X: WARRIOR - Capítulo 2
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2: DE FRENTE A MI PROPIA SOMBRA 2: DE FRENTE A MI PROPIA SOMBRA DE FRENTE A MI PROPIA SOMBRA Estando a una hora o algo más de que se ocultara el sol, aún entrenando muy en lo profundo del bosque como solía hacer siempre después de salir de clases, o escaparse, según el día.
Kasui se daría cuenta de que ese día no finalizaría como suelen hacerlo todos; con él muy agotado dirigiéndose a su casa, con las manos, pies y piernas un poco lastimadas de golpear los troncos de los árboles, con tanta hambre, que hasta los rugidos de su estómago espantarían a un Diostedé (Una especie de ave tremendamente horrible, con la apariencia de un polluelo de buitre recién nacido, con escaso plumaje, una piel púrpura muy arrugada, ojos amarillos saltones, que habita en los bosques muy densos, y a la que se le atribuyen muchos mitos de desapariciones en la isla), y con la fatiga extraña que suele dar a veces y no sabes si es agotamiento, hambre, falta de sueño o todas juntas en una fuerte combinación que solo genera desesperación y ganas de que acabe pronto.
– ¿Si lo hago de esta manera, generaré más poder en mis patadas?
Se preguntaba en voz alta mientras hacía una serie de movimientos ligeros, pateando el aire, con las piernas extendidas hacia arriba, asemejando estar en una pelea real.
Todo esto mientras vestía un chaleco y unos pantalones hechos de piel de Oso de montaña que estaban fabricados a mano, y con unas placas de piedra amarradas de una manera improvisada para generar peso extra.
– No… si lo hago así, solo produciré más aperturas.
No lograré desarrollar mi estilo de pelea a este paso.
Mmm.
Mejor… no, así tampoco va a funcionar, ¡joder!
—gritó mientras se quitaba el chaleco y lo echaba lejos de él.
El aire del bosque olía a corteza húmeda y sudor; cada golpe que lanzaba Kasui era un rugido contenido contra su propia debilidad.
– ¿Qué carajos estás haciendo?
Exclamó Dann un poco desconcertado, quien se hallaba parado en la rama de un árbol al borde del pequeño claro donde suele entrenar Kasui.
– ¡¿Da-Dann?!
¿Hace cuánto estás ahí?
– Estuve el tiempo suficiente para ver tu lado más ridículo.
Parecías una bestia salvaje con eso puesto, casi te lanzo un par de dardos sedantes… No, espera, todas las bestias son enormes, y tú eres un enano, eso no tiene sentido.
– Oye, eso es cruel, mi altura es promedio y, además, estaba entrenando.
– ¿Tú?, ¿entrenando?
—dijo en un tono burlón, aunque sus ojos reflejaban preocupación—.
Terminarás dañando tu cuerpo a este paso, si no subes de nivel de manera regular, no podrás transformar ese poder físico en Magículas (Las Magículas son, partículas diferenciadas del Maná, donde una de sus funciones es almacenar energía o fuerza física, sin reflejar cambios en el cuerpo, esto permite que las personas de niveles altos con grandes cantidades de Magículas, tengan una fuerza descomunal comparable a los titanes, pero conservando la integridad de su cuerpo.
Se le conoce comúnmente como “el otro manto” o también “cuerpo astral”, por las clases altas), eventualmente no te podrás fortalecer más y lo único que harás será destrozar tus fibras musculares… Sabes lo que implica eso, ¿no?
– Sí… Lo sé muy bien.
Respondió Kasui mientras clavaba su mirada en el suelo un poco desilusionado.
Permaneció así por un momento, apretó su puño y acto seguido lo alzó hacia arriba junto con su mirada, y apuntando al cielo dijo.
El eco de su respiración se confundía con los insectos del atardecer: era el sonido de alguien que aún se negaba a aceptar su límite.
– Pero a pesar de todo eso, no me daré por vencido, saldré de este abismo en el que estoy metido y tú —señaló con rapidez a Dann—, vendrás conmigo, me acompañarás en mi camino y serás el mayor testigo de mis hazañas.
Dann solo se limitó a mirarlo con cierta alegría mientras hablaba.
No quería decir nada que interrumpiera los ánimos tan fervorosos que brotaban de Kasui en ese instante.
– Así podrás contarle al mundo toda mi historia, ¡De cómo me convertí en el Rey!… No, rey no —se replicó con un tono más bajo—, los nobles no me agradan mucho, y su olor… Huelen como a perfume de uvas.
Sí, uvas pasadas (Esto lo decía porque, no hacía mucho tiempo, un noble visitó Elba, más precisamente La academia Liorna, en busca de jóvenes prodigios a los cuales patrocinar y formarlos con los más altos estándares para que luego se unieran a su guardia personal).
Pensándolo bien, no tengo una ambición, o algo por lo que valga la pena el esfuerzo… – Subir de nivel con normalidad, mantener una vida común y sin afanes, no agobiarte por deber entrenar a cada minuto del día que pasa —agregó Dann.
– Eso es diferente… Y sonó un poco desalmado, sabes.
Incluso con mi gran desventaja puedo aspirar a alcanzar grandes metas.
Igual a cuando era pequeño.
– ¿Eras?
—preguntó Dann, burlándose de la estatura de su hermano.
– ¡Oye, no te burles!
Tú solo te desarrollaste más rápido que los demás, por eso eres más alto.
– Ahora que lo mencionas, sí, lo recuerdo.
No parabas de decir tonterías como esa todo el día, era algo así como: “¡Alcanzaré el pináculo de la humanidad, alcanzaré el nivel de un Dios, nadie me puede detener, seré invencible!
¡Ja, ja, ja, ja!” —gritó Dann tratando de imitar la manera en la que lo hacía Kasui cuando era niño—.
Pero maduraste.
Un poco.
– No fue así, es solo que choqué de frente con la realidad, mi realidad.
Bien, ahora no es momento de pensar en eso.
Me centraré en entrenar para asegurarme de entrar a un buen gremio de aventureros.
Puedes irte, me quedaré ejercitando otro rato más —dijo mientras se dirigía a recoger su chaleco.
Dann lo observaba desde lo alto, con esa mezcla de cariño y lástima que solo un hermano puede sentir por quien se quiebra intentando volar.
– Sabes que el requisito mínimo para entrar en los gremios es estar en rango Cobre, ¿no?
Y tú estás muy lejos de lograr eso, siéndote sincero, es imposible… En ese preciso instante, Kasui sintió una ola recorrer por todo su cuerpo que lo estremeció e hizo que se detuviera bruscamente, pues Dann, quien antes no había expresado sus pensamientos de manera tan directa, se lo dijo.
Y aunque Kasui ya lo sabía, que para él era imposible hacer ese tipo de cosas, siempre procuraba no meditar sobre eso y seguir entrenando, mantenía su cabeza lejos de esos pensamientos para no desfallecer o caer en la desesperación, creía que con esfuerzo lograría superarlo, pero no.
La realidad era inevitable y absoluta sobre él, por más que lo quisiera, lo anhelara o lo suplicara a gritos, no podría cambiar su destino.
– «Tiene razón», reflexionó Kasui, con la mano en el pecho y muy agitado por el choque de emociones que vivió en ese preciso instante.
«No es normal.
No es normal que un chico de catorce años solo tenga los niveles de su edad, si no tuviera “esto”», pensó mientras se apretaba el pecho muy fuerte.
«Tendría que ser de un nivel mucho mayor, por lo menos quince o veinte niveles más, he entrenado en extremo, más que cualquiera.
Todo sería normal, estaría viviendo el camino en dirección a mis sueños, no es justo, ¿por qué me pasa esto a mí?», se preguntaba Kasui muy frustrado.
«Incluso mi hermano menor tiene un nivel mucho más alto, inclusive más alto que todos los de nuestra edad, es fuerte, rápido, ágil, inteligente, no he visto que le tema a nada, es excepcional, un prodigio de pies a cabeza.
Se supone que el hermano mayor debe ser el genial, el fuerte, inteligente… Y un completo galán con las mujeres.
Je, je, je», pensó Kasui mientras reflejaba en su cara una sonrisa picarona.
– ¡Oye!
Le gritó Dann al momento de lanzarle una gruesa rama en la espalda a Kasui que impactó de lleno y lo hizo salir de su ligero trance.
– ¡Ahhh!
—exclamó con dolor—.
¡¿Por qué hiciste eso?!
– Porque te pusiste a soñar despierto de un momento a otro.
Además de poner una cara muy siniestra.
– Te dije que te fueras, aún tengo cosas que hacer aquí.
– Ya está muy tarde, oscurecerá pronto, regresemos… Por favor.
– Pues —Kasui lo meditó un poco antes de acceder a la petición de Dann—… Está bien, volvamos, solo deja guardo mis cosas.
Kasui se dispuso a recoger su chaleco, se quitó el pantalón que aún llevaba puesto, recogió un par de espadas, tres dagas y un mazo de guerra desgastado que también usaba para entrenar.
Metió las espadas y las dagas en sus respectivas cubiertas, las envolvió con una tela que luego amarró, cogió el mazo y lo puso todo dentro de un Shirobi hueco que había en el centro del claro donde suele entrenar (El Shirobi es una especie de árbol muy raro y antiguo, su corteza es bastante eficaz para elaborar pociones de altísimo rango, y su madera es muy fina, pero debido a su rareza, y a que existen pocos en el mundo, su explotación está prohibida.
También impide que otra especie de vegetación crezca en un perímetro de treinta metros y no se sabe con certeza por qué), después se dispusieron a irse de ahí.
*** – ¿Has pensado lo que te dije?
—preguntó Kasui de repente mientras caminaban de regreso a casa—.
En serio quiero que vengas conmigo.
– Ya lo medité—respondió con calma—.
Creo que seré un Worker.
(De esta manera llaman a las personas comunes que no se dedican a trabajos como de caballería, Magos, Aventureros, o algo de ese estilo, sino a trabajos como la agricultura, minería, construcción, herrería o cualquier otra profesión similar y que no requiera un poder desbordante).
– ¿En serio?
—a Kasui se le notó la desilusión en la voz.
– Ya te lo dije, no quiero ser parte de guerras absurdas que benefician a los reyes, señores feudales o la otra gente poderosa.
Además, aquí en la isla puedo ayudar mucho más.
Un pequeño pueblo en una isla diminuta y alejada del Gran Continente, es el lugar perfecto para mí.
– Vaya.
A pesar de ser hermanos somos muy opuestos, ¿sabes?
– Deberías hacer lo mismo —propuso Dann de inmediato.
– Ni hablar, seré el más grande— – El más grande Rey?
Ya dejaste claro que no te gustaba, además, no te imagino siendo buen Rey de ningún lado.
¿Aventurero?
Morirás si un Kaijin te toca.
¿De nivel Dios?
Deberías tener mil años para poder serlo, es la única manera en que tu nivel sube…
– ¡Maldición!
¿Por qué me pasa esto a mí?
—se quejó Kasui con pesar—.
Debe haber alguna forma de elevar mi rango.
Hasta ahora he entrenado mucho y sin descanso, pero no logro que mi nivel suba.
– Deberías tomarlo como una señal divina o algo así.
– Ohhh.
Tienes razón, es muy probable que despierte algún poder como ningún otro.
– Eso no pasará.
Hermano, si sigues así, no creo que puedas entrar a ninguna gran orden.
– …
—Kasui permaneció en silencio, ya lo sabía, y aun así quería escucharlo.
– No tienes afinidad con la magia, dudo que pases a una buena escuela —prosiguió Dann al percatarse de su prolongado silencio—.
Aunque hayas entrenado mucho con espadas, no sé si te quieran en las filas de algún ejército, incluso si tienes fuerza bruta y puedes alzar un martillo de guerra, ¿qué podrías hacer tú si te enfrentaras a una horda de enemigos?
Vives diciendo que llegarás a un gran nivel, pero viendo tu condición no parece que puedas.
También te estás ilusionando por las viejas historias que nos contaba el abuelo.
– Oye, siempre me llevas la contraria, ¿qué estás queriendo decir?
– Sabes muy bien a lo que me refiero…
Kasui, por favor, no quiero que te alejes de mí.
Tengo miedo.
Si persigues el motivo equivocado te embarcarás en un camino sin retorno, porque puede que no regreses.
– ¡Cállate!
Molesto, decidió tomar un pequeño desvío al lado del camino, un atajo por el medio del bosque que lo llevaría más rápido fuera de este.
– ¡Kasui!…
— «Rayos, ¿por qué siempre sale a correr?», se preguntó a sí mismo.
– Maldición, siempre cree saber que es mejor para mí.
Ni siquiera él puede entender cómo me siento.
Empiezo a pensar que solo le gusta fastidiarme.
Pronto dominaré cualquier arte, incluso la magia con la cual no soy muy bueno, superaré a grandes héroes y leyendas.
Llegaré— ¡Kyaaa!
El grito rompió el silencio del bosque como si la misma tierra hubiese pedido auxilio.
– ¿Eh?
Kasui, quien venía atravesando muy rápido el bosque, se detuvo de repente al escuchar un grito que resonó entre los árboles y que provenía de algún lugar no muy lejos de donde se encontraba él.
– «Fue la voz de una mujer», pensó.
*** – ¡Ayúdenme, por favor, alguien!
Cállate, nadie te oirá.
Es tu error por venir tan lejos en la montaña —le dijo un bandido encapuchado a la chica que estaba gritando.
– ¡Oye tú, maldito, déjala en paz!
— «¡E-Es Chiara!», pensó cuando se fijó en la chica.
Kasui se dio cuenta de que era Chiara, una amiga de toda la vida, la que había gritado.
– ¡¿Eh?!…
Oye, mocoso, ¿quién te crees que eres?
—dijo el bandido en tono burlón.
Kasui.
– «Gracias al cielo», pensó al momento de escucharlo.
Algo exhausta de correr se desplomó junto a un árbol, quedando detrás del bandido.
– ¡Déjala ir, si no quieres que te patee el trasero!
¡¿Haaa?!
¿Consideras que eres capaz de hacerme algo, sabandija?
Te lo advertí…
– Kasui arremetió contra el malhechor de manera feroz, con la intención de asestarle un golpe.
– ¡Ahhh!
—gritó con fuerza.
– ¿Ehhh?
…
Jeh.
El Bandido, sin inmutarse siquiera, se puso en posición lateral, se agachó un poco, y le asestó una patada contundente en la barriga a Kasui que lo hizo retroceder varios metros hacia atrás.
– ¡Maldito!
Dijo luego de ponerse de pie allí, justo donde había sido arrojado.
Kasui puso con rapidez su mano izquierda en la boca a causa de una fuerte tos acompañada de un poco de sangre producto de la patada en el vientre.
– ¡Kya, ja, ja, ja!
Se supone que me detendrías, ¿o acaso escuché mal?
Esta isla sí que está llena de basura insignificante, no he visto al primero sobre el nivel doscientos.
Es decepcionante que nadie haya alcanzado el rango Plata siquiera, toda escoria de nivel inferior…
– Maldito, ¿quién te crees?
…
¿Eh?
¿Qué pasa?
Se preguntó.
Kasui comenzó a percatarse que el golpe de antes lo afectó más de lo que imaginó.
Su visión empezó a ponerse borrosa, sus piernas perdían fuerza poco a poco y temblaban cada vez más «¿Qué ocurre?», se preguntó de nuevo antes de caer de rodillas.
– Te está afectando, ¿no es así?
Aunque tarda un poco, los efectos son inevitables, ¿es que acaso estás ciego?
Aunque luzca como un simple bandido, me especializo en Magia de sanación, pero ¿qué pasaría si en vez de usar mi magia para sanar, la uso para hacer daño?
—el bandido alzó la pierna con la que pateó a Kasui y esta empezó a reflejar su aura a simple vista.
Un aura tenue y deforme.
– «S-Su aura, es plateada» (Por lo general, el aura de las personas toma determinados tonos dependiendo de su nivel, es por esta razón que es más común referirse al nivel de poder de una persona por el rango que reflejan, como Oro, Plata o Cobre, que al nivel exacto que poseen.
Además, cabe aclarar que no siempre es visible dicha aura o no todas las personas pueden llegar a verla, incluyendo a personas fuertes como a las de niveles bajos).
«¿Qué hace un tipo como él aquí?
…
No le puedo hacer frente yo solo, ¡joder!», pensó Kasui.
Estaba desesperado.
«Tanto que he entrenado y no puedo siquiera defenderme ante un solo ataque de este sujeto…» —Kasui de repente fijó su mirada en Chiara y se preguntó— «¡Mierda, ¿cómo saco a Chiara de esto?!» – Te causé una hemorragia interna severa, si no es por el hecho de que me contuve estarías muert— ¡Gyah!
En ese momento al bandido lo impactó una roca en la parte trasera de su cuello.
El golpe no estuvo tan severo, pero lo desconcertó por un momento y lo puso a meditar.
– Oye, Kasui, ¿qué haces?
¡Levántate!
—gritó Dann, quien acababa de llegar al lugar.
Él había sido el responsable de aquel incidente.
Dann, detente, este tipo… ¡Es muy fuerte!
¡Sobrepasa el Rango Cobre!
– «¿Qué?
¿Un rango plata?
En esta isla nada más hay personas de niveles muy bajos, casi todos son de grado Cobre.
Seguro viene de Neos.
Espera, ¿esa no es?
…
¡¿Chiara?!», pensó y analizó Dann.
– Kya, ja, ja, ja.
Eso no dolió mucho, pero me tomó por sorpresa.
Llegué a considerar que había sido descubierto, pero solo es otro mocoso.
– Oye, maldito, te metiste con las personas equivocadas.
— «Maldición, no podemos pelear contra él, sería una muerte segura.
Tenemos que encontrar la manera de huir de este sitio y de prisa», pensó —.
Oye Kasui, saca a Chiara de aquí, rápido, yo lo retendré por un momento para que logren huir.
– ¿Pero qué dices?
Tú en definitiva no puedes contra él.
Démonos prisa y salgamos de aquí.
– Tienes razón, pero puedo hacer algo de tiempo para que salgan de aquí.
– No lo haré, me quedaré, si peleamos los dos- – Si luchamos los dos no podremos sacar a Chiara de aquí a salvo.
Mírala, está en shock.
Además de eso, no estás en condiciones de pelear en este preciso momento, date prisa.
– … Está bien.
— «Mierda, ¿por qué tiene que pasar esto ahora?», pensó desesperado —.
Chiara, te sacaré de aquí.
– ¿Crees que te dejaré?
—dijo el bandido mientras se lanzaba a detener a Kasui.
– ¡Mierda!
—gritó Kasui.
– ¿A quién supones que estás intentando cazar?
Tu oponente soy yo.
Dann se lanzó del árbol en el que se encontraba y en un instante se puso en medio de Kasui y el bandido.
Lo detuvo intercambiando un choque de patadas con la pierna muy en alto.
El bandido se echó para atrás rápidamente después de la embestida que le propinó.
– «Es rápido, no es un mocoso cualquiera.
Su nivel debe ser bajo, pero no puedo decir a ciencia cierta en qué rango esté», pensó el bandido.
(El rango de una persona cambia cada cien niveles, pero hay casos donde personas pasan de Hierro a Cobre o de Plata a Oro antes de eso.
Son personas que tienen un talento innato y un crecimiento increíble en cuanto al desarrollo de su poder.
En una sola palabra, Prodigios).
«Creo que no debo subestimar a este chico», se dijo.
— ¡Increíbles reflejos!
¿Quién eres?
– Solo soy un simple estudiante cualquiera —le respondió Dann—, qué importa lo demás.
– Ahora es mi oportunidad —Kasui aprovechó para acercarse a Chiara mientras el bandido y Dann se enfrentaban detrás de él—.
Chiara, rápido…
¡¿Chiara?!
— «¿Por qué no reacciona?».