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X: WARRIOR - Capítulo 20

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20: LA PLAZA PRINCIPAL 20: LA PLAZA PRINCIPAL LA PLAZA PRINCIPAL  Pensándolo bien, había mucha gente mirándome mientras caminaba en ese momento, quizá fue a causa de que era el más joven entre todos los que estábamos aquí presentando los exámenes físicos para entrar a la academia Napoleón.

Ni siquiera tengo mi cristal verdadero, todavía faltaban unos meses antes de poder hacer el cambio de cristal de manera oficial.

Si Kasui hubiera estado conmigo no me hubiera importado tanto el contraste por el que estaba pasando.

Había una enorme concentración de jóvenes adultos que soñaban con convertirse en caballeros.

La plaza principal de la academia era amplia, la primera vez que la vi quedé asombrado por el enorme espacio cubierto de adoquines de cerámica que se extendía cientos de metros en todas las direcciones.

Pareciera una broma que ahora estuviera cubierta por miles de jóvenes aspirantes a caballero.

Caminé por un buen rato entre la muchedumbre buscando un lugar para formarme, el lugar estaba hecho un completo caos.

Al parecer venían muchos grupos grandes que se conocían desde la preparatoria, o incluso desde antes, casi me daba la impresión de ver a futuros escuadrones que habían sido formados por el destino desde hacía mucho tiempo.

Eso era algo bueno, o al menos así pensaba, puesto que la confianza es un pilar de extrema importancia que determina el éxito en las guerras, sin ella no solo los escuadrones o batallones caerían, la humanidad entera perecería.

Tan inmerso en mis pensamientos estaba, que no me percaté de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor.

El silencio se apoderó de todo el inmenso sitio, casi como si hubiera sido arte de magia, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para dejar de hablar en ese instante.

Me detuve al sentir ese silencio, las miradas de todo el mundo estaban dirigidas al balcón principal que se elevaba sobre la plaza.

Ahí se encontraba una persona de pie que vestía una armadura completa, en medio de otros sujetos que también portaban armaduras completas muy diversas y algo extravagantes en mi opinión.

— «No creo que esos acabados proporcionen un aumento en la defensa, más bien entorpecería al portador en una batalla, pero claro, esas personas están en un rango tan elevado que no entran en un campo de batalla de ningún tipo», pensé.

—“Habéis venido hasta aquí el día de hoy, para demostrar a los demás de lo que sois capaz de lograr, pero sobre todo a vosotros mismos, vosotros sois los más importantes…”  Algo así estaba diciendo, no recuerdo algo más luego de eso, había dejado de prestarle atención después de un momento.

Su voz gruesa y de tono autoritario me hizo sentir incómodo, preferí distraerme mirando a los guardias.

Caballeros posados alrededor de la plaza, en el pasillo elevado que la rodeaba, el cual conectaba varios balconcillos que se encontraban alrededor con el balcón principal, pero este último estaba un tanto más arriba que el resto.

No había problema alguno con estar paseando entre la multitud sin prestar atención a lo que estaban diciendo desde el balcón, después de todo no había información útil en sus palabras, más bien solo era una charla motivacional antes de las pruebas físicas.

Lo que de verdad era importante no lo decían, lo omitían por completo.

Después de la plática, varios oficiales repartían la información acerca del lugar de las pruebas y nada que fuera de verdad relevante para mí.

Gracias a Hansel, quien me dio una pequeña inducción antes de venir aquí, en donde me aclaró todo con lo que de verdad tenía que estar atento, pude estar tranquilo.

Me contó sobre el estilo de las pruebas y su nivel de dificultad, también me dijo que incluso si no sabía a lo que me iba a enfrentar no había caso en preocuparme, después de todo soy una persona talentosa y las pruebas no representarían ningún problema, o al menos eso es lo que dicen sobre mis capacidades.

La plaza era un completo caos, no había formación alguna, creí que por lo menos nos harían formar filas para recibir a la persona más distinguida de los caballeros, pero ese no fue el caso.

No nos dieron más instrucciones después de dejarnos pasar a la plaza de la academia, de seguro era porque todavía éramos civiles y no había motivo alguno para hacer que nos formáramos, o quizás había razones ocultas, no lo sé, pero de todas maneras no me interesaba conocer el motivo.

Mis ojos iban de aquí para allá, detallando cada suceso que acontecía a mi alrededor; las reacciones de los que estaban cerca de mí mientras la emotiva charla tenía lugar, las aves que sobrevolaban por encima de la plaza y que se posaban al borde de los tejados también atraían mi interés.

De vez en vez volteaba a mirar a los caballeros que hacían de adorno encima de nosotros, porque no veía alguna otra cosa que ameritara su presencia aquí, no existe nadie que sería tan tonto como para atacar al maestre, ¿o sí?

Bueno, si hablo de manera franca, solo estaba echando un vistazo con cierto detenimiento a los guardias, posados inamovibles a lo largo de los pasillos bajos y también superiores, lo demás era para que no se viera raro que estaba observándolos sin apartar la mirada.

La diversidad de armas que podían portar de caballero a caballero era muy amplia, toda la vida creí que las espadas eran lo único que usaban los caballeros, pero la verdad es otra.

Espadas de todo tipo de tamaños y formas predominaban, eso sí, pero no era lo único que se podía ver; lanzas, alabardas, mazos, los cuales pensaba que eran exclusivos de aquellos que decían ser guerreros, al igual que los martillos de guerra.

Al parecer ningún arma determinaba a qué lugar pertenecerías, y tampoco había algo que represente a los caballeros, magos o guerreros en esta época de la historia.

Viví aferrado a esa creencia cuando era niño, y si me hubiera quedado en Elba, de seguro hubiera pensado así toda mi vida.

Con eso, y muchas otras cosas, hubiera crecido suponiendo que el mundo era diferente.

Lo segundo que se podía notar eran los arcos.

Varios arqueros se divisaban en los balcones superiores, muchos más de los que se encontraban en la planta baja.

Me sorprendió el número de guardias, pero me intrigó mucho más el hecho de que todos usaban armaduras completas.

A excepción de los arqueros, ya que no portaban yelmos y permanecían con la cara descubierta, por ese hecho podías distinguirlos, pero ese no era el caso.

– «¿Por qué emplear armaduras?», me pregunté.

«Acaso eso no provoca que sus movimientos sean lentos y, además, los ataques de los Kaijins de categoría baja podrían ser resistidos con el cuerpo.

Y los de categoría mayor solo provocarían que la armadura quedara abollada.

Me atrevo a decir que es innecesario, después de todo, aquellos que se enfrentan a esas criaturas tienen el nivel suficiente para resistir uno de sus golpes solo con la fortaleza de su cuerpo».

» «Si fuera por protección, deberían ser los magos quienes utilizasen armaduras, pues sus Magículas fortalecen su vínculo con el maná y no su cuerpo, como es en el caso de los caballeros y de la mayoría de los guerreros.

Los caballeros mágicos no usan armaduras, sino partes que cubren algunas zonas delicadas.

Pero de igual manera, al enfrentar tareas en las que se requiere estar en constante movimiento, sería más práctico pensar en usar ropas ligeras, al igual que los magos tradicionales, y usar su magia para protegerse.»  Y hablando de una correcta vestimenta, casi sin darme cuenta, estaba de pie en frente de un par de jóvenes que vestían largas túnicas marrones que cubrían todo su cuerpo hasta los tobillos, estaban recostados en la pared del pasillo.

Se miraban algo mayores como para ser un par de convocados.

Unos años mayores que yo, quizás ya eran egresados de la academia y estaban en plena labor de supervisión y monitoreo de los convocados para las pruebas.

O quizá su rango dentro de los caballeros era todavía más impresionante y yo inocente, con mi cara de incredulidad, mirándolos como si fueran un par de espantos que surgieron de la nada.

Sus ojos se fijaron en el lugar en el que me encontraba, pero sus cuerpos no giraron en ningún momento, el joven volvió su mirada al otro lado, pero la chica que estaba a su lado me observó por más tiempo.

Nuestras vistas se cruzaron por unos segundos, pero para mí fue una eternidad.

Me perdí en sus ojos claros, tan claros como el mar en las costas de Elba.

Sus ojos me recordaron al inmenso y hermoso mar azul que rodeaba la isla y por un momento, dejé salir una sonrisa de mi interior sin percatarme de nada.

En el momento en el que me di cuenta, me interrumpí a mí mismo de manera abrupta, y eso me distrajo.

Cuando volví a mis cabales, la chica estaba de pie, a unos cuantos pasos de mí.

Ella no pronunció palabra alguna, simple y llanamente se quedó mirándome, detallándome de cerca, como si fuera un forastero.

Aunque justo eso era, un extranjero, al igual que muchos de los aquí presentes, pero dudo que esa sea la razón por la que estaba mirando, quizá era bastante simple y yo me estaba enredando la cabeza con suposiciones.

De todos los convocados que se alcanzaban a divisar en la plaza, yo era el único que portaba una túnica de la misma manera que lo hacían ellos.

La diferencia era el largor, pues a mí me llegaba a las rodillas, y el color mi túnica era blanca.

Debo confesar que me gusta ese color, todo lo que me pongo que sea de tono blanco combina con mi cabello, tan claro como las nubes más puras.

Ahora que lo pienso bien, esa debió ser la razón por la que atraje tantas miradas, ya que no es común el pelo de este tono, es una rareza en humanos.

Para la raza élfica es algo un poco más usual ver tonos brillantes como un rayo de sol, blancos como las nubes o azules como el inmenso océano.

Hay más matices, cabe aclarar, pero esos son los que más son asociados a los elfos.

No sé cómo no se me ocurrió pensar de inmediato eso después de ver a tantas personas mirarme las orejas para verificar si era un elfo, o un semielfo al menos.

Cuando realicé esto me fijé en ella, quería ver si este ese era el caso y solo se había acercado para comprobar si era elfo, pero, no era así, antes de que pudiera pensar en alguna otra cosa, o de que se me ocurriera dirigirle la palabra, ella me habló de repente.

– Eres… Dann, ¿no es así?

– ¡Sí!

Le dije, no, se lo grité.

Estaba tan nervioso que cuando me habló no supe qué decir o hacer.

Mis instintos me ganaron y provocaron un desastre en frente de mí, o eso creía.

Ella no se molestó, en cambio, me devolvió una gentil sonrisa y eso me calmó, pero me surgió la duda, “¿cómo sabe ella mi nombre?” Lo único que se me ocurrió es que mi deducción había sido certera y ella era una examinadora y por eso sabía mi nombre y otros cuantos detalles.

Detuve mis pensamientos descontrolados y organicé una oración completa como respuesta para tratar de ocultar el bochornoso “sí” que había salido de mi boca.

– Soy Dann, vengo de Elba, pero eso seguro ya lo sabías.

– Sí, ya lo sabía.

Confirmé con esto todo lo que había pensado con anterioridad: ella estaba al corriente sobre mí, pero yo desconocía qué tanto.

Aquello que me encendió las alarmas internas de inmediato fue el hecho de mi propósito al entrar a la academia, mis verdaderas intenciones en ese momento.

Podría ser que ella sabía eso y por eso estaba con un ojo encima de mí desde el instante en el que me vio para vigilar todos mis movimientos, camuflados por una gentil sonrisa.

Los fines de la chica que se me acercó no eran claros en absoluto para mí, creí que ponerme en guardia sería una pérdida de tiempo si la persona que tenía enfrente era una examinadora y había estudiado mis antecedentes, pero este no era el caso.

Me preocupé de más sin antes escuchar el resto que tenía que decir ella.

– Lucy me contó sobre ti, de hecho, te describió muy bien, sería imposible no distinguirte entre la multitud —reveló ella.

Las emociones dentro de mí se revolvieron, cómo pude pensar todo eso de ella, ¿acaso no había sido avisado de antemano sobre los aliados que ya tenía dentro de las filas de los caballeros y de aquellos a los que no podía entregarle mi confianza jamás?

Mi mente se nubló por el temor, la falta de experiencia con situaciones de este tipo jugó un papel decisivo, ya no era más un niño, ahora era el momento de comenzar a pensar y a tomar decisiones como un verdadero adulto.

Y si hubiera querido seguir jugando a la vida perfecta, pero que en verdad era una farsa, me hubiera quedado en Elba.

– Claro —le dije—, debí suponerlo.

Qué tonto.

– ¿Decías?

– Oh.

No es nada, descuida.

Ahora, si no me equivoco, eres Alice, ¿verdad?

Ella me asintió con la cabeza.

Tenía la boca llena de comida, cuando le hablé antes, estaba sacando un envoltorio que cubría unas galletas, gracias a eso no pudo oír lo que estaba diciendo.

Hubiera sido muy vergonzoso, incluso más sabiendo que aquellos que sabían sobre mí me tenían en mente como una persona perspicaz y de habilidades cognitivas muy por encima del promedio, sobre todo la persona que tenía delante de mí.

Con una persona de su calibre debí relajarme desde el principio, calcular mejor todo y analizar el desarrollo de la situación a medida que hablábamos.

Ahora lo único que puedo hacer es aprender del error y no dejar que las personas equivocadas me descubran, gracias al cielo fue ella quien me encontró, no quiero ni imaginar lo que pudo suceder si me hubiera topado primero con el enemigo.

– Debes estar abrumado por la cantidad de gente que se encuentra aquí reunida, no se ve tanta en una pequeña isla como Elba, ¿o sí?

– Eh.

Sí, así es.

Con solo echar un vistazo puedo deducir que hay muchísimas más personas aquí reunidas que la población de Elba.

– Dime, ¿no te sientes atosigado?

Según sé, pudiste aguantar una sesión de entrenamiento con el capitán Hansel, eso sí que es asombroso, estás muy por encima de las capacidades de los aquí reunidos.

Si la mayoría supiera de tus actos de los últimos meses de seguro estarías en el radar de todos.

– Ya lo estoy, mi apariencia parece atraer muchas miradas aquí, parezco un bicho raro.

– No es así, si me permites opinar, yo diría que es por tu rostro más que por cualquier otra cosa, dejando de lado tu estatura, tienes el rostro de un niño que todavía no se ha convertido en adulto.

La mayoría espera unos años después de recibir su cristal verdadero para poder entrenar antes de siquiera pensar en tomar esta prueba.

Por eso destacas, mientras que los otros ya tienen un cuerpo mucho mayor, más trabajado y la experiencia que adquirieron entrenando es muy notoria, tú ni siquiera te ves como si ya te hubieras graduado de la preparatoria.

– Es porque no me he titulado todavía.

Lo dije en tono muy serio, por eso me extrañó que Alice se empezara a reír de un momento a otro.

Pequeños trozos de galleta salieron disparados de su boca luego de que trató de contener la primera carcajada, pero luego de batallar consigo misma dejó que la emoción la guiara.

Y lo hacía de una manera tan exagerada, que todos los que se encontraban cerca alcanzaron a escuchar las risas, no, los alaridos que Alice estaba vociferando sin control alguno.

Parecía como si no se hubiera reído en años.

Parece que la tomé por sorpresa, un comentario de esa clase jamás debió salir de mí, debí analizar mejor la situación, hacer reír a otra persona es un fuerte puente para formar vínculos, y aunque sea necesario para establecer una relación de confianza, no es lo apropiado en mi caso.

Solo soy un peón en medio de un juego de ajedrez a gran escala, dadas las circunstancias en las que estoy involucrado ahora, no puedo darme el lujo de tener una vida normal y pacífica.

O esa fue la conclusión a la que había llegado hasta ese momento que la vi sonreír.

Cuando ella logró calmarse pudo continuar hablando con normalidad, pero lo que dijo me puso alerta de inmediato.

– Parece que sí estás dentro del radar, te han estado siguiendo.

Me dijo en voz neutra y con una expresión un tanto distraída, estaba mirando por encima de mi hombro, detrás de mí, atenta a los posibles oídos que se encontraran oyendo nuestra conversación.

Por mi parte, sintiendo la ferviente determinación y concentración que provenían de sus ojos, no pude evitar sentirme aliviado.

Su reacción anterior solo había sido para llamar más la atención y así descubrir algo fuera de lugar, pero al mismo tiempo, no pude evitar sentirme un tanto decepcionado.

Cuando realicé que Alice me estaba sonriendo de nuevo, pude notar un leve movimiento en su cabeza, me estaba indicando que la siguiera.

Antes de que ella se girara en sí misma, volvió a dirigir su mirada por encima de mi hombro.

Quería mirar, pero hubiera sido una completa estupidez.

La seguí por todo el pasillo.

Al final había una puerta custodiada por varios guardias.

La salida estaba ubicada en una de las esquinas de la plaza principal de la academia, y al llegar allí pensé que tendríamos problemas con los guardias, pero ellos solo se limitaron a echarse a un lado y a abrir los portones.

No pude ver el rostro de ninguno de los guardias por culpa de los cascos, pero me hubiera encantado ver sus reacciones faciales al ver que la Paladín más joven de esta época se acercaba a ellos.

Solo pude notar la rapidez con la que se apartaron del camino.

El respeto y la intimidación que alcanza a infundir una persona de verdad poderosa puede llegar a ser abrumadora cuando no estás consciente de la brecha real que existe.

No lograba imaginar cómo era posible que una persona, siendo tan joven, tenga tal cantidad de poder acumulado dentro de su cuerpo, solo era unos cuantos años mayor que yo, pero ya pertenecía a tan selecto grupo de caballeros como lo son los Paladines.

Solo aquellos que han alcanzado un rango Adamantina o superior, ostentan u ostentaron alguna vez semejante puesto.

Y primero pasaron decenas de años para que esas personas pudieran llegar tan alto.

Uno no llega y se hace poderoso de la noche a la mañana.

¿Acaso ella es la encarnación de lo que de verdad significa “talento”?

Lucy y yo tuvimos una pequeña charla hace algún tiempo, debido a que me había involucrado en sus planes y no había marcha atrás, ella decidió sincerarse conmigo y contarme todo lo que ella sabía y era necesario que yo también lo supiera.

Ahí fue cuando me enteré de que tenía una prima que era unos años menor que ella, con la cual había compartido desde que nació, crecieron juntas y formaron lazos como si fueran hermanas, pero su prima no era como los demás niños.

A una muy temprana edad ya demostraba capacidades de pelea iguales o incluso superiores a las de los comandantes que regían las filas de los caballeros.

Esto provocó que a Alice la reclutaran cuando tenía solo ocho años y comenzara su debido entrenamiento bajo la supervisión del mismísimo “Paladín Central”.

Ahí fue cuando Hansel la conoció, al ver su potencial decidió depositar toda su confianza en ella e incluirla en sus planes a futuro, lo que nunca previó fue que ella alcanzara el puesto de Paladín a la edad de catorce años y se convirtiera en una pequeña nación andante.

Al principio no lo podía creer, pensé que lo que Lucy me estaba contando era algo sacado de un cuento, que eso era un mito o algo así, pero no, todo terminó siendo verdad, su pequeña prima se convirtió en Paladín a una temprana edad y ahora era la carta de triunfo en los planes que tenía Hansel.

Haberla reclutado fue un movimiento astuto por su parte, pero su posterior desarrollo fue lo más impresionante y a la vez inesperado.

Aunque Hansel hubiera podido prever que en el futuro se convertiría en una persona de una importancia muy alta, estoy más que seguro que no se imaginaba que llegaría hasta este punto.

Y fue justo en ese momento en el que me di cuenta de lo importante que era ella, cuando estaba caminando detrás subiendo las escaleras en dirección a un pasillo que conducía directo al “Palacio de la justicia”, el lugar al que solo tenían acceso las personas de más alto rango.

Para un cadete era algo de lo que se podía fantasear, pero nunca llegar a realizar, mucho menos para alguien que ni siquiera había tomado los exámenes físicos.

Me sentí aliviado al saber que lucharía codo a codo con ella.

Cuando llegamos al final de las escaleras se detuvo, le dijo algo en voz baja a su compañero y casi al instante se esfumó, desapareció de mi vista como si se hubiera camuflado al igual que un camaleón, pero desconozco si existe tal habilidad, más bien se movió tan rápido que no pude seguir sus movimientos.

Me quedé observando al espacio vacío que antes ocupaba la persona que desapareció, y de manera inconsciente volví mi vista hacia Alice y noté que me estaba observando con atención.

Con una sonrisa en su rostro me dijo:  – Ven, camina a mi lado.

Sin pronunciar una palabra la alcancé.

Andaba a un ritmo un poco lento comparado a como lo hacíamos antes de que la otra persona se fuera, por ello se me dificultó adecuarme a su ritmo al momento en el que llegué a su lado.

Creí que caminaría de manera veloz cuando la alcanzara, pero no, otra vez me equivoqué y terminé adelantándola.

De inmediato me detuve y caminé a su ritmo.

El pasillo era largo y destapado a los costados, se sentía una leve brisa que amortiguaba el calor que hacía en el momento y provocaba que nuestras túnicas ondularan al unísono.

Eso me causó mucha gracia, pues me hacía ver como si me dirigiera al campo de batalla junto a ella.

Las cartas del triunfo dirigiéndose a cambiar el rumbo de la batalla.

Sí que me fluía la imaginación entonces.

– Envié a Nero a vigilar que no nos estuvieran siguiendo más —me informó.

– ¿No consideras que es arriesgado llevarme contigo de esa manera?

– Está bien, no hay motivos para ocultar que tú y yo estamos relacionados, después de todo no ganamos ni perdemos nada con que lo sepan, que es lo más probable, que ya sepan eso.

– Entonces propones que entre contigo al palacio de la justicia, así como así.

– ¿Y por qué no haríamos eso?

– Porque es muy atrevido.

Si ven a alguien, que ni siquiera es un novel, entrando por la puerta principal del palacio, lo más probable es que empiecen a hacer preguntas innecesarias.

– No te preocupes tanto por eso.

Cuando me dijo esto, Alice tenía su mirada fija al frente, estaba seria y se veía distante, como si estuviera batallando internamente por alguna razón que desconocía en ese instante.

Al verla así me puse a pensar en lo que debería hacer, si de verdad era prudente hacer esto que estábamos a punto de intentar.

La tensión subía a medida que avanzábamos por el largo pasillo, acercándonos al palacio donde se hallaban las personas más poderosas de todo Neos con cada paso que dábamos.

A decir verdad, no sé la razón por la cual no desistí de seguirla y hacer esa locura, no fue algo sensato en ningún sentido, ¿o sí?

– No hay nada por lo cual preocuparse —me dijo de repente—, solo diré que estamos saliendo, con suerte eso alejará las intenciones de muchas personas indeseadas, aunque atraeremos otras.

No, no fue para nada sensato.

Con esto pude resumir que esta chica era muy inmadura para ciertas cosas, después de todo, todavía era muy joven y le faltaba mucho por aprender.

Lo que me descuadró fue la sonrisa que salió en su rostro cuando dijo esto.

En el instante que nos acercamos a la enorme puerta al final del pasillo que casi parecía no tener fin, una silueta que estaba mirando el panorama al lado derecho del pasillo me llamó la atención cuando la noté.

Pude ver cómo se rascaba la parte trasera de la cabeza mientras maldecía entre dientes.

Cuando advirtió que nos acercábamos por su espalda, se volvió en sí y gritó:  – ¡En dónde carajos te habías metido, Alice!

De forma errónea creí que esto podía salir medianamente bien, pero no fue de esa manera, al parecer me subí a un bote que ya estaba roto, y a punto de hundirse, por lo visto.

– ¡Se-Señor, sí señor, aquí Alice reportándose!

¡L-los reclutas de esta temporada se ven prometedores, señor!

– Pero ¿de qué carajos me estás hablando?

Debías estar aquí hace dos horas.

La reunión de paladines, ¡¿acaso lo olvidaste?!

– Ah.

Carajo.

Lo olvidé.

– «Creo que hasta aquí llegué, fue una vida corta», pensé en ese momento final.

– Y tú, acaso, no estás para recordarle a tu protector qué es lo que tiene que hacer.

– ¿Eh?…

— «¿De qué me habla este viejo?», me preguntaba.

– No lo culpes, Aznar, después de todo es mi nuevo protegido, dale tiempo para que se adapte.

Que Alice dijera eso me enredó más de lo que ya estaba.

Aquel hombre debió confundirme con la persona que la estaba acompañando antes, Nero, él sí parecía alguien que mantendría a raya a Alice si su función era actuar como una especie de escudero o asistente.

Tengo entendido que las personas de importancia considerable tienen a una o varias personas que lo ayudan a realizar diversas tareas de todo tipo, no sería raro que Alice, siendo una paladín, tuviera a alguien así.

– Oh, ya veo.

Así que ya escogiste a tu nuevo protegido.

Como siempre tan impaciente.

No esperaste a ver cómo se desempeña en las pruebas físicas para elegir.

No sé si es que este niño tenga un gran potencial como tú o simplemente sea un favor para la realeza.

En eso me miró de forma extraña, casi como siendo despectivo conmigo.

Debió pensar que yo pertenecía a la alta alcurnia y que mi padre había conseguido el favor de Alice para que me instruyera bajo su guía.

– Pero debes saber que si lo quieres como tu protegido, deberás esperar a que pase las pruebas para hacerlo de manera oficial, si no las pasa, no podrá estar bajo tu instrucción, y si el chico tiene talento, lo más probable es que tenga a más de un alto rango que quiera tenerlo bajo su cuidado, ¿olvidaste cómo fueron los días después de tu llegada?

– Todavía no lo he olvidado, todos esos viejos querían tenerme bajo su mando directo, qué disconformidad sentía entonces.

– De no ser porque el mismísimo rey te asignó de manera directa a un paladín como tu mentor luego de todo ese alboroto, lo más probable hubiera sido que terminaras sirviendo a un general, o incluso a alguien de rango menor.

– Sí, le debo una a ese viejo.

En eso, el señor con el que estaba hablando la interrumpió propinándole un golpe en el vientre.

No fue con la intención de herirla, solo lo hizo para que dejara de hablar.

– Es el rey de quien estás hablando, podrías ser ejecutada.

– ¿Por quién?

Soy una paladín después de todo.

– Hay personas mucho más fuertes que tú, nunca olvides eso.

Para mí eso parecía una escena de terror.

Una paladín había sido golpeada ante mis ojos, y la reacción que cualquiera podría esperar es que la otra persona perdiera un brazo con un solo agitar de su espada, pero la otra persona en este caso era alguien muy increíble también.

– Muy bien, sé por qué has venido.

Quieres que hable con el rey, ¿no es así?

Para que el chico quede bajo tu protección.

– Así es.

– ¡Espera, Alice!

No soy alguien digno para tal puesto.

– Pero ¿de qué me hablas?

Por supuesto que sí.

Aunque no he visto tus capacidades con mis propios ojos, sé que puedes llegar lejos.

Además, si te tengo cerca podrás llegar mucho más alto.

Sé que incluso si no estás conmigo lo podrás lograr, pero te tomará demasiado tiempo.

Dann, confía en mí.

– Hablaré con el rey.

Será lo mismo que cuando Hansel me pidió el favor hace ya mucho tiempo, para que diera su veredicto y quedaras bajo protección directa de un paladín apropiado, después de todo, el rey siempre debe tener a los mejores caballeros protegiéndolo.

Pero no esperes que lo logre.

Recuerda que tu caso es una excepción grande.

– Gracias Aznar, te debo una.

– Me debes mucho más que un favor.

– Lo sé.

Te veré pronto.

Aznar, luego de asentir de manera condescendiente a Alice, se marchó por el mismo lugar del que veníamos, al pasar a mi lado asintió un poco para despedirse de mí también.

No me pareció que fuera una mala persona, incluso después de la pequeña discusión que tuvo con Alice, pude notar en su voz que respetaba y quería a Alice, la trataba como a su igual.

Después de que se despidió, contemplé su espalda por mucho tiempo mientras se alejaba, hasta que Alice me interrumpió de manera abrupta:  – ¡Todos son iguales!

No pueden ver a alguien fuerte porque ya están babeando y deseando ser así, y tener ese nivel de poder.

Me horroriza cuánta ambición puede llegar a haber en una persona.

– ¿Es fuerte?

– Es de las personas más poderosas de este mundo, bien podría ocupar el cargo de Maestre si lo quisiera, pero su cargo actual es de una jerarquía inalcanzable para cualquiera.

– ¿Cuál es su posición?

– Él es… el “consejero de guerra real”, Aznar Gobet.

Él es de las pocas personas en el mundo que está por encima del nivel novecientos.

– ¡Un rango Leyenda!

– Los paladines no pertenecen a la rama militar de los caballeros, no están en la línea de mando, se podría decir que estar por debajo del Maestre en cuanto poder político, pero en nivel, estamos a su altura, o en algunos casos por encima de él, pero nadie está por encima de Aznar.

Los paladines reciben órdenes directas de él, y él, sirve directo al rey, su lugar está a su lado, es como su escolta personal, y nosotros, la guardia personal de la familia real, o algo así.

Presté atención a todo lo que me dijo en ese momento, pero no pude procesarlo del todo.

Aznar no era una persona cualquiera, si él quisiera podría acabar con la vida en toda la capital con solo introducir su espada un poco en la tierra, y no estoy exagerando, su poder iba más allá de lo que uno se podría llegar a imaginar.

– Ya, cierra la boca, casi babeas en serio.

Ven sígueme, preparé un cuarto para ti, las pruebas físicas se realizarán en tres días, debes descansar, has estado entrenando por mucho tiempo.

– Está bien.

Simplemente, me limité a asentir, no, solo pude hacer eso, después de todo, la persona más cercana al rango de un Dios había estado parada a unos cuantos metros de mí hacía unos instantes.

El poder supremo que somete a los demás, debe ser increíble tener ese nivel de autoridad.

Alice me tomó del brazo al ver que no salí de mi imaginación y me arrastró dentro del palacio, continuó así hasta que reaccioné y pude caminar por mi cuenta.

La seguí de cerca, pero sin dejar de pensar en esa persona, entre más lo hacía, más me consumía el pánico.

Si esa persona supiera lo que hay dentro de mi cabeza, lo único que hubiera podido suceder es que su espada atravesara mi cuello antes de que pudiera siquiera parpadear, ni siquiera Alice hubiera podido hacer algo.

Nuestras intenciones no eran algo que la corona podría tomar como un bien para la humanidad.

Si ellos se vieran amenazados por algún motivo, aun si no estuvieran involucrados de manera directa y su vida no peligrara por ninguna razón, lo primero que harían sería enviar a su mercenario personal para que elimine la amenaza que perturba al reino y a la realeza.

Bajo ningún criterio podemos dejar que esa persona sospeche nada de nuestros planes, incluso si nuestras intenciones son benévolas y él es alguien de confianza para Hansel y Alice.

Él pondrá primero la seguridad de su rey y de la realeza, no debemos dejar que se convierta en un rival, lo mejor es dejar su posición neutral intacta y no perturbar sus objetivos primordiales que son proteger al Rey.

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