X-Colonus:Semillas de la Rebelión - Capítulo 58
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Capítulo 58: Sangre y hierro
Apenas los cuerpos del primer escuadrón tocaron el suelo, el aire volvió a vibrar. Más fuerte. La selva entera pareció reaccionar.
Vandal levantó la mirada.
“No se van a detener”, dijo con frialdad.
Esta vez no eran solo drones.
Las copas de los árboles se abrieron con violencia cuando nuevas unidades descendieron. Drones más grandes, más resistentes… y soldados con armaduras más pesadas, más densas.
Pero había algo distinto.
Armas.
Largas. Oscuras. Pesadas.
“Necrium…”, murmuró Vandal.
Un disparo rompió el aire.
No sonó como los anteriores.
Fue más lento… más denso.
Y más mortal.
La bala atravesó a dos Krahgar en línea antes de incrustarse en un árbol, dejando un rastro de destrucción.
El campo quedó en silencio por un instante.
Luego…
Caos.
“¡Sepárense!”, gritó Vandal.
Vekkar tradujo de inmediato.
Los Krahgar se dispersaron. Los Theryns saltaron entre los árboles, evitando agruparse.
Otro disparo.
Un Theryn fue atravesado en pleno salto.
“Son pesadas… pero atraviesan todo”, dijo Vandal.
Sombra ya se movía.
Desaparecía y aparecía, dando saltos en la oscuridad.
Un soldado levantó su arma de Necrium, apuntando a un grupo de Krahgar. No alcanzó a disparar.
Sombra cayó sobre él.
Lo derribó.
Sus colmillos atravesaron la unión de la armadura. Un giro brutal… y el arma cayó al suelo.
“Buen chico”, murmuró Vandal.
Y se lanzó.
Activó el Kor.
Las líneas recorrieron su cuerpo. Su respiración cambió. Su fuerza se comprimió.
Golpeó fuertemente a un soldado, el cual salió despedido, su armadura deformándose al instante.
Otro intentó disparar.
Vandal lo alcanzó antes.
Lo golpeó con un fuerte puñetazo… y lo estrelló contra el suelo con una fuerza sobrehumana.
El impacto quebró la tierra.
“¡No los dejen apuntar!”, gritó.
Anya ya estaba en movimiento.
Su Kor verde envolvía su cuerpo, marcando sus venas en formas simétricas.
Tres soldados avanzaron hacia ella.
Uno de ellos llevaba una cuchilla de Necrium.
La hoja reflejaba la luz con un brillo frío.
Mortal.
“Interesante”, dijo Anya.
El primero atacó.
Rápido.
Anya esquivó por centímetros.
El segundo disparó.
Ella giró su cuerpo, dejando que la bala pasara rozando su hombro.
El tercero llegó por detrás, liberando su cuchilla con un corte descendente.
Anya bloqueó… pero la hoja rozó su brazo.
La sangre cayó.
Su expresión cambió.
Se detuvo.
Respiró.
El Kor se concentró en sus manos.
Más denso.
Más afilado.
“Ahora sí…”
El primero cayó.
Un corte limpio atravesó la armadura.
Luego el segundo.
Dos movimientos al cuello, un ataque parecido a la mantis; era de esperarse de su precisión absoluta.
El tercero intentó reaccionar.
Anya apareció frente a él.
Sus manos… eran cuchillas verdes.
Atravesaron la armadura y el cuerpo por la cintura, partiéndolo por la mitad.
El soldado cayó inmóvil, sus tripas en el suelo, viéndolas, gritando.
Luego sus ojos se cerraron. Su luz se apagó.
Anya exhaló.
“Eso fue mejor.”
El campo de batalla seguía ardiendo.
El rey Krahgar avanzaba.
Recibía disparos.
Impactos.
Heridas.
Pero no se detenía.
Tomó a un soldado sin armadura.
Lo levantó, arrojándolo al suelo con su hacha enterrada en el pecho.
Lo partió contra el suelo con brutalidad.
Otro se acercó.
El rey lo aplastó con un golpe directo.
Rugió.
Su cuerpo sangraba… pero seguía de pie.
Era guerra.
Desde la distancia…
Más movimientos. Muchas siluetas se acercaban. Eran Theryns.
Docenas de ellos.
Habían huido… pero regresaron.
Escucharon la batalla.
Y volvieron.
Se unieron sin dudar.
Atacaron desde los flancos.
Rápidos.
Coordinados.
Por primera vez… las dos razas luchaban como una sola.
Vandal lo vio.
Y entendió.
“Funcionó…”, murmuró.
Pero el régimen no retrocedía.
Un último grupo intentó reorganizarse.
Disparos y explosiones retumbaron en la selva.
Pero ya era tarde.
Sombra eliminó al último portador de Necrium, dejando atrás un campo lleno de muerte.
Anya destrozó a los que quedaban.
La selva estaba rota.
Cuerpos.
Humo.
Y sangre.
Vekkar respiraba con dificultad.
“Ganamos… de nuevo.”
Vandal no respondió.
Miraba el cielo.
Algo venía.
Y entonces apareció.
La nave.
Gigante.
Oscura, su forma como un edificio volando de forma horizontal.
Tapó la luz de la luna sobre la selva.
El sonido… profundo.
Antinatural.
“Esa es…”, murmuró Vandal.
Anya lo miró.
“¿La principal?”
Vandal asintió lentamente.
“Sí.”
La nave nodriza descendió lentamente.
Las copas de los árboles se partían a su paso.
El suelo vibraba.
Todos lo sintieron.
Los guerreros de ambas especies, agotados, miran hacia la nave, enojados, con ira, gruñendo fuertemente.
Las compuertas se abrieron.
Oscuridad dentro.
Y luego…
Movimientos y pasos de trote se escucharon.
Decenas de figuras.
Uno a uno.
Descendieron.
Soldados.
Más avanzados.
A diferencia de los otros, estas armaduras tenían placas de Necrium, lo cual los hace más peligrosos.
Cincuenta.
Al menos contó Vandal desde lejos.
Y entre ellos…
Dos figuras caminaron al frente.
Sin prisa.
Sin miedo.
Diferentes.
Vandal los vio.
Y su expresión cambió por completo.
Silencio.
Tensión.
Y un reconocimiento atravesó su mente.
Una voz rompió todo.
Lejana.
Pero clara.
“Hola, primito…”
Una sonrisa.
Cruel.
Divertida.
“Qué gran sorpresa.”
Zack.
Y a su lado…
Dax.
“El traidor por fin se ha encontrado. Esperé mucho por verte de nuevo.”
La verdadera batalla…
Acababa de comenzar. 🔥
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