X: WARRIOR - Capítulo 10
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10: PECES 10: PECES PECES Habían pasado algo más de veinticuatro horas desde el final de la batalla y no se hallaba rastro del Kaijin persiguiendo al Neerlandés Errante por ningún lado.
Todo parecía indicar que estaban a salvo ahora.
Hansel continuaba frustrado por lo ocurrido, tanto que no quería hablar con nadie.
Dann intentó dialogar con él, pero lo ignoró por completo.
De verdad se encontraba preocupado por el estado de Morgan, quien en ese momento estaba en su camarote reposando y recuperando las energías, pero sin recobrar la conciencia.
Su hermano Jasón se encontraba descansando en las cubiertas inferiores.
No ingresó a su propio camarote debido a que Hansel permanecía en la cubierta principal, muy cerca de donde se encontraba la entrada a su camarote y no quería verlo, así que mejor se quedó abajo en los alojamientos de la tripulación.
– Creo que ya estamos a salvo, ¿no?
– No te relajes ni bajes la guardia Kasui, en cualquier momento puede aparecer el Kaijin y sacarte del barco con uno de sus tentáculos.
– Ja, ja.
Qué gracioso Marco —respondió en tono sarcástico.
Kasui prestó atención a su propio pulso; el recuerdo de los Kaijins le dejó un sabor metálico en la boca, pero la risa de Marco lo arrastró a seguir —, al que se va a llevar el Kaijin es a otro por hacer chistes tan malos.
Los guardias ya no se ven tan tensos, eso es buena señal, ¿no?
– Puede ser —opinó Lucy—, pero como dijo Marco, es mejor no bajar la guardia en ningún momento.
– Tanta tensión provocó que me diera hambre.
¿Qué habrá para cenar?
Ya casi es de noche y yo aún no he comido nada, mi estómago no deja de rugir.
– Puedes bajar a la cocina, de seguro hay algo que puedas merendar.
– Bien, haré eso —Kasui se dirigió a las escaleras que daban a la cubierta de abajo, donde se hallaba la cocina y los comedores que los tripulantes usaban para desayunar, comer y cenar.
– ¿No les parece raro?
– ¿A qué te refieres, Dann?
Desde hace rato te veo muy pensativo, ¿qué es lo que te inquieta tanto?
—le preguntó Lucy.
– El Kaijin de ayer, ¿por qué no nos siguió?
Los Kaijin siempre son agresivos, no dejan descansar a los oponentes en ningún momento, pero este Kaijin se comportó de una manera muy extraña.
No solo nos dejó ir sin ningún reparo, sino que tampoco nos atacó, siempre se mantuvo al margen, respondía a los ataques y no más que eso, parecía como si solo estuviera probándonos o algo por el estilo.
– Esta fue la primera vez que viste un Kaijin de categoría superior a la quinta, ¿no?
—le preguntó Marco a Dann.
– Así es.
– Claro —agregó Marco—, eso es usual en los Kaijins de baja categoría, pero como es la primera vez que vez uno de clase seis, es lógico que se te haga muy raro ese comportamiento.
Pero, cuando un Kaijin pasa de ser un Kaijin colosal, de categoría cinco, a uno de categoría seis, no solo su estructura física cambia de una manera radical, su mente también lo hace, no solo parecen más humanos, piensan de un modo similar a medida que suben de categoría.
Dann permaneció en silencio, su cara se puso un tanto pálida al oír lo que estaba diciendo Marco.
– Lo sé —Marco lo miró y dejó salir una leve sonrisa—, es aterrador darse cuenta de que no solo su poder puede aumentar de una manera desmedida, su inteligencia también lo hace al mismo tiempo, o incluso más rápido.
No quiero imaginar lo que podría llegar a hacer un “Akaiji”.
– ¿Un Akaiji?
¿Qué es eso?
—preguntó Dann con mucha curiosidad.
– Cierto, de seguro también es la primera vez que escuchas sobre esto.
A ver… Cómo te lo podría explicar.
La verdad es que no es algo… ¡Lucy, ayúdame explicándoselo, ¿quieres?!
– “Akaiji”, así es como nos referimos a un Kaijin de categoría diez —respondió Lucy de inmediato—, que sería la máxima clase en la escala de medidas de poder de los Kaijins.
Aunque los casos de apariciones de Kaijins clase diez son extremadamente raros y la mayoría de la gente no cree que puedan existir de verdad.
De hecho, todos los casos conocidos son tratados como secretos de estado, y solo personas con un alto grado en la línea de mando de los caballeros conocen toda la información.
También algunos magos que pertenecen al consejo de la academia de magos Merlín y un puñado de líderes guerreros han de conocer los detalles de todo lo relacionado con los Akaijis.
– ¡¿P-Por qué solo ellos lo sabrían?!
¿No dan a conocer la información al público?
– Así es Dann —le respondió Marco con un tono muy serio y su mirada perdida en el horizonte—, es un tema muy delicado.
Con el tiempo, conforme aprendas más cosas sobre este mundo, te darás cuenta de que las cosas que están ocultas al público son más de las que te imaginas.
– B-Bueno, no le prestes mucha atención a Marco —Lucy trató de desviar ese tema—, no es algo que unos simples soldados rasos como nosotros deberíamos saber, ¿no?
– Pero, de todas maneras, ¿no sería peligroso si uno de estos “Akaijis” se presentase en una ciudad muy poblada y las personas no supieran con claridad qué es lo que está pasando?
No sabrían reaccionar adecuadamente.
– No te tienes que preocupar tanto.
Hay muchos individuos poderosos en el mundo que podrían enfrentar a estas criaturas y mantener a salvo a las demás personas —le dijo Lucy a Dann para que no se intranquilizara.
– Además de eso —agregó Marco—, para que no te preocupes sin razón, cada vez que aparece un Kaijin de categoría nueve en cualquier parte del mundo, varios escuadrones de caballeros que estén por encima del nivel seiscientos son reunidos para neutralizar la amenaza creciente.
– ¡Cierto!
—dijo Lucy con una sonrisa—.
¿Sabes lo difícil que es que esto suceda?
– Jamás los he visto, pero, un escuadrón de más de veinticinco personas que están por encima del rango Oricalco trabajando juntos para acabar con un Kaijin debe ser una demostración de poder descomunal.
– Dann, ¡¿sabes qué tan alto están los de rango Oricalco en la línea de mando?!
– No, para nada.
Sé que han de ser poderosos, pero, no sé qué tan arriba… – ¡Generales!
¡Estoy hablando de los generales de la orden real de caballeros de Neos!
—Lucy lo interrumpió antes que pudiera terminar de hablar.
Entonces se acercó a Dann y lo sujetó de los hombros y lo empezó a sacudir de una manera descontrolada—.
¡Un escalón por debajo del Maestre!
¡El Maestre es el máximo ente de autoridad entre los caballeros de cualquier nación!
¡Y que se reúnan veinticinco generales de los más de cincuenta que hay en Neos es toda una locura!
– Oye, Lucy, para de una buena vez, Dann se va a quedar inconsciente de tanto que lo sacudes, mira como lo dejaste —Dann estaba pálido y sin alientos.
Se veía como si se fuera a desplomar en cualquier momento.
– Oh, lo siento mucho Dann, de verdad, es solo que me emocioné demasiado.
– E-Está bien, no te preocupes.
—a Dann se le pasaron por la mente un centenar de pensamientos.
En el fondo le aterraba la idea de encontrarse de frente con alguna de esas criaturas—.
Oye, Lucy.
—Dann alzó su mirada hacia ella y le preguntó—.
¿Qué más sabes sobre eso?
– La verdad, no mucho.
Los altos mandos se esfuerzan demasiado por acabar con los Kaijin de categoría nueve, porque los consideran como catástrofes vivientes y procuran no dejarlos vivir por mucho tiempo una vez se enteran de la existencia de uno de ellos merodeando por ahí.
– Sí, además de eso, es casi lo mismo que con los Akaijis.
Aunque no es tratado de manera confidencial —dijo Marco—, sigue siendo algo a lo que no le permiten el acceso o la participación a otras personas que no tengan el nivel tanto de autoridad como de poder físico necesario para implicarse.
– Para darte de cuenta de eso solo tienes que fijarte en el nivel de los que se involucran de forma directa.
Un Kaijin de categoría nueve debe ser muy poderoso, tanto como para requerir a la mitad de todos los Generales de Neos.
– ¿Y qué hay con las demás naciones?
– Ellos cuentan con sus propias órdenes de caballeros y de magos y esas cosas —le respondió Marco con un tono indiferente—, cada nación se hace cargo de los problemas que se presenten en sus respectivos territorios, incluidos los marítimos.
Todo territorio autónomo tiene una parte de todos los océanos aledaños.
Si un Kaijin aparece en altamar, como los que nos atacaron hace rato, la nación a la que le corresponda esa zona donde apareció debe deshacerse del Kaijin, sin falta.
– Así es —dijo Lucy—, si el Kaijin de antes hubiera decidido no dejarnos escapar y atacarnos de repente, lo más seguro es que no nos encontráramos aquí en este momento.
Dann pasó saliva, se le erizó toda la piel después de escuchar eso.
Entonces ella continuó.
– Si ese hubiera sido el caso, dos de los barcos insignia más poderosos de la nación hubieran llegado a la escena para acabar con el Kaijin.
Claro que eso es solo después de hacer una evaluación de la situación y determinar las causas de la eliminación del navío.
El Neerlandés es el último navío de la vieja generación, actualmente existen navíos insignia con una capacidad destructiva mucho mayor.
– Este vejestorio solo lo dejan por su historia y todo eso —agregó Marco—, debería estar como trofeo al lado de un astillero.
– Si este navío hubiera sido aniquilado —anunció Lucy, muy seria—, cualquier otro navío insignia hubiera podido hacerse cargo de la situación.
Pero si es uno de los navíos de nueva generación el que es aniquilado, lo más probable es que enviarían a unos dos o tres navíos insignia más junto a un grupo de buques y fragatas para acabar con la amenaza.
– En pocas palabras, tuvimos mucha suerte de salir vivos de ahí, así que no esperes más y confiésale tus sentimientos a Lucy antes de que sea tarde, Dann.
He visto el modo en que la observas, pequeñajo —dijo Marco con una mirada pícara.
– ¡¿D-De qué estás hablando Marco?!
– ¡Ajá!
Lo sabía, te dejaste pillar Dann.
No hay que ser tan obvio, sabes, eso se nota a leguas —Marco lo siguió molestando y Dann no sabía cómo reaccionar al respecto.
– ¡Deja de decir estupideces Marco!
¡Cómo podría estar yo!- – No lo escuches Dann, no tiene importancia.
—Lucy lo abrazó de repente.
Dann quedó perplejo y su cara se puso roja, parecía un tomate.
Se puso tan nervioso que empapó su camiseta de sudor—.
No creo que vayas a morir pronto, así que puedes confesarte cuando quieras —Lucy lo fulminó con un beso en la mejilla.
– ¿Qué están haciendo?
—Kasui acababa de llegar de la cocina.
Tenía un enorme trozo de carne en su mano derecha y un jarrón repleto de néctar de frutas en la izquierda—.
Dann está rojo —dijo con la boca llena.
– Sucumbió ante el poder femenino —explicó Marco entre risas—, no aguantó más de un minuto.
Deberías haberlo visto, casi se derrite.
– K-Kasui —Dann se estaba desplomando muy lento en el suelo.
Se encontraba de rodillas y casi parecía que salía vapor de su camiseta—, ayúdame.
– Rayos, se me acabó la carne, menos mal me preparé para esto.
Dijo Kasui al momento de morder el último pedazo de carne que tenía en la mano.
Kasui tenía un pequeño saco colgando de su hombro, del cual sacó otros dos trozos de carne y se los empezó a comer.
– La comida no espera.
Por cierto —dijo con la boca llena—, ¿qué es lo que hacen ellos?
Kasui señaló con el trozo de carne que le quedaba en su mano izquierda a un grupo de marineros que estaban al borde del navío.
– Están a punto de ir a pescar… pero con sus manos.
—le respondió Marco mientras lo miraba de reojo—.
¿No te gustaría ir con ellos?
Kasui tragó su bocado de carne tan rápido que casi se atora.
– ¿Con sus manos?
Eso quiere decir que van a saltar al mar, a pescar.
Ni loco haría eso, no sé nadar.
Además, no hace mucho, fuimos atacados por unos Kaijins ¿Cómo pueden siquiera pensar en saltar al mar?
– Sí, todo en este vejestorio de barco se hace de manera manual, hasta conseguir la comida.
Todo es hecho a la antigua.
– Genial —dijo Kasui mientras seguía comiendo—, pero ¿es seguro siquiera estar en la cubierta?
Digo, con los acontecimientos de hace rato, cualquiera supondría que eso allá abajo está infestado de esos bichejos.
– Mira —Marco le señaló dos lugares, los bordes de cada costado del barco—, esos magos escanean toda el área circundante en busca de amenazas, lo hacen en un radio de unos diez kilómetros para estar seguros de que la zona está limpia.
– Es cierto eso, pero no creas todo lo que dice Marco, las provisiones del barco son casi todas de Neos.
Cuando el Navío llega a alguno de los puertos de cualquier parte de Neos es reabastecido de comida, medicamentos y provisiones en general, lo que ellos hacen —Lucy señaló a los marineros que se estaban preparando para saltar.
Había alrededor de veinte listos para pescar—, es… un deporte.
—dijo Lucy con una sonrisa—.
Consiguen comida.
Estas aguas están llenas de muchas especies de peces de gran tamaño que se pueden usar para alimentar a la gran cantidad de tripulantes del navío y, además, hacer eso les funciona como ejercicio para mantenerlos en una excelente forma física.
– No olvides que también es una competencia, el que atrape al pez más grande gana.
Te aseguro que quedarás sorprendido al ver el tamaño de los peces que sacan del mar algunas veces —agregó Marco.
– ¡¿Por qué no lo intentan?!
—le preguntó Lucy a Dann y a Kasui.
– Lo haría, pero, no sé nadar, así que ni modo, no se puede y no se podrá en un futuro cercano —dijo Kasui.
– Sí, sé nadar un poco, pero no estoy seguro de que pueda hacerlo bien en altamar, mejor paso esta vez, no quiero que me dé un calambre y me hunda hasta el fondo del mar —expuso Dann mientras miraba por encima del barandal del costado hacia abajo.
– Pues eso no será un problema —dijo Marco, muy enérgico—, aquí en el barco hay un mago que usa magia de burbujas, y le pueden pedir que les cubra todo el cuerpo con una capa de burbuja para que puedan respirar un tiempo bajo el agua.
– Excelente idea Marco, tienes una solución para todo.
Hagámoslo… Espera, ¡¿qué?!— Kasui no se dio cuenta de lo que realmente había dicho hasta que estaba debajo del mar con una capa de burbuja recubriendo todo su cuerpo.
«¿Cómo carajos me dejé convencer de hacer esto?», se preguntó.
Kasui alcanzaba a ver a la perfección la manera en la que los marineros perseguían a los peces debajo del mar desde ahí.
– ¡Semejante velocidad!
Kasui estaba asombrado de la rapidez de los marineros debajo del agua.
Casi parecían peces en la forma en cómo se desplazaban.
Y ante él, también estaba la inmensa oscuridad del mar que ahora lo rodeaba.
Por un instante se sintió abrumado por un recuerdo que sintió muy real, pero sacudió su cabeza con fuerza y se obligó a concentrarse en el presente.
– Bien, vamos a ello.
Kasui movió su cuerpo de una manera descontrolada con la determinación al máximo, pero fue inútil, no logró desplazarse nada, de hecho, se estaba hundiendo poco a poco.
– ¿Eh?
Me estoy alejando del barco.
Kasui se apresuró.
Agitaba los brazos y las piernas tan rápido como podía, pero entre más lo hacía, más rápido se hundía.
Fue entonces que recordó el momento en el que el mago de soporte se ajustó los guantes con un gesto profesional antes de explicar las reglas: las burbujas de respiración duraban cerca de diez minutos a tales profundidades.
Pasado ese límite, la presión las reventaría sin remedio.
Y en cuanto a ascender demasiado rápido…
mejor ni imaginar lo que ese cambio brusco provocaría a los pulmones de una persona.
– ¡V-Voy a morir!
En eso pasó un pez a toda velocidad que lo dejó dando vueltas.
Detrás del pez venía un marinero que paró donde se hallaba Kasui y lo detuvo.
Aquel tripulante no tenía una burbuja que le cubriera el cuerpo, así como a Kasui.
Estaba tan entrenado al agua que podía durar mucho tiempo sumergido sin tener que subir a la superficie por aire, al igual que sus compañeros.
Como no podía hablar, solo le indicó con sus manos a Kasui, le señaló a un pez de un tamaño considerable que se dirigía hacia ellos.
Junto a ese pez, había incontables peces de dimensión normal, como los peces que se encuentran de manera regular en los ríos.
Después, con su mano derecha, agarró a Kasui del antebrazo.
– E-Espera, ¿qué haces?
En ese momento el enorme pez pasó rodeado de los demás peces.
El marinero solo puso su pulgar en alto para avisarle a Kasui y de un mero giro lo lanzó en la dirección en la que había pasado el pez un momento atrás.
– Lo tengo que atrapar.
Eso no es nada del otro mundo.
Kasui extendió su brazo cuando se encontraba cerca de la cola del pez para agarrarlo, pero en eso, el pez giró muy brusco a un costado y Kasui siguió derecho, con la mano extendida y una cara de incredulidad.
– No lo puedo creer, ¿de verdad me pasó esto a mí?
No solo no tengo al pez, sino que también me estoy alejando del barco a toda velocidad, la situación no podría empeorar, ¿o sí?
Cuando Kasui dijo esto, un pez de dimensiones colosales se alcanzó a ver delante de él, pero un poco más abajo de donde estaba pasando él.
Kasui supo de inmediato que eso no iba a terminar bien.
Una vez que el pez se percató de Kasui, cambió su dirección y se dirigió hacia arriba, justo donde se encontraba.
– ¡Esto va a doler!
El pez impactó a Kasui con su enorme cara y siguió nadando hacia la superficie, con Kasui en frente.
La burbuja se deformó y debilitó con la arremetida.
El pez salió del mar unos cuantos metros, pero Kasui siguió hacia arriba.
Había salido disparado por los aires a gran velocidad.
– Y allá va —dijo Marco—, ¿qué tan alto creen que llegará?
No, esperen, ya comenzó a caer.
Kasui casi pierde el conocimiento al momento en el que empezó a caer.
La burbuja en la que había sido cubierto ya se había roto hacía rato y por el cambio de presión tan brusco por poco pierde la lucidez.
Su trayectoria lo llevaba directo a una de las pocas velas del Navío, que permanecía desplegada a un cuarto de su tamaño, y como no lograba controlar su caída en el aire, solo podía esperar al impacto.
– Al menos chocaré con una de las velas —se dijo.
Kasui cerró los ojos y relajó el cuerpo para hacer más fluido el impacto, pero no notó que estaba yendo directo al centro de la vela y justo detrás estaba el mástil.
Casi al instante que entró en contacto con la vela chocó con el gran centro de madera, y al tener el cuerpo relajado lo sintió más, tanto que dejó salir un grito ahogado antes de comenzar a deslizarse hacia abajo por la tela que lo envolvía a medias.
Por suerte, debajo de él se encontraba un enorme pez con la piel suave que amortiguó su caída.
– Qué suavecito, parece una nube —dijo después de caer sobre el enorme pez.
– Párate Kasui —le dijo Dann—, quedarás oliendo a pez toda la semana si te demoras un poco más sobre él.
– Ya, ya voy.
—Kasui no tenía fuerzas ni estaba por completo lúcido para hacer eso, así que se dejó deslizar por el costado del pez hasta su cola—.
Listo, ya me bajé.
– Dormirás afuera por una semana, y no está abierto a discusión.
Si es posible, sería mejor que durmieras en lo más alto del mástil mayor —le dijo Dann mientras tapaba su nariz con sus dedos.
– Dormiré a tu lado y no está abierto a discusión —le respondió Kasui, aún tendido en el suelo al pie de la cola del pez—, y tampoco me bañaré.
– ¡Miren!
¡Kiyota lo volvió a hacer, increíble!
—gritó uno de los marineros.
En ese momento, detrás de donde estaba parado Dann, se encontraba subiendo uno de los marineros que se había lanzado antes.
Se lograba diferenciar con facilidad del resto por su constitución física; era más alto que los demás, por muchos centímetros, medía alrededor de dos metros, sus brazos eran marcados, y al no llevar una camiseta puesta, se podía ver bien su muy trabajado pecho y abdomen.
Tenía el pelo largo y de un tono negro muy oscuro, pero lo que más destacaba era el enorme pez que traía a sus espaldas.
Aquel pez era tan grande que casi la mitad quedó atravesada por fuera del barco cuando lo descargó.
– ¡¿Quién es ese sujeto?!
—le preguntó Dann a Marco, pero él jamás se manifestó ni apartó su mirada entrecerrada y un poco seria de aquel hombre.
Kiyota sonrió como quien conoce su valor; tenía un brillo en la mirada que demostraba que había superado obstaculos inimaginables.
Marco no le devolvió el gesto, sus ojos tardaron un segundo de más en él, y por un segundo, dejó ver algo parecido a respeto.
– Él es Kiyota —le respondió Lucy después de soltar un suspiro—, es la superestrella de este barco.
Es tan fascinante —dijo al momento que se ventilaba la cara con sus dos manos.
– Súper —Dann dirigió su mirada hacia Kiyota—, no le veo nada de súper.
– Espera —la tontera de Kasui se fue casi de inmediato—, a ese yo lo he visto antes.
—Kasui logró ponerse de pie sin mucho esfuerzo—.
Ese fue el sujeto que me dio un aventón allá abajo, se veía fuerte.
Para lanzarme a tal velocidad estando debajo del agua hay que estar en muy buena forma, se nota que ha estado entrenando mucho.
– Es superfuerte —dijo Lucy—, muy fuerte, ¿ya vieron sus músculos?
—recalcó Lucy sin dejar de ventilar su rostro enrojecido.
– Ya lo dijiste —le respondió Marco—, como unas veinte veces.
Ya sabemos, no lo tienes que repetir cada vez que le detallas un músculo.
– Está mirando hacia acá —dijo Lucy—, ¡ahora está caminando hacia acá con una sonrisa!
¿Y si me quiere hablar?
Santo cielo, ¿qué hago?
– Qué tal, Marco, tiempo sin verte, ¿Cómo has estado?
—preguntó Kiyota una vez llegó a donde estaban reunidos—.
Veo que pudiste pasar el examen de admisión a los caballeros reales, pensé que te convertirías en un caballero errante o algo por el estilo.
—Kiyota se echó a reír—.
Es una broma.
Marco permaneció serio todo el rato, solo se limitó a devolverle las miradas y a asentir de forma leve con la cabeza.
– ¿Se conocen?
—preguntó Dann.
– Así es, estuvimos en la academia Napoleón por la misma época.
Se podría decir que éramos mejores amigos, ¿no?
—dijo mientras codeaba a Marco—.
Pero no volvimos a hablar después de que conseguí una recomendación de un caballero de alto rango cercano a mi familia.
Seis meses antes de lo que sería mi graduación, ya estaba en las filas de los caballeros, después de eso fue cuestión de talento puro y dedicación junta para llegar hasta donde estoy ahora —Kiyota estaba pasando la mirada hasta que la cruzó con Lucy.
– Soy Lucy, hola —dijo, seguido de una risilla un poco nerviosa, a lo cual Kiyota respondió con un guiño.
– Estuviste muy bien allá abajo —le dijo Kiyota a Kasui—, lástima que el mendigo pez ese se haya tirado para un lado.
– Sí, bueno, no todo fue en vano —le dijo Kasui—, ¡mira!
Kasui alzó su brazo.
En su mano tenía a un pez agarrado por la cola.
– Eso… —habló Dann— ¿Es una sardina?
No logro saber bien por lo pequeña que es.
– ¡Bien hecho!
—dijo Kiyota seguido de una carcajada—.
Esa es la actitud, no perdiste el impulso, ahora podrás asarte o fritarte esa sardina.
Te la comerás con la satisfacción de saber que la atrapaste tú mismo, con tus propias manos.
– ¡Sí!
—Kasui celebró encogiendo sus dos brazos hacia su torso.
– Bien, los dejo, tenemos que rebanar esa carne de ahí atrás y meterla toda en la bodega, será un trabajo para un largo periodo, así que será mejor empezar ya, nos vemos al rato —expresó Kiyota antes de retirarse del lugar.
– Es simplemente asombroso —dijo Lucy entre suspiros.
– Ya Lucy, supéralo, pondrás celoso a Dann.
– Y-Yo no he dicho nada —saltó Dann de inmediato.
– Ya me dolía el cuello de mirar hacia arriba por tanto tiempo —dijo Kasui mientras se sobaba el cuello y mordisqueaba a la vez.
– ¿K-Kasui?
—inquirió Lucy—.
¿Qué estás masticando?
– ¿Te comiste la sardina?
—preguntó Marco.
Estaba tan asombrado que rompió su actuar indiferente.
– Sí.
Aún tenía hambre, pasó casi de un solo bocado, ni siquiera la mordí, simplemente se deslizó hasta mi estómago.
– ¡Qué asco!
—gritó Lucy—.
¡Asco!
¡Asco!
¡Asco!
– Vas a provocar una cadena de vómitos en Lucy — avisó Marco entre carcajadas.
– Y lo peor es que lo dice con una mirada tan serena que da escalofríos —dijo Dann.
– Oh no.
—Kasui se tapó la boca con la mano derecha y se agarró el vientre con su mano izquierda—.
Creo que quiere salir.
– ¡Asqueroso, Kasui!
—gritó Lucy antes de salir a correr lejos de ahí.
– Kasui, eres el mejor —Marco no podía dejar de reír—, no te lo comiste vivo, ¿o sí?
—Marco ya estaba de rodillas con los ojos llorosos.
A Dann se le había contagiado la risa de marco.
Trataba de ponerse serio a ratos, pero la risa descontrolada de Marco no lo dejaba, cuando lograba un momento breve de seriedad continuaba hablando.
– Kasui, me avergüenzas, qué dirá la gente —Dann soltó una carcajada.
– Carajo.
—dijo Kasui mientras sostenía su mano frente a su boca—.
Siento el sabor de la sardina en mi paladar.
– Hace un rato escuché de uno de los cocineros —Marco, aún entre risas, logró tomar aire y decir—, que el néctar de fruta estaba pasado.
Estoy seguro de que fue eso lo que te causó daño de estómago.
– Sí, tal vez fue eso… no aguanto más.
—Kasui corrió muy rápido a uno de los costados del barco y dejó salir todo lo que tenía dentro—.
Descansé —dijo mientras reposaba sobre la barandilla.
– Qué tal si bajas y te acuestas a descansar.
—Dann se acercó por un costado y le dijo a Kasui—.
Ya casi se oculta el sol y Marco me dijo que arribaremos al amanecer a la isla de Gibraltar, así que es mejor que tengas energías para cuando lleguemos.
– Seguro, ya mismo voy.
—Kasui comenzó a arrastrarse hasta los camarotes—.
No tengo fuerzas, pero ahí voy.
Y así continuó, gateando por el suelo hasta que llegó a los camarotes y pudo acostarse en una cama, se quedó dormido casi de inmediato.
Se durmió con una sonrisa en el rostro, sabía que al despertar lo iba a estar esperando una nueva historia por apreciar, y eso lo hacía feliz, incluso sin tener poderes notables, estaba viviendo algo que siempre había querido.