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X: WARRIOR - Capítulo 13

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13: ENFRENTAMIENTO 13: ENFRENTAMIENTO ENFRENTAMIENTO  – ¡¿Q-Qué?!

Kasui no lo podía creer.

Aun estando tendido en el suelo, no pudo digerir las palabras que había acabado de decir el capitán William.

Estaba viendo a quien sería su contrincante, esperando de pie detrás de él, preparándose para enfrentarlo en unos instantes.

Al parecer él fue el único que se tomó muy en serio las palabras del capitán, pues los demás tampoco podían descifrar lo que estaba sucediendo en ese lugar.

– Papá, ¡¿qué significa esto?!

—preguntó Morgan.

Ella se encontraba más desconcertada que el resto, sabía que la seriedad que reflejaba la cara de su padre era algo grave, puesto que él solo se ponía así cuando se trataba de una situación de extremo peligro.

Ella recordaba haberlo visto así en un par de ocasiones antes y sabía de antemano que lo que estaba ocurriendo era algo bastante serio, pero al tratarse de Kasui no podía evitar sentirse angustiada y confundida.

– ¿Por qué estás actuando de esa manera tan de repente?

Respóndeme —insistió Morgan.

Kasui se empezó a poner de pie.

Si hacer frente a la persona que tenía delante era lo que tenía que hacer, entonces él lo haría sin ningún inconveniente.

– Oye —dijo Kasui—, yo te conozco.

Eres el elfo que vimos en el pueblo hace un rato, ¿no?

¿Qué haces aquí?

El joven se limitó a asentir de forma sutil con la cabeza.

En ese momento estaba tomando distancia de Kasui y poniendo su espada de práctica justo delante, como indicando que estaba listo para empezar el enfrentamiento en cualquier instante.

– Oye, ¿me puedes comprender?

— «Rayos, creo que tendré que hablarle en élfico, ¿Cómo es que era?», pensó Kasui en ese momento —.

Esto…  – ¡Toma!

—le gritó el elfo.

El joven le había lanzado la espada de práctica que tenía en sus manos a Kasui con un poco de impaciencia, y enseguida caminó a un lado del tablado para agarrar otra espada de madera que había en un pequeño estante para poner espadas.

Dando pasos ligeros regresó a su posición inicial y prosiguió diciendo:  – ¿Sabes algo del arte de la esgrima?

– «Así que sí sabes comunicarte en mi idioma, eso facilita las cosas», pensó Kasui — Claro que lo sé, he entrenado por mi cuenta unas cuantas veces —le respondió.

Kasui pasó saliva, en serio estaba nervioso, el joven elfo que tenía a unos cuantos pasos se veía poderoso, su tan calmada expresión, su postura y aura hacían de su presencia algo estremecedor para él.

Luego de recibir la espada, Kasui la agarró muy fuerte con sus dos manos y se puso en la posición de batalla que sintió más cómoda.

Pudo fijarse en el tacto de la madera en la palma de sus manos con cierto detalle, mientras la boca se le llenaba con un sabor metálico, imaginario.

– ¡Oye viejo!

—le gritó Kasui al capitán William—.

¡No sé qué carajos quieres ver en esta pelea, pero te demostraré de lo que soy capaz!

– Muy bien —le respondió—, ahora, ¡empiecen!

– ¡Detén esto, papá!

—dijo Morgan al tiempo.

– No te metas en este asunto, Morgan.

Pronto verás algo que jamás habías visto en toda tu vida, ¡así que mantente al margen y espera!

Al tiempo en el que el capitán William dio la orden, Misuru agitó su espada hacia un lado, sosteniéndola solo con su mano derecha y luego la agitó hacia abajo, miró directo a los ojos a Kasui y comenzó a correr en su dirección con la espada de nuevo tendida a su costado.

– «Ahí viene.

Joder, es muy veloz.

Debo reaccionar más rápido que él», pensó mientras se preparaba para defenderse — ¡Aquí vamos!

Kasui trató de agudizar sus sentidos y así conseguir concentrar toda su atención en los ataques de su contrincante.

— «Bien, veamos qué es lo que tienes», pensó.

— Sus ojos se movieron por reflejo hacia la mano derecha de Misuru, con la cual estaba sosteniendo la espada, y pudo notar que la estaba alzando levemente mientras se acercaba a Kasui.

— «¡Lo veo, puedo ver su ataque venir!», pensó lleno de emoción.

— Kasui dirigió su espada a la altura de su hombro para frenar el asalto.

– ¡Te tengo!

—gritó al creer que lo había logrado.

– ¡Kasui, cuidado!

—le gritó Dann.

Kasui se dio cuenta de que ese no era el único ataque que Misuru estaba dirigiendo hacia él, se había concentrado tanto en la mano derecha de Misuru que no notó que en la mano izquierda tenía otra espada.

Misuru, con una velocidad inhumana, alejó el brazo izquierdo, el cual estaba pegado a su cuerpo, y dirigió una estocada directa al pecho de Kasui.

Para cuando Kasui se dio cuenta, la espada de madera estaba a escasos centímetros de alcanzar su pecho.

– «Mierda, ¡mierda!

Esto es malo, ¡¿de dónde demonios salió la espada?!», se preguntaba Kasui —, ¡Ahhh!

El impacto arrojó a Kasui varios metros hacia atrás.

Misuru había apuntado su ataque lleno de intención y con bastante precisión a un lado de su corazón para evitar alguna hemorragia interna o un paro cardiaco por culpa del golpe.

No quería dejar fuera de combate a su oponente tan rápido, al parecer a él también le intrigaba la razón por la cual su maestro William lo había puesto a luchar contra Kasui.

– Oh, estilo a dos espadas —comentó Hansel—, es interesante, muy interesante.

Es bastante inusual ver a alguien que use dos espadas hoy en día.

– ¡Levántate!

—le dijo Misuru a Kasui—.

¡Es una vergüenza que caigas en un engaño como ese!

¡Hasta un niño de cinco años se daría cuenta de la otra espada!

– Sí, sí, ya deja de molestar.

—dijo Kasui todavía en el suelo—.

A decir verdad, me sorprendió que utilizaras un truco de ese estilo, un niño de cinco años se daría cuenta, ya que ellos lo suelen hacer mucho.

¿Acaso eres un niño pequeño?

– ¿Qué acabas de decir?

—le sopló Misuru—.

Usar tácticas para distraer al enemigo y lograr asestar un golpe es algo que se hace en un correcto plan de batalla, que tú no tengas un adecuado entrenamiento militar y no sepas esto, no es problema mío.

– Ya cállate —Kasui se levantó—, no creas en ningún momento que, porque lograste asestar un golpe, ya ganaste la batalla.

Esto apenas comenzó.

Misuru sonrió como respuesta.

Misuru emparejó sus dos espadas a la altura de su abdomen, como si una fuera el reflejo de la otra.

Kasui también se preparó para continuar.

Esta vez fue Kasui el primero en moverse, se dirigió hacia Misuru con intenciones de atacar con mucha potencia.

Kasui sabía que su fuerza física era mayor a la de una persona normal, él había entrenado sus músculos casi hasta el límite de lo que le permite su cuerpo.

Gracias a eso, en un instante ya se encontraba delante de Misuru, dio un pequeño salto para ganar altitud y atacar desde arriba, pero Misuru no se inmutó en ningún momento por este movimiento.

– ¡Muy lento!

—dijo Misuru.

Misuru bloqueó el ataque de Kasui con una sola espada, y al tiempo que lo hacía, lo atacó con la otra.

Le dio una pequeña estocada en el mismo punto en el pecho de antes, en esta ocasión solo lo alejó por unos cuantos metros.

– ¡Maldición!

—exclamó Kasui—.

Parece que tienes mucha puntería.

– ¡No te distraigas!

—dijo Misuru de inmediato.

Sin dejar tiempo para que Kasui ideara algo, Misuru ya se había acercado y estaba dirigiendo ataques consecutivos con ambas espadas a Kasui.

De manera gradual aumentaba la velocidad de dichos ataques, provocando que los bloqueos de Kasui fueran cada vez menos eficientes.

Varios de los azotes estaban comenzando a penetrar la defensa de Kasui.

Ahora estaba recibiendo golpes en sus hombros, en su pecho y vientre.

— «No solo está aumentando la velocidad, también la fuerza de sus ataques», pensó Kasui.

– Trata de contraatacar —le dijo Misuru sin dejar de atacar—, no podrás defenderte por siempre.

– Ya lo sé —respondió Kasui.

Kasui trató de devolver los ataques, pero la velocidad en la que Misuru agitaba sus espadas no lo dejaba.

— «¿Cómo pretende que haga eso?», se preguntó.

— Misuru lo había hecho retroceder tanto que ya casi estaba al borde de la plataforma y aún no encontraba una forma de hacer que Misuru se detuviera, lo único que conseguía concebir era tratar de bloquear los ataques que conseguía alcanzar.

En un intento por frenar a Misuru de un solo asalto, Kasui dejó de bloquear y permitió que los ataques de él le dieran de lleno por un instante.

Entonces, cambió la dirección de su espada y la apuntó directo a la cara de Misuru.

– Eso es jugar sucio —le reprochó Misuru.

Al segundo siguiente, Kasui atacó a su cara con el golpe que tenía preparado, pero no solo no lo alcanzó, sino que también lo perdió de vista.

Misuru había desaparecido de su campo de visión.

— «¿Eh?

¿A dónde se fue?

Estaba aquí hace un segundo», se interrogaba un poco confundido.

– Si te preguntas en dónde estoy —dijo Misuru—, la respuesta es, “aquí”.

La voz de Misuru venía de detrás de Kasui.

Tan pronto lo escuchó, trató de girar su cabeza, pero la patada de Misuru que impactó en su espalda no dejó que lo hiciera.

Kasui salió disparado hacia el otro lado de la plataforma, y solo se detuvo al lado del estante donde ponían las armas para el entrenamiento, donde logró ver una que destacó del resto y llamó mucho su atención.

– Eso… ¿Eso es?

Kasui estaba asombrado, de inmediato soltó la espada, se paró y tomó el martillo de guerra de madera que estaba en el estante.

Al tenerlo sujeto en sus manos comenzó a moverlo y a girarlo en todas direcciones a una velocidad considerable.

Se estaba adecuando al peso y a la maniobrabilidad del martillo.

– Bien, ahora sí creo que las cosas pueden cambiar —dijo Kasui—, con esta arma te derribaré.

– ¡Inténtalo si quieres!

—exclamó Misuru—.

¡Pero de verdad dudo que lo consigas!

Kasui arremetió con mucha más fuerza que antes.

A pesar de llevar un enorme martillo de madera, no lucía estar apurado.

Antes de llegar hasta el punto donde estaba Misuru, Kasui sacudió su martillo por su lado derecho hacia Misuru.

La longitud del martillo le permitió realizar el ataque un poco más lejos de lo que lo hacía con la espada de manera regular.

Misuru intentó recibir el asalto como lo hacía antes, pero se dio cuenta muy rápido de que no le funcionaría esta maniobra, y se vio obligado a poner sus dos espadas para frenar el ataque de Kasui.

E incluso a pesar de esto, Misuru retrocedió varios metros en horizontal después de bloquear el golpe.

– Luces cansado —señaló Kasui como queriendo burlarse de él—, ya no tienes la expresión relajada de antes.

Es increíble que un solo ataque con el martillo te arrinconara en ese estado.

– Deja de presumir tanto y no bajes la guardia —le respondió Misuru.

Como ya había detenido el ataque de Kasui, Misuru contraatacó con una de sus espadas.

Kasui retiró su martillo y lo situó en medio para usarlo como defensa y lo hizo, además, con una velocidad muy vertiginosa, tanto que logró sorprender a Misuru.

– ¿Crees que eso me detendrá?

—dijo Misuru de forma fervorosa.

Misuru duplicó la velocidad con la que atacaba.

Le estaba propinando estocadas a Kasui con sus dos espadas, las cuales Kasui podía bloquear con su martillo.

La madera crujió con cada golpe; Kasui sintió el aire expulsado de su pecho y el sabor metálico imaginario le volvió a llenar la boca.

Cuando Misuru lo atacó, la madera vibró hasta cada borde.

– Vaya, parece que te estás haciendo más lento.

—opinó Kasui, casi en tono de provocación—.

Si no me quieres atacar, entonces yo lo haré.

Kasui comenzó su cadena de ataques, un martillazo tras otro a ambos costados de Misuru, los cuales no podía bloquear por completo, cada ataque hacía que su cuerpo se sacudiera muy violento y que de manera eventual se fuera entumeciendo.

Kasui, al darse cuenta de que sus ataques estaban teniendo una clase de efecto adverso en su contrincante, trató de aumentar la velocidad.

Al mismo tiempo en el que diversificaba los patrones de ataque, todo para que a Misuru no se le ocurriera una contramedida después de ver que él atacaba en un patrón predeterminado.

Por el momento esa era su técnica de pelea, mientras ideaba otro método para agotar las reservas de energía de su contrincante y hacer que con el pasar del tiempo y soportando golpes, se rindiera.

– ¿Un martillo de guerra?

—preguntó Kiyota.

– Así es —respondió Dann—, esa es la verdadera esencia de Kasui.

Aunque tiene una buena técnica y puede blandir una espada, peleando contra un adversario que sabe usar tan bien ese tipo de arma, se siente más cómodo usando un martillo que una espada.

Puesto que le ha invertido más horas de entrenamiento al martillo que a cualquier otra arma.

– Ya veo —dijo Kiyota—, eso quiere decir que Kasui será un Guerrero en el futuro.

– Eso es incierto, Kiyota.

—expresó Hansel—.

Kasui ha demostrado tener una considerable experiencia en muchas áreas, se ha entrenado en muchas artes y domina técnicas muy diversas en cada uno de ellos.

– ¿Cómo es eso posible?

—preguntó Kiyota—.

Si sus Magículas se manifiestan en otras artes, será demasiado peligroso para él.

– No podemos afirmarlo con certeza.

—dijo Morgan—.

Kasui… él tiene la enfermedad del “lienzo de Maná”.

– No puede ser cierto —dijo Kiyota, con una expresión de extrañeza—, eso quiere decir que jamás podrá…  – Eso no es cierto —irrumpió William en la conversación—, el “lienzo de Maná” no es una enfermedad, es algo mucho peor.

Cuando el capitán dijo esto, Dann giró a verlo con una cara de horror, pues le asustó mucho lo que había acabado de decir.

Si de verdad era peor que eso, entonces, ¿qué le depararía el destino a Kasui?

¿Cuál sería el rumbo de su vida sabiendo que el problema es mucho mayor de lo que se imaginaba?

– E-Entonces —trató de decir Dann—, podría decirnos.

¿Qué es el lienzo de Maná en realidad?

El capitán William desvió la mirada un momento.

Sus ojos irradiaban una angustia inmensa, y un nudo en la garganta no lo dejaba sacar las palabras con claridad.

Trató de aclarar su voz y de volver a la normalidad con notorio esfuerzo, y así contarle a todos lo que sabía.

– Es cierto que, no poder desarrollar ninguna habilidad es un evento desafortunado para el muchacho, sin duda alguna, pero —dijo William—, a decir verdad, el conteo total que se conozca, de personas con lienzo de Maná es… cero.

Las probabilidades de que tengas lienzo de Maná también son cero.

– ¿Q-Qué?

—preguntó Dann extrañado—.

¿A qué se refiere con eso?

– Entonces, si las posibilidades son cero.

¿Por qué Kasui tiene lienzo de Maná?

—preguntó Marco confundido.

– Eso es porque… bueno, la verdad eso es muy poco probable.

Lo cierto es que no creo que eso sea posible.

Tal vez, la razón por la que el joven Kasui no puede desarrollar habilidades de ningún tipo sea por otra razón, no exactamente por “lienzo de Maná”.

– Eso no puede ser, nuestro abuelo nos lo dijo él mismo, que lo que tenía Kasui era “lienzo de Maná”.

– ¿Acaso tu abuelo es médico o es un mago de magia de sanación de nivel elevado?

—preguntó William.

– N-No.

– Entonces no hay ninguna razón para preocuparse, además, es casi imposible que un médico común sea capaz de determinar la existencia del lienzo de Maná en una persona.

– ¿Por qué?

—preguntó Kiyota.

– Porque… Bueno, eso solo lo podría definir una persona del calibre del director de la academia de Magos de Merlín, o alguien con un poder mágico descomunal en un rango muy alto.

– Pero nuestro abuelo era caballero, así que tal vez pudo pedirle a algún mago de alto nivel que lo hiciera por él, cuando se llevó a Kasui fuera de Elba, hace ya muchos años.

– Oh, conque su abuelo era caballero —dijo William—, y, ¿cuál era su nombre?

– Él se llama Rizu… o se llamaba.

No hemos sabido nada de él por dos años, desde que se fue un día de Elba sin decirnos nada, no lo hemos vuelto a ver.

– R-Rizu.

— «Rizu, no había escuchado a alguien pronunciar ese nombre en años, es muy probable que se trate del mismo Rizu en el que estoy pensando.

Lo supe por rumores de viejos conocidos, hace muchos años se fue a vivir a Elba, y si fue él quien lo dijo, entonces no hay ninguna duda», especuló, muy angustiado.

– ¿L-Lo conoce?

—preguntó Dann.

– ¿Padre, te encuentras bien?

—le preguntó Jasón.

El capitán se hallaba agitado, la ansiedad lo iba descontrolando de a poco, no sabía si lo que estaba pasando en ese momento era real o solo era un mal sueño.

– Sí, estoy bien, no te preocupes, Jasón —expresó mientras recuperaba el aliento.

– Señor William —dijo—, ¿Qué le pasa a mi hermano?

– «E-Esa mirada.

Creo que él lo lamentará si se lo digo, pero seguro lo lamentaré más yo si no lo hago ahora que hay tiempo», pensó William —, perdona chico, no quería preocuparte, pero, no te voy a mentir, la situación es muy peligrosa.

– Papá —dijo Morgan—, deja de dar rodeos y dinos de una vez.

– El lienzo de Maná no es una enfermedad.

—dijo, con una pequeña pausa antes de continuar—.

Es una maldición.

Un frío indescriptible recorrió el cuerpo de todos los presentes en ese momento.

Morgan se agarró la ropa con fuerza a la altura de su cintura y se volteó a mirar a su hermano Jason, quien abrió los ojos de par en par.

Lucy cubrió su boca con la palma de su mano.

Cada uno de los presentes quedó en shock al oír esta afirmación, pero, sobre todo Dann.

El mundo se desvaneció para él en un instante, solo quedó él y sus pensamientos, resonando una y otra vez la última palabra que dijo el capitán, “maldición”.

– N-No —Dann dejó salir un “no” ahogado.

Dann se giró para ver a su hermano Kasui, no podía asimilarlo del todo, quería gritarle a Kasui, lo quería llamar con todas sus fuerzas, pero sus palabras no salieron de su boca, se ahogaba en la desesperación, se estaba quedando sin aire y sentía que perdía la cordura a cada segundo que pasaba.

– Tranquilo —dijo Morgan—, hallaremos la manera de solucionarlo.

Morgan estaba abrazando a Dann, con lágrimas en los ojos y con la mirada perdida.

Ella, en este punto, no concebía la magnitud de este problema, pero sus palabras fueron muy en serio.

Todos los allí presentes tenían la vista nublada y la cabeza agachada.

– L-Las maldiciones siempre causan que las personas al final…  – ¡Lucy!

¡No lo digas!

—la interrumpió Marco.

– Eso es en los casos de maldiciones normales —expresó William—, pero el lienzo de Maná…  – ¡Papá!

¡Y todos ustedes, ya basta!

—exclamó.

Morgan lo interrumpió de manera brusca.

Sin dejar de abrazar a Dann, trató de tapar sus oídos para que no escuchara ni una palabra más de lo que estaban diciendo, se encontraba tan devastada que no pudo ocultar su angustia ni un instante.

– Vámonos Dann, te llevaré a una habitación para que puedas descansar.

– No —respondió en voz baja—, t-tengo que decírselo a Kasui, él debe enterarse de esto…  – ¡No!

—dijo Morgan, enseguida intentó regular su voz para no llamar la atención de Kasui—.

No.

Primero debemos hallar una posible solución…  – ¡Morgan!

—dijo el capitán William, interrumpiendo lo que estaba diciendo ella—.

Kiyota, llévate al niño de aquí.

– ¡No, no me quiero ir!

—dijo Dann.

– Lo siento, me tendrás que disculpar por esto.

Kiyota le propinó un golpe con el filo de su mano en el cuello que lo dejó inconsciente de inmediato.

Kiyota lo recibió antes de que cayera al suelo y se lo llevó cargando en su espalda.

– Bueno, lo dejaré en una de las habitaciones, enseguida regreso —dijo Kiyota.

– ¡E-Espera, Kiyota!

—Morgan intentó detenerlo, pero su padre la llamó de inmediato.

– ¡Morgan!

¡Detente de una vez!

– ¡Pero, papá!

¡Debemos…!

– ¡Cálmate, Morgan!

—le replicó William—.

¡Nosotros no podemos hacer nada para salvarlo!

Pero te pido que me escuches.

– Morgan, por favor, hazle caso a nuestro padre —dijo Jasón.

Morgan se secó las lágrimas que bajaban por su mejilla, y mirando cómo peleaba Kasui contra Misuru, le respondió a su padre.

– Te escucho.

– Lo siento, no puedo ser de ayuda en este caso, Morgan, la condición de Kasui es muy peligrosa para dejarlo en esta isla.

En esta, o en cualquiera.

Entre más tiempo se quede aquí, más peligro vamos a correr todos los que estemos a su alrededor.

Morgan lo reparó con una cara llena de incredulidad y decepción, no podía creer lo que estaba escuchando decir de su padre.

– No me mires así, no tienes ni la menor idea de lo que esto representa.

—dijo y luego dejó salir un suspiro seguido de una pausa—.

Pero sé de alguien de seguro tiene más información al respecto.

Morgan se limitó a permanecer en silencio mientras observaba a su padre hablar, se le ocurrió que podría llevarse de ahí a Kasui a cualquier parte en el Neerlandés si su padre lo consideraba un “peligro” ahí.

Morgan estaba dispuesta a ayudarlo con todo lo que estuviera en su potestad, no permitiría que Kasui pasara por lo mismo que vivió su madre cuando ella era tan solo una niña.

– ¿Quién es?

—preguntó muy seria—.

Dime quién nos puede ayudar y yo me llevaré a Kasui a donde quiera que esa persona se encuentre.

Lo que había acabado de decir Morgan había generado una gran impresión en todos, la piel se les erizó al escuchar a Morgan decir esto con tanta determinación.

– M-Morgan —dijo Jasón—, ¿lo dices en serio?

– Por supuesto que hablo en serio, ¿acaso olvidaste lo que le pasó a mamá?

Morgan se asustó de solo pensarlo, el recuerdo era tan real que todavía podía sentir el horror que vivió ese día al lado de su madre, en sus últimos momentos de vida.

– Si hay una manera… no dudaré en tomarla —dijo Morgan—, incluso si no me quieres ayudar, incluso si pierdo mi cargo como capitana del Neerlandés Errante no voy a desistir, ahora… dime el nombre de esa persona.

– Está bien —habló William, después de un suspiro prosiguió—, pero antes de decirte eso, déjame explicarte algo.

Quiero que sepas lo que yo sé acerca del “lienzo de Maná”.

– ¿No es como las maldiciones normales?

—preguntó Jasón—.

Mamá… murió por una maldición del atributo rayo.

Después de lo que le ocurrió a mi mamá me enteré de que no solo puede ser el rayo, los demás elementos también pueden estar atados a las maldiciones.

– Las maldiciones comunes están ligadas a los elementos —dijo William—, cuando una persona es maldecida, una magia muy antigua liga un elemento como el fuego, el agua, el viento, la tierra o… el rayo, y eventualmente la persona sucumbe.

Los maldecidos mueren de una manera muy dolorosa en la mayoría de los casos.

– N-No puede ser —dijo Lucy asustada—, eso quiere decir que Kasui…  – No… lo que le depara a Kasui es… mucho peor que la muerte —dijo William con el pavor surgiendo de sus ojos.

La afirmación que acababa de decir el capitán William era más fuerte de lo que se esperaba, la impresión solo aumentó y el pánico los comenzó a consumir con extrema lentitud.

– A qué te referís, ¿capitán William?

—preguntó Hansel con un nudo en la garganta—.

He visto de cerca al momento final varias veces y debo decir que es… aterrador, no creo que haya algo mayor a eso.

– Hansel —dijo William, seguido de un hondo suspiro—, las cosas que oculta este mundo en el que vivimos son demasiadas.

Son tantas que, si supieras una enésima parte, opinarías que toda tu vida fue un engaño y que lo único que has estado haciendo es… nada.

– Entonces, si el lienzo de Maná es mucho peor, ¿qué es exactamente?

—preguntó Marco.

– Las maldiciones están descritas en textos antiguos, la forma correcta y los pasos a seguir para lograr una maldición exitosa, también los requerimientos de poder mágico para conseguirlo.

Todas tienen su “cura”, pero es mucho más difícil deshacer la maldición que hacerla, el precio a pagar es demasiado alto.

Por lo menos en los métodos que he escuchado.

– Eso quiere decir que el coste a pagar para deshacer el lienzo de Maná es mucho mayor al precio de una maldición normal, ¿es eso?

—dijo Marco.

– No.

En uno de los “libros santos” existe el procedimiento para deshacer la maldición, pero, no existe el método para realizar la maldición.

– ¿A qué te refieres, padre?

—preguntó Jasón.

– Si solo existe la manera de deshacerlo, entonces, ¿cómo es posible que Kasui la tenga en primer lugar?

—preguntó Marco, muy extrañado.

– Eso no puede ser posible —dijo Lucy—, si no existe el método, eso quiere decir que…  – Así es —dijo William—, nadie en este mundo puede hacer esa maldición, podríamos decir que el libro santo que contiene la “cura” fue alterado o que robaron una de sus páginas que contenía el proceso para ejecutarla, pero la verdad es que el libro está intacto, o al menos eso es lo que dicen.

Yo no tuve ni tendré el rango suficiente para saber esos datos con certeza, solo hice buenos amigos a lo largo de la vida, quienes me pasaron la información de manera extraoficial.

Si quieres saber más sobre ese tema, deberías preguntarle a tu padre, Hansel, él debe tener toda esa información en su oficina del cuartel general, ¿no?

– S-Sí, claro, mi padre.

Como si eso fuera a ocurrir —respondió en tono pesimista.

– E-Entonces, la persona a la que debemos consultar es el padre de Hansel —dijo Morgan con voz temblorosa.

– Sí y no.

Hay otra persona a la que deben consultar primero, su nombre es Severus, Severus Panser —indicó el capitán William.

– ¿Se-Severus?

¿El director de la academia de magos de Merlín?

– Sí, ese mismo.

Hay pocas personas en el mundo que tengan un estatus similar al de Severus, y si quieres saber los secretos que aguardan en este plano, nadie mejor que él para consultar.

Claro que esto solo lo sabemos las personas cercanas a él, así que guarden este dato como un secreto.

Si esta información sale a dominio público, se generará el caos en todo el mundo.

– ¿Por qué la gente no se horroriza por el lienzo de Maná entonces?

—preguntó Marco.

– La maldición del lienzo de Maná era un tema confidencial hace muchos años, pero de alguna manera la información se filtró al público, tal vez fue robada, o se coló por algún alto mando de modo intencional, eso no es claro.

Pero para que no se generara el pánico en todo el mundo, los altos mandos de todas las naciones decidieron clasificar la maldición como una simple enfermedad de extrema rareza, mucho mayor a la enfermedad de “Abnegación de Magículas”.

Después, con el tiempo, todos se calmaron del alboroto que había generado la noticia y poco a poco se fue olvidando ese incidente, hasta el día de hoy.

– A-Aterrador —dijo Hansel—, por esa razón me alejé de mi padre, todo lo que él debe saber hoy en día y lo que oculta.

Siempre lo imaginé, pero no creía que pudiera llegar a este calibre.

– Estoy seguro de que te sorprenderás más de lo que opinas, Hansel, pero no debes culpar a tu padre por ocultarle eso a ti y a todo el mundo, eso lo hace para protegerlos, para protegerte.

—dijo William—.

El mundo es un lugar vasto, sin duda, nunca sabes con qué te va a impresionar, a pesar de los años que tengo aún hay cosas de las que me sorprendo —dijo al momento en el que miró a Kasui.

– ¿Qué hacemos ahora?

—le preguntó Morgan a su padre.

– Lo siento, hija, quisiera tener más detalles que darte, pero… esto es todo lo que puedo hacer.

Ve y lleva al chico con Severus, allí tendrán un panorama más detallado de lo que están enfrentando, luego pueden ir con el padre de Hansel a recopilar más información.

– ¿Y cómo podemos hablar con él?

—dijo Jasón—.

Digo, todos saben que él no recibe a cualquiera.

– Buen punto.

—William se quedó pensando antes de responder—.

Solo se conocen un par de decenas de casos de lienzo de Maná en toda la historia, el último del que se tenga información fue uno de hace más de cien años, fue reportado justo en el epicentro del conocido incidente de… “La aniquilación de Barbiso”.

– E-El incidente donde toda una capital fue arrasada.

—dijo Morgan—.

F-fue ¿fue causado por la maldición del lienzo de Maná?

William dudó en responder, su cara estaba nublada, ya no quería seguir hablando más del tema.

La razón por la que se retiró de su oficio fue porque no pudo soportar la realidad del mundo en el que vive, todos los enigmas que hay en torno a él lo agobiaban tanto en sus años de servicio, que lo obligaron a abandonar todo por lo que luchaba.

– Así es.

Si aún quieres que el chico se salve, debes ir con Severus y preguntarle tú misma por su ayuda —dijo—, aunque la verdad no sé si puedan hacer algo, incluso si saben cómo deshacer la maldición.

– Lo haré —dijo Morgan con determinación—, después de oírte decir eso, solo tengo más razones para hacerlo.

William se giró asombrado para ver a su hija, en ese momento realizó que su pequeña niña se había convertido en toda una mujer, valiente y con una osadía inquebrantable.

Él estaba muy orgulloso en ese momento.

– Oh, recordé algo más para que lo tengan en cuenta cuando conozcan a Severus, tal vez si se le menciona el tema, él los reciba y no los mande a volar lejos como suele hacer; los casos de lienzo de Maná son tan escasos y raros que, a las personas bajo su yugo, desde hace siglos se les conoce como… “Los hijos caídos de Dios”.

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