X: WARRIOR - Capítulo 11
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11: ENTRENAMIENTO 11: ENTRENAMIENTO ENTRENAMIENTO En su primer viaje ya estaban viviendo historias increíbles, tantos sucesos en tan poco tiempo no cabían en la piel de Kasui; salir de Elba siempre había sido su sueño.
Recorrer el mundo y vivir inolvidables aventuras era lo que estaba presente en las fantasías y anhelos de él en todo momento, pero su “Lienzo de Maná” era el inconveniente más grande.
Un humano que solo subía de nivel cada que cumplía años y que no podía escalar del rango Hierro en toda su vida era una completa rareza, eso, si es que vive menos de cien años.
Justo era por lo que estaba pasando Kasui y era lo que más lo atormentaba.
Por más que lo intentara no conseguía experiencia, cada vez que materializaba su cristal podía ver ese mismo diez por ciento de progreso que tenía desde que tiene razón de conocimiento, solo en cada mañana de su cumpleaños, su nivel cambiaba, pero no el porcentaje.
Kasui no encontraba en eso un motivo para rendirse, sino una razón muy fuerte para seguir adelante y no darse por vencido, en el fondo de su corazón él sabía que en un lugar de este mundo alguien lo podía ayudar a librarse de su extraña condición y cambiar así su cruel e injusto destino.
Kasui, ya se encontraba encaminado a su verdadero destino, pero él no lo sabía.
Kasui yacía acostado en una cama, dentro del navío insignia de la flota de caballeros de Neos.
Estaba a punto de amanecer y él se encontraba durmiendo muy a gusto, teniendo sueños lúcidos de lo que hubiera sido su vida si pudiera desarrollar habilidades al igual que el resto; incontables demostraciones de poder, una fuerza descomunal, un prodigio entre los más talentosos.
Había veces en que soñaba que era un vigoroso mago que podía utilizar el elemento de fuego, el tipo de magia con la capacidad destructiva que era sin duda superior a las demás que se conocían hasta entonces.
Siempre les mostraba su potencial a sus compañeros de Liorna quemando el extenso bosque que se encontraba a un costado del colegio.
Todos quedaban maravillados con tal magnificencia, al menos en su sueño.
No había manera de saber si esa hubiera sido una reacción real.
Otras muchas veces soñaba que era un Caballero muy respetado, que poseía una hermosa y reluciente armadura completa de color plateado que deslumbraba a todos a su alrededor.
También tenía una técnica muy fina con su espada, con la cual no dejaba enteros a sus rivales luego de un ataque con ella.
Pero el sueño más recurrente de todos era de él, siendo un bravo Guerrero, con un martillo de guerra que, al azotarlo contra el suelo, hacía que se abriera un abismo y que la tierra temblara como si estuviera empezando un terremoto.
Algo aún más recurrente eran las mujeres que lo adulaban en sus sueños después de sus demostraciones de fuerza, nunca podía faltar eso, decenas de chicas consintiéndolo por lo asombroso que había estado, y de todo el sueño, eso era lo único que se exteriorizaba.
– Oh… Sí… Más abajo… – ¡¿Qué?!
—se pronunció Marco.
El caballero mantenía una conversación con Dann.
Ellos dos estaban compartiendo habitación con Kasui y alguien más que se encontraba en el camarote de arriba, donde estaba acostado Kasui.
El sujeto se hallaba de espaldas.
Marco en particular estaba un tanto ansioso por saber quién se encontraba ahí arriba, arropado hasta la cabeza.
Por esa razón no pudieron saber quién era.
– Ja, ja.
Kasui no deja de sorprenderme — exclamó Marco.
Se encontraba poniéndose su armadura mientras hablaba de algo, pero no pudo ignorar al joven durmiente que hablaba dormido junto a ellos, se estaba apresurando porque en pocos minutos amanecería y lo más probable es que ya se alcanzara a divisar la isla de Gibraltar.
– Qué tierno, habla dormido, debe tener sueños muy lúcidos para que converse de esa manera.
– Sí, suele hacerlo de vez en cuando —le respondió Dann.
Él estaba acostado en el camarote alto del otro lado de la habitación.
Marco dormía debajo de él, estaba conversando mientras tenía una pierna sobre la otra y miraba al techo que estaba a un poco más de un metro.
– Jamás comprendo lo que dice, digo, lo escucho, pero no sé en qué contexto podría poner lo que está diciendo.
– Más… Fuerte… — intervino Kasui estando dormido todavía, con una enorme sonrisa en su rostro.
– Bueno —Marco, entre risas, dijo—, parece que lo está pasando muy bien.
No quisiera arruinarle el sueño, pero, estamos por llegar y… Justo ahí, la persona que estaba encima de Kasui en el otro camarote, se empezó a mover.
– ¡Ah!
¡Qué bien dormí!
—dijo—.
Es hora de levantarse, hay mucho por hacer.
—se sentó al borde de la cama.
Aún tenía la cobija sobre su cabeza, esta se estaba deslizando lento, hasta que por fin cayó y dejó ver el rostro de aquella persona.
Era Kiyota—.
¡Buenos días, chicos!
– ¡Kiyota!
—Marco estaba asombrado—.
¿Qué carajos haces aquí?
– Duermo aquí.
—le respondió—.
Llegué antes que ustedes dos, por eso no me vieron.
Ya había llegado Kasui, pero como estaba profundo no se enteró tampoco —informó con una sonrisa.
Kiyota parecía ser un tipo muy amable, su historial en la orden de caballeros era impecable y había escalado muy rápido en la línea de mando.
Hacía unos años había estado en la misma generación de “Novels” de la academia de caballeros en la que estaba Marco (Los Novels son el primer peldaño en la línea de mando de los caballeros.
Todos los que ingresan a una orden de caballeros de cualquier nación para formarse como caballeros inician con este título.
Una vez que se gradúan pasan a ser soldados y según sus hazañas y comportamiento puedes seguir escalando en la línea de mando).
Kiyota siempre se mostraba sereno y no parecía inmutarse por nada, ante los problemas él solo tenía soluciones, siempre estaba predispuesto a ayudar a los demás.
– ¡Bien!
—cantó al momento en el que se tiró del camarote—.
¡Hoy será un día muy interesante!
– ¿A qué te refieres, Kiyota?
—le preguntó Dann.
– Hoy conoceremos al legendario capitán William Cormac, uno de los más grandes personajes de la historia.
—Kiyota agarró su manto y se dispuso a salir de la habitación—.
Apresúrense, llegaremos en una hora.
Despierten a Kasui y suban rápido.
– ¿Eh?
—Cuando salió de la habitación, Marco dijo—.
¿Nos acaba de dar una orden?
– No, simplemente nos hizo una recomendación, en ningún momento escuché algún tono de mandato o algo parecido —le respondió Dann.
– Oh, por supuesto que lo ordenó —Marco insistió.
– Él no— – ¿Quién se cree que es?
—siguió.
– «Bueno, que piense lo que quiera», se dijo antes de sentarse al borde del camarote y lanzarse al suelo—.
Dormir en un barco es complicado, se mueve demasiado a pesar de ser tan grande.
– ¿Si lo viste?
Tenía una cara de superioridad, así fue siempre y todavía lo es.
– «¿Qué le pasa a Marco, todavía sigue hablando de eso?», pensó para sí mismo —.
No te preocupes por eso, Marco, mejor termina de vestirte, veo que se te olvido que tenías afán por subir a la cubierta superior.
– … —Marco permaneció en silencio antes de responder—.
Cierto, lo olvidé por completo.
Marco se apresuró a terminar de ponerse las prendas de la armadura que le hacían falta.
Una vez acabó de vestirse salió corriendo de la habitación sin siquiera decir una palabra.
– Bueno, creo que despertaré a Kasui.
—Dann miró a su hermano—.
Oy, Kasui, despierta.
¡Kasui!
Rayos, su sueño es muy profundo.
Tendré que recurrir a la fuerza —Dann agarró una almohada y sin meditarlo le dio un almohadazo a Kasui en la cara.
– ¡Ya desperté!
—Kasui se levantó en un pestañeo—.
¿Por qué siempre haces eso?
– Es la única forma en la que te puedes despertar, duermes más que un oso cuando está hibernando.
—le dijo Dann—.
Vístete, pronto llegaremos a Gibraltar.
– Sí, espérame solo un momento.
—Kasui se vistió en un santiamén y junto a su hermano subió a la cubierta principal—.
Está haciendo mucho frío, me hubiera quedado abajo — expresó Kasui mientras soplaba sus manos.
– Deja de ser tan flojo —le replicó Dann.
– ¡Woah!
—Kasui no logró contener el asombro.
El equipo de élite estaba entrenando justo en ese momento—.
Genial, mira eso.
Los espadachines estaban teniendo entrenamiento de combate en parejas.
Jasón estaba ahí también.
Los arqueros practicaban su puntería lanzando flechas a unos muñecos de paja, no las cargaban de Magículas porque atravesarían de manera fácil al muñeco y provocarían mucho daño al barco.
Y los magos, que practicaban la velocidad de ejecución de su magia, lo hacían en los bordes del barco por la misma razón, para evitar dañar al navío con su magia.
– Todo un espectáculo digno de presenciar —opinó Dann sin apartar su mirada de la zona de entrenamiento.
– No pensé que les gustara madrugar —se escuchó decir a una voz a un costado de ellos.
– ¡¿M-Morgan?!
—expresó Kasui muy, muy sorprendido—.
¡Estás despierta!
– Por supuesto que lo estoy, no podía quedarme durmiendo para toda la vida — declaró Morgan con una pequeña sonrisa.
– Te ves sana —señaló Dann—, mejoraste muy rápido.
– Así es, todo gracias a los increíbles magos que tenemos aquí en este Navío —aseguró mientras terminaba de acercarse—, ellos ayudan a acelerar el proceso de sanación con su magia, por eso es que todos nosotros podemos estar de pie en este momento.
Aunque me recomendaron evitar el combate de frente por una semana.
– Increíble.
—dijo Dann y luego volteó a mirar a los demás—.
Incluso se están exigiendo mucho justo ahora en el entrenamiento y no parece que estén heridos en lo absoluto, es casi como si nada hubiera pasado el día de ayer.
– No sufrieron lesiones demasiado graves, eso es un factor importante a la hora de la recuperación, con una sola noche de tratamiento es suficiente para que una persona se reponga de las heridas causadas por una batalla.
A decir verdad, en la batalla de ayer, fue todo un milagro que saliéramos con vida de ahí —se sinceró al momento de agachar un poco la mirada.
– Si el Kaijin nos hubiera seguido, seguramente— Dann se detuvo ahí, no quiso decir más nada, se notaba la preocupación y el horror que le provocaba recordar esos momentos.
– ¡Ahhh!
—gritó Jasón cuando arrojó por los aires a su contrincante—.
Tienes que mejorar tu defensa, si no, voy a seguir arrojándote una y otra vez por los aires cada vez que nos enfrentemos.
—le aconsejó a su compañero—.
¿Quién sigue?
– Santo cielo —expresó Morgan mientras ponía una mano en su cara—.
Nunca sabe contenerse en los entrenamientos.
– ¡Es cierto!
—alzó la voz Kasui al caer en cuenta—.
¡Ustedes dos son hermanos!
Ayer escuché decir eso a Hansel.
Lo había olvidado por completo.
– ¿Es eso cierto?
—preguntó Dann.
– Sí, somos hermanos.
—respondió Morgan—.
Jasón, él es mi hermano menor.
– Eso es algo que jamás me habría podido imaginar —dijo Dann—, mucho menos si son capitana y vicecapitán del mismo navío.
– De todas formas —agregó Kasui—, todo pasó muy rápido y no pudimos ser presentados como debería haber sido.
– Pero ¿qué los motivó o qué circunstancias los trajeron hasta este punto?
Digo, ambos son caballeros y están dirigiendo el mismo navío.
Jasón bien podría haberse quedado en tierra firme, al igual que Hansel.
– Sí, puede que tengas razón Dann —le respondió Morgan—, pero ambos sabíamos que esto era lo que teníamos que hacer, ninguno de los dos se interesó por otra cosa que no fuera estar en un navío tal como este.
Fue por influencia de nuestro padre.
Al igual que nosotros, él fue un gran marinero, y puede que jamás nos haya dicho que quería que siguiéramos sus pasos, pero él era un hombre que amaba el mar.
Pasó casi toda su vida navegando, así que era muy probable que nosotros dos termináramos por despertar ese mismo amor por estar en altamar.
– Se aprecia algo de nostalgia en tus palabras —observó Dann.
– Lo siento —Morgan trató de sacar una sonrisa—, no es momento de ponernos sentimentales.
– Por cierto —dijo Kasui—, ¿Quién es tu padre?
– Morgan cerró los ojos y dejó salir una pequeña risa — no se los he dicho todavía, que falta de detalles la mía, debí haber empezado por decirles eso cuando nos vimos.
– Está bien, nos puedes contar ahora.
– Claro —Morgan prosiguió con una sonrisa—, mi padre es la persona que les dije que les quería presentar cuando nos conocimos hace unos días.
– Oh, el capitán William —dijo Dann de inmediato—, espera… ¡¿Qué?!
– ¡¿Hablas en serio?!
—Kasui no pudo digerir bien lo que había oído, así que se volvió hacia su hermano—.
Dijo lo que yo creo que dijo, no escuché mal, ¿o sí?
– Creo que entendiste bien —le respondió—, aunque yo también estoy comenzando a dudar si lo que escuché fue cierto.
– Habéis escuchado bien —intervino Hansel—, ella es la hija mayor del legendario William Cormac.
– ¡Hansel!
—dijeron Dann y Kasui al tiempo.
– ¿Qué tal, chicos?
—les saludó Hansel, moviendo una mano y con una sonrisa en la cara.
– Por fin se te pasó el mal genio —le dijo Dann.
– Te alteraste demasiado cuando la capitana Morgan se desmayó.
—afirmó Kasui en un tono pícaro—.
Hay algo aquí que no nos has contado, ¿no es así?
– Pues, verás —Hansel se veía un tanto apenado—, lo que pasa es que nos conocemos desde que éramos niños, así que le tengo mucho aprecio a Morgan, ella es —Hansel miró a Morgan muy avergonzado—, una persona muy importante para mí.
Ambos estaban sonrojados.
El ambiente se puso tan tenso que Dann y Kasui, quienes pensaban en continuar haciendo bromas con respecto a ellos dos y su relación, se echaron para atrás al ver que tan seria era en realidad la situación.
– Oye —le dijo Kasui a Dann en voz baja—, ellos como que tienen algo más que una relación profesional, ¿no te parece?
– Sí, aquí hay gato encerrado.
Eso de que le guarda aprecio porque es como de la familia no me lo creo para nada —le respondió Dann.
– Solo míralos, ni siquiera se pueden mirar a los ojos.
Mejor indaguemos más, ¿te parece bien?
– Por supuesto.
—respondió Dann asintiendo con la cabeza—.
Y bien, ¿exactamente cómo se conocen?
– Por nuestros padres —respondió Morgan con la voz un tanto temblorosa.
– A-Así es, ellos se conocieron en la órden de caballeros hace muchísimos años —respondió Hansel queriendo apoyar a Morgan—, mi familia ha sido parte de los caballeros de Neos por generaciones, era obvio que yo también estaría aquí, al igual que mi padre y su padre y el padre de su padre.
Lo mismo pasa con Morgan, ¿no es así?
—Hansel miró a Morgan queriendo indicar que necesitaba ayuda con su vistazo.
– Sí, claro, mi familia también ha pertenecido a la órden de caballeros, pero ellos solo han servido en altamar, siempre, es por ello que yo también lo llevo en la sangre.
—Morgan realizó una pausa antes de responder—.
Las ganas de estar en altamar, sí.
– Creo que se desviaron un poco del tema, pero, nos acaban de dar información muy interesante —les dijo Dann.
Kasui permaneció en silencio todo el rato.
– ¿A qué edad se conocieron?
—Dann comenzó a realizar preguntas en serie sin parar ni un momento—.
¿Cómo se llama la ciudad donde pasó eso?
¿Fue en alguna cena familiar o algo por el estilo?
¿Ya sabían la existencia del otro antes de conocerse?
– Pues… pues… pues.
– Woah.
Cálmate Dann, eso son demasiadas preguntas, harás que le estalle la cabeza a Morgan.
—expresó Kiyota, quien estaba llegando—.
A Hansel no, él es un “cabezadura”, él puede aguantar más de una situación así.
– ¡Kiyota!
—dijo Kasui de inmediato vio aparecer a Kiyota.
– ¡¿Qué pasa, hermano?!
¡Saludo!
—Kiyota y Kasui se saludaron chocando sus puños de arriba abajo y sus palmas de izquierda a derecha, finalizando con el puño cerrado—.
¡Eso es!
– ¿Desde cuándo se saludan así?
—preguntó Dann—.
No hace mucho que se conocieron.
– No te pongas celoso, Dann —le respondió Kasui, a lo cual Dann se manifestó con un gesto de desinterés.
– No te preocupes —Kiyota le puso la mano en el hombro a Dann—, tú eres su hermano y eso nada lo puede cambiar.
– Sí, eso lo sé.
—Dann vio en ese momento que Hansel y Morgan se estaban alejando de ahí, pero de una manera discreta para que no lo notaran—.
Ey, ¿a dónde van?
– Ya, Dann, déjalos ir, yo responderé a todas tus preguntas —le dijo Kiyota—, los conozco a ellos desde hace mucho.
Claro que ellos son de un par de generaciones más antiguas que la mía, pero incluso así, se podría decir que los conozco de toda la vida.
Hansel es hijo del hermano mayor de mi madre, o sea que es mi primo, y Morgan es muy cercana a nuestra familia.
Su familia, la familia Cormac, ha luchado a la par con nuestra familia, la familia Magno, y ambas están entre las familias más reconocidas de todo Neos.
– Ya veo —dijo Dann—, eso es asombroso.
Creo que no los molestaré más.
– Eso me parece bien —le respondió Kiyota—, mejor concéntrate en el entrenamiento del grupo de élite, tal vez puedas aprender alguna que otra técnica, ¿no te parece?
—Dann asintió.
Dann y Kasui se fijaron en cada miembro del escuadrón de élite con mucho más detalle que antes.
Dann estaba concentrado sobre todo en la zona de arquería, quería encontrar si ellos tenían una manera específica para lanzar las flechas con el arco.
Y Kasui estaba concentrado viendo la manera en la que los magos lanzaban su magia desde los costados del barco.
Lo hacían constante, no cesaban en ningún momento, y eso daba la impresión de que su magia fuese ilimitada.
Mientras ellos miraban el entrenamiento, Marco y Lucy llegaron en silencio y se ubicaron al lado izquierdo de Dann y Kasui.
Hansel y Morgan, que estaban un poco retirados, se acercaron y se hicieron al lado derecho.
Formaron una hilera de siete personas, con Kasui en el centro de ellos, todos estaban en silencio viendo entrenar al equipo élite.
– Siempre quise ver algo como esto, y estar en un lugar como este, dirigiéndome a un nuevo lugar a vivir increíbles aventuras.
—confesó Kasui sin alzar la voz, todos se voltearon a mirarlo mientras continuaba hablando—.
Había momentos en los que sentía que no podía más con esto, encontrar una solución a mi situación me motivó a seguir luchando por mis sueños, ahora que los veo a ellos entrenando puedo decir que lo que he hecho hasta ahora no se compara en nada a eso.
– Seguro que el entrenamiento te lo imaginabas más asombroso de lo que en verdad es.
—dijo Kiyota entre risas, tratando de animar a Kasui—.
La realidad puede ser muy decepcionante a veces, eso mismo pensaba yo cuando era niño, que los caballeros eran lo máximo.
Viéndolos de cerca no son tan asombrosos como me los llegué a imaginar.
– En Elba todos son personas de niveles muy bajos, así que jamás pude saber qué era realmente el poder.
La diferencia no era muy notoria, por eso anhelaba conocer un equipo así.
– Y ahí los tienes —dijo Morgan—, la unidad más letal del Neerlandés Errante.
– Tú sola eres más que suficiente para deshacerte de todos los Kaijins que puedan existir allá abajo —expresó Kasui con una cara de preocupación y un tono comprensivo.
– ¡Cómo!
¡¿Acaso no es el mejor de los catorce mares?!
—preguntó Dann extrañado por esa afirmación.
– Así es, ahí mismo tienes tu respuesta, de hecho, este navío, al ser el más viejo de todos los barcos insignia de la flota de caballeros, es el menos fuerte.
Por supuesto que ha sobrevivido incontables batallas, enfrentamientos con Kaijins a lo largo de la historia y todo eso, pero, este navío pertenece a la anterior generación.
Los barcos modernos ya son más fuertes, resistentes y más rápidos incluso.
Tampoco hay que olvidar sus cañones, son una verdadera hazaña de la ingeniería.
– De verdad existen naves más imponentes que esta, esto es solo un viejo barco mandado a recoger hace rato, pero por su historia aún se mantiene en servicio como un símbolo que representa las hazañas y conserva viva la historia de aquellos que sirvieron hace mucho tiempo —comentó Marco.
– Eso sí que es asombroso.
Creo que ahora respeto aún más a los caballeros, son más imponentes de lo que pude haber imaginado cuando era solo un niño —dijo Kasui.
– Pero qué dices, aún eres un niño, Kasui —le replicó Dann.
– Cállate, tú eres incluso menor que yo, no te comportes como un adulto, Dann.
Primero me convierto yo en uno.
– Yo no estaría seguro de eso —dijo Marco—, si te descuidas, a Dann lo harán hombre antes de que eso pase— Antes de que pudiera terminar lo que quería decir, Marco fue impactado por un saco lleno de costras que lo noqueó en el acto.
– Ay, parece que se mareó —dijo Lucy.
– Pero —continuó Kasui—, si en realidad hay equipos más poderosos que este, no alcanzo a imaginar lo fuertes que pueden ser los altos mandos de los caballeros —Kasui agachó la cabeza.
– No te desanimes Kasui, lo mejor que puedes hacer ahora es aprender de los superiores.
—Kiyota sujetó a Kasui de la cabeza y se la alzó un poco para que viera al equipo de élite—.
Lo mejor que puedes hacer es no pensar en el futuro, ni en el pasado, enfócate en el ahora, eso es lo que realmente importa.
Kasui sonrió, dejó de reflexionar en todas esas cosas que lo agobiaban y se concentró en verlos entrenar, incluso si no podría usar las mismas habilidades que ellos, la información que obtendría con solo mirarlos, para él sería valiosa.
Al cabo de un buen rato, después de un arduo ejercicio, el equipo de élite se dispuso a recoger todo lo que tenían en la zona de entrenamiento, ya habían culminado con todo lo que tenían pendiente por ese día en cuanto a lo del adiestramiento se refiere.
– ¡Woah, eso fue increíble!
– Cálmate Kasui, tus ojos brillan demasiado, me están deslumbrando.
Ya supéralo —le dijo su hermano Dann mientras tapaba un poco sus ojos con sus manos.
– Woah.
¿Lo dices en serio?
Si sigo así podré lanzar rayos por mis ojos —Kasui abrió mucho los ojos en ese momento, como tratando en serio de sacar rayos por ellos.
– Pero qué tonterías estás diciendo, lo dije en sentido figurado.
– ¿Qué?
– N-Nada, olvídalo.
Mejor revisa tu cristal, puede que haya reaccionado a la muerte de esos Kaijins de antes.
Al estar tan cerca cuando los derrotaron, pudieron haberte dado algo de experiencia.
– Ohhh.
Tienes razón.
A ver, déjame un momento, ya mismo lo materializo…
Todos alrededor estaban a la expectativa de ver si había cambiado en algo la condición de Kasui, así fuera en lo más mínimo, estaban muy atentos a la reacción que pudiera tomar él.
– ¿Qué pasó?
¿Cambió algo?
—preguntó Marco muy intrigado.
– Nada…
Mi experiencia no aumentó en nada, sigue todo igual.
Ya…
lo veía venir.
Kasui apartó la mirada a tiempo; la imagen del cristal intacto le pinchó el pecho como un recordatorio silencioso.
Sonrió, pero por dentro la inquietud seguía ahí.
Se miraba muy desilusionado, el “brillo” en sus ojos se había ido por completo después de echar un vistazo a su cristal.
– No te desanimes Kasui, seguro encontramos la manera de remediar esto —Dann trató de animarlo de alguna manera con sus palabras—, no te desenfoques, sigue así, todo tu esfuerzo dará sus frutos.
Eventualmente.
Kasui asintió con su cabeza sin pronunciar palabra, no tenía ánimos para hacer eso, trató de mantener una sonrisa y lucir sereno para que los demás no le dijeran nada más respecto a ese tema.
– ¡Miren!
—gritó Lucy—.
Ya se ve Gibraltar.
– ¡¿Dónde?!
—preguntó Kasui mientras corría a estribor.
– Llegamos muy rápido.
—comentó Dann mientras se dirigía también a estribor con el resto—.
Creí que nos tomaría por lo menos una semana.
– Así es normalmente, pero durante la batalla contra los Kaijins nos vimos obligados a usar el arma secreta para salir de ahí de manera muy rápida —dijo Hansel.
– ¡¿Arma secreta?!
– ¿No habéis escuchado un fuerte disparo proveniente de la proa?
—le preguntó a Dann.
– Sí, pero pensé que había sido un cañón que había sido disparado hacia el Kaijin.
A decir verdad, sonó más duro que un cañón normal.
– Eso es porque ese cañón arroja una carga un poco más pesada que una bala de cañón normal —agregó Morgan.
– ¿Y qué es lo que lanza entonces?
—preguntó Dann muy extrañado por esa afirmación que había hecho la capitana Morgan.
– Eso —la capitana le señaló a Dann un lugar en específico en el cielo.
– «¿Qué hay ahí?», se preguntó Dann mientras trataba de encontrar algo en las alturas.
– Una vela —dijo Hansel casi como adivinando los pensamientos de Dann.
– Una vela.
—Dann la logró divisar en lo alto—.
Por eso el navío se movía mucho más rápido.
– Sí, la vela atrapa las corrientes de aire de alta velocidad que hay a unos cientos de metros arriba en el cielo, está sujeta al barco por esa enorme soga —indicó Morgan—, Hansel fue muy astuto al darse cuenta de la corriente de aire y lanzar la vela.
– Claro que eso nos sacó un poco de curso —comentó Marco—, pero no fue tanto como creíamos, la mayoría de las corrientes de aire suelen dirigirse hacia Neos, la isla de Gibraltar queda en la otra dirección, por eso nos preocupaba mucho.
– ¿Y cómo hacen para bajarla?
– No lo hacemos —respondió Morgan—, cortamos la soga y dejamos que la vela se marche con el viento, las corrientes de aire a esa altura son demasiado fuertes, tanto que consiguen mover este navío a semejante velocidad.
– Por eso es el arma secreta —dijo Hansel—, solo se puede usar una sola vez.
La vela ocupa mucho espacio en la bodega como para cargar varias, eso les quitaría sitio a las provisiones más importantes.
– Eso tiene sentido —dijo Dann sin apartar su vista de la vela.
– ¡Mira, Dann!
—gritó Kasui—.
¡Esa isla es enorme!
¡Elba no se puede comparar!
Dann se hizo al lado de Kasui, se estaban acercando muy rápido a la costa de la isla Gibraltar.
A esa distancia ya se lograban ver algunos navíos de gran tamaño, pero no tanto como el Neerlandés.
Y detrás de los barcos, una ciudad en la costa.
En tamaño casi se asemejaba al área total de la isla de Elba.
Era la ciudad de Gibraltar, y allí estaba el legendario Capitán William Cormac, la persona que Kasui estaba esperando conocer con mucha ilusión, porque confiaba que pudiera ayudarlo de alguna manera.