo normal.Mamá a veces llama, papá sigue igual de ocupado en el trabajo.
—Contexto social.
—Amigos… —dudó—. Siguen siendo amigos. Solo… distantes….no me siento tan cómodo ahora mismo, aunque creo que las tareas y clases junto a los horarios nos separaron un poco.
Glynda levantó la vista un momento, pero no comentó nada.
—El baile —dijo—. ¿Qué siente al respecto?
Tn cerró los ojos.
—Que es mejor no recordar —admitió—. No todo merece ser revivido….Eh estado pensando, se un poco de lo que hice, pero no logro sentirme mal o bien..*Surpiro* creo que simplemente no ocurrió como esperaba.
—¿Rencor?
—No exactamente. —Suspiró—. No perdonaría fácilmente a Neon, pero… entiendo que hasta cierto punto ella es así. No justifica nada. Solo explica. Creo que ella se lo haria a cualquiera que le interese y se que no podrían expulsarla o arrestarla debido a lo útil que seria como cazadora activa.
No se hacia tonto,muchos de los crimenes cometidos por estudiantes o cazadores se perdonaban si estos eran o muy talentosos o importantes. Un cazador activo era mejor que un cazador encerrado.
Glynda dejó de escribir.
—Eso es una respuesta madura , me sorprende bastante viniendo de usted—dijo—. Pero también peligrosa si se convierte en negación.
Tn abrió los ojos y la miró.
—No estoy huyendo —dijo con calma—. Solo eligiendo avanzar…..de poco me serviria quejarme,creo que solo quiero terminar las cosas.
Un silencio breve.
—Muy bien —concedió Glynda—. Seguiremos evaluando. Por ahora, continúe con su rutina. Y si siente incomodidad… relájese y si siente ganas de saciar su curiosidad sexual es libre de masturbarse o tener alguna relación sana con algún estudiante, pero procure usar protección. Tiene derecho a hacerlo.
Tn asintió aunque algo avergonzado. La profesora Glynda parecía muy seria mencionando todo eso a la ligera.
Cuando salió del despacho, el pasillo estaba vacío.
Caminó despacio, pensando.
Tal vez…
Ser un poco más egoísta no sea algo malo.
.
Tn llegó a su habitación y se dejó caer sobre la cama sin siquiera quitarse las botas.
El colchón crujió levemente bajo su peso.
Su mirada —antes altiva, casi desafiante— estaba ahora un poco nublada.
Suspiró con pesadez, dejando que el aire escapara como si llevara horas conteniéndolo.
—…qué día —murmuró para sí.
El techo le devolvió el silencio.
Con un movimiento lento, sacó el pergamino de comunicación y lo desplegó frente a él. Sus dedos recorrieron la lista de contactos con cierta ansiedad disimulada.
Yang.
Pyrrha.
Ambos nombres aparecían en negro.
Coco.
Velvet.
Nora.
Neptune.
Mama.
Papa.
Tio Howard.
Tambien estaban en negro pero los tres primeros estaban conectados hace un par de horas y de sus padres no le sorprendia, ambos no eran amantes de usar sus dispositivos.
Tn frunció el ceño.
—Genial…
Pero Yang y Pyrrha.
Eso solo podía significar una cosa: fuera de línea. No dormidas, no ocupadas. Ausentes.
Cerró los ojos un segundo, como si así pudiera empujar esa inquietud fuera de su cabeza.
Siguió bajando.
Ruby — activa.
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
—Bueno… algo es algo.
Tecleó sin pensarlo demasiado.
Tn: Oye, ¿cómo estás?
.
.
Habitación Equipo Rwby.
Ruby estaba tirada boca abajo sobre su cama, con las piernas balanceándose en el aire mientras miraba su anime favorito.
En la pantalla, un mundo de fantasía ardía en colores intensos: hechiceros lanzaban conjuros, criaturas parecidas a los Grimm rugían entre ruinas, y un tipo peliblanco absurdamente genial giraba una bolsa azul de energía antes de lanzarla como si fuera una granada.
—¡JA! ¡Tómate eso! —rió Ruby.
En la escena, el hombre musculoso cruzaba los brazos y gritaba:
—¡Escucha, brazo de 35! ¡No puedes contra mí porque soy un chambeador de la más alta calidad! Escucha eso perra toma 8 eggs por la madrugada.
Ruby soltó una carcajada aún más fuerte.
—¿hahahahaha Quién escribe estos diálogos…? !Me encantan!.
Entonces, la pantalla del pergamino parpadeó.
Un mensaje nuevo.
De Tn.
Ruby se congeló.
—…ah.
Puso pausa al anime. El peliblanco quedó suspendido en el aire, congelado en pleno ataque del Hombre musculoso que tenia una especie de cuchilla.
Ruby se sentó, tomó el pergamino y empezó a teclear… pero se detuvo.
Sus dedos temblaron un poco.
Miró hacia su cajón, lo abrió despacio y sacó un papel doblado varias veces.
Era el dibujo.
El dibujo indecente que Velvet había hecho de Tn.
Ruby se sonrojó de inmediato.
—No mires… —susurró, aunque estaba sola.
Lo observó unos segundos más de lo debido. Ya no entraba en pánico como antes, pero el calor en sus mejillas seguía ahí, terco.
Suspiró, volvió a guardar el dibujo y sacudió la cabeza.
—Concéntrate, Ruby.
Finalmente respondió.
Ruby: Estoy bien 😊 ¿y tú?
.
La respuesta llegó rápido.
Tn: Me alegra. Oye… ¿ya me dirías dónde está Yang?
Ruby se quedó inmóvil.
Se mordió la lengua.
—Rayos…
Yang le había pedido explícitamente que no dijera nada.
Pyrrha había asentido, seria como siempre.
Ruby miró el pergamino como si este pudiera juzgarla.
—No puedo… no debería…
El cursor parpadeaba.
Entonces llegó otro mensaje.
Una imagen.
Galletas.
Muchas galletas.
Tn: Te compro una caja entera si me dices.
Ruby abrió los ojos de par en par.
—¡Mooooouuuu Eso es trampa! —protestó en voz alta.
Su estómago, traidor, gruñó suavemente.
—Pero… una caja entera…Mmmmmm~
Se tapó la cara con el pergamino.
—Yang me va a matar…
Tres segundos de silencio.
Cuatro.
Cinco.
Suspiró, derrotada.
Ruby: Está bien, pero no me delates…
Tn respondió casi de inmediato.
Tn: Prometido.
Ruby tragó saliva y escribió rápido, como si así doliera menos.
Ruby: Yang y Pyrrha están castigadas en aulas.
Por la pelea con Neon. Va a durar como un mes…Creo :v .
.
.
En su habitación, Tn parpadeó.
Un mes.
—Vaya…
Apoyó la cabeza contra la pared, dejando que la información se asentara.
Una parte de él se tensó… pero otra, inesperadamente, se relajó.
Tn: Entiendo. ; )
Dejó el pergamino a un lado por un momento.
—Así que… se metieron en problemas por ayudarme.
Una leve sonrisa amarga cruzó su rostro.
—Idiotas… —murmuró—. Pero idiotas valientes.
Recordó el momento en que Yang se lanzó sin pensar, y cómo Pyrrha la siguió sin dudarlo ni un segundo.
También recordó su propio ataque contra Neon.
—Aunque… —añadió en voz baja— sí, me pasé un poco…..espero no tener un hijo en nueve meses.
Cerró los ojos.
Aun así, saber que no estaban heridas, que simplemente estaban pagando las consecuencias… lo hacía sentir un poco mejor.
Tomó el pergamino otra vez.
Tn: Gracias, Ruby. Te debo las galletas.
Ruby respondió con un emoji feliz casi instantáneo.
Por primera vez en horas, Tn dejó escapar una risa suave.
El día seguía siendo pesado.
Pero al menos… ya no estaba completamente solo.
Aunque la culpa seguía ahí, ligera pero constante, Tn entendía algo simple: el mundo no funcionaba con la misma balanza para todos.
No habría un castigo devastador para quienes eran alumnos destacados y futuros cazadores. Ninguna academia no podía darse el lujo de romper a sus mejores piezas.
Y Neon…
Neon había salido viva de una Yang furiosa y de una Pyrrha decidida.
Eso decía bastante de la fauno.
—No es débil… —murmuró Tn para sí—. Solo una desgraciada adicta a cualquier sensacion.
Se sentó en la cama y volvió a tomar el pergamino.
Abrió la tienda en línea y buscó exactamente la marca de galletas favoritas de Ruby.
—Caja grande… edición con chispas extra… perfecto.
Confirmó la compra con una leve sonrisa.
—Soborno cumplido.
Luego escribió un último mensaje.
Tn: Buenas noches, Ruby. Y gracias.
Pasaron unos segundos.
.
.
En la habitación del equipo RWBY
Ruby leyó el mensaje y sintió que su sonrisa se suavizaba.
Guardó rápido el dibujo de Tn dentro del libro más grueso que tenía —“Guía Avanzada de Armamento de Combate”— como si alguien pudiera verlo en cualquier segundo., lo metio denuevo en ese cajon.
—Tranquila… nadie lo sabe… —murmuró.
Respondió con un emoji feliz y dejó el pergamino a un lado.
—Bueno… ¡a terminar el episodio!
Reanudó el anime.
En pantalla, el hombre musculoso levantaba al hechicero albino del cuello y lo estrellaba contra el suelo sacando una daga mientras la enterraba en la frente del hechicero:
—¡Ocho palabras, brazo miserable de 35, e-s-t-é-t-i-c-a, ayyy~! ¡¿Dónde está la chamba?!
Y lo estrellaba contra el suelo con una explosión exagerada.
Ruby saltó sobre su cama.
—¡WOOHOOOOOOO!
De repente—
Una mano salió desde la litera inferior y la sujetó del tobillo.
—¿¡Qué—?!
Ruby fue jalada hacia abajo con un golpe seco.
—¡AY!
Cayó al suelo con un ruido sordo.
Desde abajo, Weiss la miraba con el ceño fruncido y el cabello despeinado.
—¡Ruby Rose! —susurró furiosa—. ¡Cállate de una vez y déjame estudiar en paz!
—¡Pero estaba en la mejor parte!
—¡SON LAS ONCE DE LA NOCHE!
Desde la otra cama, un bulto bajo las mantas se movió.
Blake asomó la cabeza, todavía con un libro en la mano.
—¿Todo bien…? —preguntó con calma.
Weiss señaló a Ruby en el suelo.
—Tu líder decidió recrear una maldita charla encima de mi cabeza !Exijo un cambio de literas!.
Ruby levantó el pulgar desde el suelo.
—Ganó el musculoso chambeador.
Blake parpadeó.
—…Me alegra por él…Y no vamos a cambiar de literas, no tenemos espacio.
Weiss soltó un suspiro desesperado.
—Si no se callan ahora mismo, las congelo a las dos.
Ruby rodó de regreso a su cama con una risa contenida.
—Buenas noches, Weiss.
—Silencio.
Blake volvió a esconderse bajo las mantas.
La habitación finalmente quedó en calma.
.
.
En la habitación de Tn
Tn dejó el pergamino a un lado y apagó la luz.
Miró el techo unos segundos más.
—Un mes… —murmuró.
Cerró los ojos.
—Les daré las gracias en persona.
El sueño lo alcanzó con más facilidad esa noche.
.
.
.
Aula de castigo — Yang
Yang no dormía.
Estaba en el suelo del aula vacía haciendo abdominales.
—Noventa y siete… noventa y ocho… noventa—
Se dejó caer hacia atrás con un gruñido.
—Maldito castigo inútil.
Se sentó y apoyó los brazos sobre las rodillas.
—Ni siquiera tengo mis camisetas…de Tn…
Frunció el ceño.
—Ni las toallas…
Masculló entre dientes.
—Y mi libreta…
Esa libreta donde había anotado casi todo sobre Tn:
Rutinas. Gustos. Horarios. Observaciones. Y una que otra cosa que logro esconder ahi.
Yang apretó los puños.
—Ni siquiera pude quedarme con mi pergamino.
Se dejó caer de nuevo al suelo, mirando el techo. Estaba tan aburrida que juguetear con ella misma parecería una opción.
—Cuando salga… —murmuró— más te vale no haberte metido en otro lío.
Pero ya no importaba…..
No ahora mismo.
.
(SUCULENCIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA)
.
.
La mano de Yang se elevó lentamente hasta su vientre sintiendo su six pack. Tocó su tersa piel, apretándola mientras absorbía las sensaciones de la piel, del tacto, del ser. Su piel era dura, se sentía como roca. Normalmente, esto no era algo a lo que le prestara mucha atención, pero Yang disfrutaba de verdad cómo se sentía, disfrutaba… sentir que Tn le prestaba atencion. Incluso si era solo ella misma. Tenía una calidez que solo percibía en estas situaciones.
-Ahhh~ Ahhh~ s-solo un poco. Ahhh~ maldita zorra c-cuando lo tenga de nuevo cerca limpiare t-toda esa suciedad que ahhhh~ esa perra le dejoooohhh~.
Mientras seguía absorbiendo las sensaciones de su propio tacto, la mano de Yang exploraba. Mientras una se deslizaba en la fría manta, la otra se deslizaba suavemente por su torso. Cada bulto, cada curva de su cuerpo, la observaba y estudiaba, estimulaba. Su mano se curvaba hacia arriba y alrededor, aferrándose a su grande pecho con sus dedos incapaces de tomarla completamente. Al acunarse, le dio un suave apretón y empezó a sentir algo más. No era mucho, pero era diferente, era bueno.
Su otra mano se alzó, y ahora Yang tenía sus pechos flexibles ahuecados entre sus manos. Acercó las manos, apretando de nuevo sus pechos y presionándolos. Yang repitió este movimiento lento y suave, absorbiéndolo todo, cada sensación, cada variación de movimiento, el placer, mientras su respiración se hacía más superficial al sentir las suaves sensaciones de placer creciendo en su ser.
Un jadeo, que escapó de la boca de Yang, resonó por toda el aula mientras su cabeza giraba en las sabanas. Hizo una pausa, descansando tras la repentina sensación que le causó el tirón del pezón, antes de volver a tirar de él, emitiendo otro gemido que resonó por toda la habitación.
Muslos apretados uno contra el otro rozando el uno con el otro, mientras Yang seguía masajeando un seno con el izquierdo y acariciaba su pezón erecto con el derecho. Más ondas se formaban en las sabanas con cada movimiento y pausa que se desarrollaba en el cuerpo de Yang. Mordiéndose el labio, Yang se estremeció; sus manos dejaron sus pechos y se deslizaron por su cuerpo, temblando de anticipación y deseo. Manos ágiles agarraron sus muslos aterciopelados y los extendieron por la cama. Con los ojos aún cerrados, la mano de Yang recorrió la parte interior de su muslo, descansando sobre sus suaves pliegues, totalmente húmedos.
Los fuertes dedos de Yang comenzaron a extender esos pliegues, un calor suave emanaba de entre sus muslos cuando comenzó a deslizar dos dedos por su raja sintió un calor prominente de su bello puvico que se prendía en llamas, el aire frío se encontró con la piel caliente mientras la piel de Yang replicaba la piel de gallina. Una mano agarrada que había estado agarrada a su pecho, se movió hacia arriba para cubrir una boca temblorosa mientras Yang ahogaba un gemido, sus ojos se apretaron mientras se provocaba a sí misma con sus movimientos juguetones. Sus dedos bailaron a lo largo de su vulva mientras se excitaba, haciendo que un aleteo creciera dentro de ella mientras pasaba a glasear su clítoris con su dedo. Un dedo suave hizo círculos y chasqueó haciendo que Yang jadeara cuando sus muslos se cerraron alrededor de su mano. Un suave gemido salió de sus labios y rebotó contra las paredes. Las manos se movieron con hambre, una creciente urgencia se sintió en su movimiento, pero fue demasiado cuando su mano dejó su coño.
Yang jadeó, sin aliento. Su cuerpo se retorcía por la sobreestimulación. Respiró hondo y volvió a deslizar un dedo por sus pliegues, cubriéndolo con sus fluidos. Su dedo se había vuelto resbaladizo, tan resbaladizo que se deslizó dentro de ella.
Sentía calor por dentro, su dedo la envolvía mientras se adentraba más. Sintiendo que el placer volvía a crecer, solo para retirarse, sintiendo su fino dedo tirando de ella. Un cuerpo entero, sensible a cada movimiento, a cada roce. Estaba ardiendo con esta sensación mientras metía y sacaba el dedo. Una onda en cada dirección mientras seguía oyendo su voz llenar la habitación al sentir esa urgencia de nuevo, la necesidad de completar esto, de dejar ir esta creciente excitación.
Otro dedo se deslizó en Yang mientras empezaban a curvarse hacia arriba, presionándose contra ella. Metódicamente, Yang se incorporó, se hundió y volvió a subir. Las ondas se hicieron más frecuentes, al igual que la excitación de Yang, una y otra vez. Otro jadeo, otro gemido mientras su mano se dirigía rápidamente hacia su clítoris, con un deseo de liberación imparable.
Una y otra vez jugueteó con su clítoris, una y otra vez sus dedos presionaron sus paredes, y su voz gritó, con los dedos de los pies encogidos, la espalda arqueada. Una y otra vez. Quería correrse, quería esa liberación, sus piernas comenzaron a temblar, se mordió el labio y pulsó furiosamente sus dedos dentro de sí misma hasta gritar de éxtasis.
En un instante, todo el placer la recorrió, recorrió su cuerpo mientras se congelaba. Y así, el revoloteo en su estómago desapareció. Una cálida sensación la llenó. Su coño palpitaba tras el clímax, apretándose alrededor de sus dedos mientras se estremecía al retirarlos. Yang los observó y los vio brillar bajo la suave luz de la habitación. Las ondas en la sabana, antes rápidas y vigorosas, estaban quietas. Al igual que Yang mientras su cuerpo subía y bajaba, imitando la respiración mientras miraba al techo. El latido de su cuerpo se desvaneció lentamente, al igual que su consciencia, mientras caía en un descanso inesperado y bien merecido.
Cuando finalmente recobra la consciencia, nota la mancha húmeda de sus sábanas, la parte interna de sus muslos mojada con su propio fluido vaginal. Podía sentir el tabú de ese acto, pero también… ¿algo orgullosa por ello…? Mira alrededor de su habitación, sin molestarse en cubrirse. Y justo entonces, lo nota… lo que la había estado molestando hace un momento…….Tn había sido ensuciado por una fauno……. su ira y frustración fue bajando, así que se sonrojó al pensarlo. Pero entonces, justo después, tuvo una idea…
Bueno, es ella de nuevo, todavía tumbada en la cama mirándose al techo, pero esta vez… con su Tn a su lado. Nunca lo había intentado, pero el placer la indujo demasiado como para pensarlo comenzó a buscar algo que pudiera asemejarse al miembro de Tn, con la forma de algo en particular encontró al fin lo que pareciera ser un tubo de ensayo, acariciándolo lentamente con diversión, con esa expresión despreocupada que siempre tenía. Entonces, con una determinación definitiva, lo empujó hacia adentro, penetrando más profundamente en sus genitales. En un abrir y cerrar de ojos, Yang sintió que su mundo se volvía vacío mientras el tubo se retorcía dentro de sus pliegues, alojándose aún más. La frialdad del duro cristal contrastaba con el ardor de seducción de la chica, sus fluidos brotaban apresuradamente para acomodarse al objeto extraño que invadía sus partes íntimas. Cuanto más profundo llegaba, más placer sentía, gimiendo lascivamente mientras se hundía más en el abismo del deseo. Había caído profundamente, y no tenía intención de volver a salir. Ve su propia sonrisa de placer pensando que es Tn quien le da ese placer, y el atisbo de su acto la excita aún más. Empuja tan profundo como puede hasta llegar a un punto muerto, y en el momento en que empuja más adentro, alcanza su clímax. Grita gemidos y gemidos de intenso placer, pero su cuerpo aún anhela más. Justo entonces, cae aún más profundo cuando su otra mano comienza a explorar otras profundidades, sus dedos alcanzando su ano fruncido. La chica complace simultáneamente sus dos aberturas, su dedo perforando su abertura anal intacta mientras el tubo de ensayo hace un buen trabajo con su cervix casi entrando en su útero. El placer insano que siente es simplemente indescriptible. Ya no puede comprender el sentido de la realidad, su mente da vueltas por los muchos orgasmos que ha experimentado durante toda la noche. Simplemente no puede volver a ser la chica orgullosa y cínica que una vez fue. Finalmente, con una embestida profunda y completa, dejó escapar el chorro más feroz y extremo que jamás haya experimentado. La sensación es simplemente increíble, su consciencia se desvanece mientras aguanta el orgasmo, con los pies colgando en el aire. Pero aun así, no pudo contenerse; su mano seguía acariciando la vara de cristal más adentro y más afuera, sin siquiera molestarse en tomarse un respiro. Realmente había caído demasiado profundo en el abismo de la perversion. Pero no se arrepiente en lo más mínimo, incluso está satisfecha con su propio estado. Para ella, esto es una humillación, pero también un regalo, poder finalmente conocer el verdadero placer.
Con eso en mente, Yang continúa dándose placer durante toda la noche hasta la mañana, sin preocuparse más por su sueño, ahora que ha encontrado un mundo completamente nuevo de placer.
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(FIN DE SUCULENCIAAAAAAAAAAAAAAAAAAA)
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Aula de castigo — Pyrrha
En otra aula, Pyrrha entrenaba su semblanza.
Pequeños objetos metálicos flotaban alrededor de ella: clips, monedas, tornillos.
Los movía con precisión milimétrica.
—Control… respira… suelta…….
Estaba sudando mientras cada fibra de su aura se concentraba.
Su respiración era lenta y constante.
Pero el ritmo era más intenso de lo habitual.
No entrenaba solo para mantener la forma.
Entrenaba para no pensar.
Una moneda tembló en el aire.
—No debí dejar que escalara tanto… —susurró.
Cerró los ojos y la moneda se estabilizó.
—La próxima vez… actuaré antes.
Abrió los ojos con determinación.
—Y mejor.
Los objetos cayeron suavemente sobre el escritorio.
Pyrrha caminó hacia la ventana del aula, mirando la noche sobre Beacon.
—Espero que estés bien… —dijo en voz baja, si quería hacer honor a su título de chica invencible necesitaba ser la mejor, era débil debido a que no quería lastimar a las chicas que se acercaban a Tn, pero eso dejaba de importar.
Poco a poco la preocupación de lastimar realmente a alguien se fue, siendo reemplazado por querer realmente al chico que amaba.
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Ahhhhhh bueno ya casi llegamos al final y como dije, el estigma yandere esta muy mal si cree que haré que yang este haciendo una masacre, están en una academia ahí cosas que ni en joda le dejaran hacer.
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