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X: WARRIOR - Capítulo 5

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5: TOMANDO DECISIONES 5: TOMANDO DECISIONES TOMANDO DECISIONES  Kasui acababa de despertar después de haber estado inconsciente por un día completo luego de aquel fatídico suceso que por poco le cuesta la vida a él, su hermano Dann y a Chiara.

Después de tener una charla con Hansel, Kasui estaba listo para bajar al primer piso de la casa del alcalde a desayunar con los demás.

El primero en descender fue el caballero Hansel, quien se encontró con el alcalde en el pasillo que daba al comedor de la casa.

– Oh.

Hansel, es muy bueno verte —dijo el alcalde una vez lo vio asomar por las escaleras.

– Señor alcalde.

Permitidme disculparme por lo sucedido, me hago responsable—  – No es necesaria una justificación, gracias a usted y a sus compañeros no ocurrió algo más grave.

Además, el desayuno está listo, pasen al comedor.

Justo ahora me dirigía a la habitación de Kasui para ver si ya había despertado y avisarle…

– Ya lo hizo.

Enseguida baja, seguro se muere de hambre —informó Chiara mientras pasaba por un costado de Hansel y del alcalde en dirección al comedor.

– Ya despertó…

—dijo Dann, quien se encontraba en el umbral de la puerta de la habitación.

– ¡Dann!

—dejó salir Chiara, un tanto sorprendida al verlo ahí parado.

– Santo cielo, ¿cuánto más pensaba dormir?

No hay remedio con él, es un holgazán por completo —se quejó Dann mientras se dirigía al comedor un tanto serio.

Después de un momento, todos se habían ubicado en un puesto de la mesa y se encontraban listos para tomar el desayuno.

Dann, Chiara, Marco, Lucy, Hansel y el alcalde.

La sala del comedor era grande, la mesa era enorme, cabían unas veinte personas sin ningún problema, pero estaba adecuada solo para doce, con la intención de que cada puesto fuera más amplio.

La casa en sí contaba con varios empleados que se encargaban de las tareas del hogar, como limpiar, preparar la comida o mantener el jardín.

Todo era digno de una vivienda tan grande como lo era la casa del alcalde, aunque no era lo suficiente magna como para compararla con la mansión de un noble del continente, pero sí lo suficiente para destacar sobre las demás de la isla de Elba.

A pesar de ser el alcalde, el señor Grivo no era noble, nada más era un representante del señor feudal que debía estar a cargo en la isla, quien, por no querer salir del continente y vivir en una isla que no estaba tan desarrollada como lo era Neos, prefirió optar por dejar a alguien encargado.

Y esa persona fue Grivo, que hoy día goza de semejantes lujos sin siquiera pertenecer a una familia noble o que tuviera al menos un renombre.

– Ya todo está listo, sírvanse lo que quieran con total libertad —dijo el señor Grivo.

Dann y Chiara se encontraban en un estado atónito.

Ante ellos estaba un banquete completo, varios tipos de desayunos servidos a lo largo de la mesa, además de diversos acompañantes, vajillas de ultramar (El ultramar es un material extraído de las zonas de magia cuantiosa en lo profundo del mar.

Suele ser complicado extraer el material debido a que en estas áreas se encuentran grandes cantidades de Kaijins), y cubiertos de plata de buena calidad.

Todo eso sin mencionar los detalles de la sala, adornada con hermosos candelabros, cortinas de Nilo, un suelo cubierto por una cerámica brillante y uniforme, y una mesa de madera de caoba cubierta por un mantel de Nilo.

No parecía un desayuno ordinario, al menos no uno al que estuvieran acostumbrados.

Incluso los caballeros mostraron un poco de asombro, a pesar de su estatus, ellos casi siempre estaban en misiones fuera de las ciudades, solo una pequeña parte se quedaba en la ciudad para patrullar, y los que salen suelen comer en campamentos de avanzada de manera modesta.

Todos se ubicaron y se sirvieron.

Justo después de terminar de servir los platos y dar los primeros bocados a la comida, Kasui entró en la habitación.

– Oh, Kasui, por fin llegas.

Ven siéntate y sírvete.

Le dijo Chiara señalando un puesto vacío que estaba entre ella y Dann, el cual le correspondía a Kasui.

– Woah.

Kasui tuvo la misma reacción que todos, quedó asombrado con el desayuno.

Permaneció con una expresión llena de emoción por un instante hasta que se percató de su hermano.

– Dann…  – ¿Qué esperas?

Siéntate rápido y come, si no se va a enfriar —apuró Dann sin siquiera mirar a los ojos a Kasui.

Kasui se limitó a quedarse en silencio y a dirigirse hacia su asiento.

No quería decir nada, e incluso si lo quisiera, no tendría las palabras correctas para hacerlo.

Una vez se sentó, agradeció por la comida.

El aroma del pan recién horneado no alcanzaba a disimular el peso invisible que flotaba entre los dos hermanos.

– ¡Gracias por este delicioso desayuno!

Dicho esto, empezó a comer a una velocidad inhumana, acabando un plato y sirviéndose otro sin parar.

Uno tras otro, todos en el comedor se quedaron con la boca abierta al ver a Kasui comer de esa manera.

– «Hermano…», pensó Dann.

Dann miró a Kasui por el bordillo de su ojo, pero no lo hizo por la forma tan inusual en la que comía, sino por su preocupación.

Justo en ese momento vino un recuerdo a su memoria de aquel día en el que estaban lidiando con los bandidos, justo cuando Kasui fue consumido por la ira y la desesperación.

Cuando el “otro” tomó el control total sobre el cuerpo de Kasui y comenzó a desprender esa aura asesina hacia los bandidos.

Recordó con lujo de detalles cómo su cuerpo era tapado por esa sombra.

El recuerdo era tan vívido que hizo que la piel se le helara.

Apretó con fuerza los cubiertos y puso una cara de angustia, pero antes de agitarse más, Kasui interrumpió su pensamiento.

– Ahhh.

Estaba delicioso, sentía como si no hubiera comido en un año.

Chiara hizo una cara muy rara después de que Kasui terminara de desayunar tan rápido y pensó.

– «Por favor, ¿dónde le cabe toda esa comida?

Su estatura no armoniza con el tamaño de su estómago-»  – Por cierto, señor caballero, ¿cuánto tiempo se quedarán en la isla?

—decía Kasui mientras se comía el postre.

– Nos vamos en tres días, al amanecer.

No solo perseguimos a los bandidos.

Aún tenemos cosas que hacer en esta isla, por eso debemos esperar un poco más.

– Vaya, jamás habíamos visto caballeros de verdad en Elba.

– A que te gusta mi armadura, ¿no es así?

Ja, ja, ja —expresó Hansel al mismo instante que se paró, puso un pie sobre su silla y empezó a reír de forma estruendosa.

Era notable su deseo de lucirse.

– D-Deja de hacer eso, nos avergüenzas —dijo Lucy, quien miraba a Hansel con los ojos más abiertos de lo normal—.

Jamás te la quitas, hasta duermes con ella.

– Eso es cierto y, además, ¿por qué siempre está tan brillante?

—preguntó Marco con suma inquietud—.

Acaso…

¿Te bañas con ella?

Sabes, me he preguntado eso desde que nos conocimos…

– Pues.

—Hansel solo dejó ver una expresión de espanto en su rostro—.

Esto… verás… yo…  – Si es así —habló Kasui—, entonces cómo le haces para, ya sabes…

—le susurró—.

Para ir al baño.

– V-Verás joven Kasui, no tenéis por qué creerle a este par…

nada más saben hablar disparates.

Hansel les hizo señas a los dos, apretando su puño de manera discreta para que no lo notaran los demás y mirándolos con los ojos muy abiertos.

Dann y Chiara, que estaban enfrente, dejaron salir la bebida que tenían en su boca y comenzaron a reír cuando lo vieron, provocando que el alcalde, y los demás comiencen a reír también.

– ¿De qué os estáis riendo?

No es nada para que os riais —expresó Hansel con el pánico reflejado en su cara.

– La armadura debe tener alguna clase de filtro —agregó Kasui mientras los demás no paraban de reír.

– K-Kasui, oye, eso fue cruel —intervino Chiara dejando una pequeña pausa antes de agregar—.

Seguro que la parte trasera de su armadura se puede abrir —con esto, Hansel cayó sentado un tanto pálido en su silla.

– Qué hice para merecer esto.

El desayuno continuó sin ningún otro acontecimiento mayor.

Kasui se quedó otro día más para que los médicos del alcalde trataran sus heridas con un poco de magia sanadora.

A la mañana siguiente ya se sentía mejor y estaba listo para partir de ahí.

– Por fin me podré ir.

—asintió aliviado mientras terminaba de vestirse—.

Ahora voy a despedirme del alcalde y me iré directo a entrenar.

Kasui bajó muy rápido las escaleras y pasó a toda prisa por la sala principal de la casa donde se encontraba el alcalde sentado leyendo un viejo libro de historias de bárbaros, el cual era su favorito— ¡alcalde, ya me voy, gracias por todo!

—dijo sin detenerse.

– ¡Espera, Kasui!

El alcalde no tuvo tiempo de ponerse de pie y atajar a Kasui.

Para cuando pudo alcanzar la puerta principal de la casa, él ya se encontraba muy lejos.

Solo se giró unos instantes para ondear su brazo en la distancia y después continuó corriendo hasta perderse de vista.

– Rayos, nunca cambia este pequeño.

Aún tenía cosas de las que quería hablar con él —se lamentó el alcalde.

***  – Bien, ya es hora de volver a entrenar.

—dijo momentos antes de arribar al lugar en medio del bosque al que siempre iba—.

¿Eh?

– Oh.

Kasui por fin llegáis.

Hace un rato que te estamos esperando.

– ¡¿Hansel?!

Chicos.

¡¿Qué hacen aquí?!

Hansel, Lucy y Marco se hallaban en la zona de entrenamiento de Kasui, observando todo y procurando no perderse ningún detalle de aquella zona tan apartada del pueblo y tan peculiar.

– Hemos venido a ver dónde entrenáis.

Pero mira todo esto, en verdad que te esforzáis.

¿Qué es esta especie de chaleco?

—preguntó Hansel mientras agarraba y miraba por todos lados aquello que Kasui había fabricado para entrenar—.

¿Por qué tiene estas rocas atadas a él?

No son nada livianas.

– S-son para ejercitarme.

Me lo pongo —dijo Kasui mientras tomaba el chaleco de las manos de Hansel y se lo ponía—, y subo a una rama para hacer esto…

—Kasui se trepó a una rama del Shirobi, luego se colgó de ella de las piernas y empezó a hacer ejercicios abdominales.

– ¡¿Q-qué?!

¿Qué clase de entrenamiento es el que realizas?

Puede ser que…

Kasui, ¿acaso queréis ser un guerrero?

Kasui soltó una carcajada.

– Cómo crees…

yo… —después de dejar de reír se puso serio y pensativo.

No respondió a la pregunta.

– Tres tipos de martillo y solo una vieja espada.

Tiras más a ser un guerrero que a cualquier otra clase, por lo que veo a simple vista —dijo Marco mientras trataba de alzar uno de los martillos que de largo medían casi el doble que él.

Kasui, aún colgado de la rama del Shirobi con los brazos sueltos, permaneció con la vista clavada al suelo evitando hacer contacto visual con ellos.

– De seguro tenéis mucha fuerza.

Para poder empuñar un martillo de herrería se necesita un poco más de la normal y esto —Hansel empuñó otro de los martillos y lo alzó—, de no ser por mi nivel actual y la cantidad de Magículas que poseo, no sé si hubiera podido alzar semejante objeto.

– Ya entrené lo suficiente con la espada y ahora lo estoy haciendo con estos martillos, y a decir verdad me he sentido más cómodo usando un martillo, pero no soy malo con la espada tampoco…

y la magia.

Debe ser por esa razón que no subo de nivel —Kasui se puso a reflexionar de repente luego de haber dicho eso.

– La verdad, no pienso que nada de eso tenga que ver, cualquier persona puede hacer eso —expresó Lucy—, entrenar varias habilidades, pero lo que no pueden lograr es dirigir su poder a todas ellas.

Puedes tener un pequeño conocimiento sobre varias habilidades sin ningún tipo de problema.

– Si es así, entonces podría ser poderoso con todas —dijo Kasui muy emocionado.

– Si tu poder se dirigiera a otros tipos de habilidades u otra arma que utilices, tu cuerpo se perturbaría y lo más seguro que suceda es que tu poder genere una implosión que consumirá tu ser por completo, y no quieres que eso ocurra, ¿o sí?

– ¡P-por supuesto que no!

—respondió Kasui muy sobresaltado.

– Las Magículas no solo almacenan poder físico, sino también el poder destructivo de un arma o artefacto.

Cuando usas tu arma, como por ejemplo una espada para cortar un árbol, una roca o inclusive un pequeño barco, las Magículas agregan poder a tu ataque y se van agotando cada vez que se manipula.

Y luego de que eso suceda, la espada o cualquier tipo de arma que estés empleando, quedaría con las estadísticas básicas que posee.

– Y, ¿qué pasa con el Maná entonces?

—preguntó Kasui un poco confundido.

– El Maná es diferente, porque nos permite controlar los elementos o sus derivados, y este puede ser potenciado por las Magículas, pero eso es un uso que sigue en investigación.

– Tampoco debemos olvidar esto —agregó Marco mientras materializaba su cristal—, el cristal juega un papel muy importante.

– Marco tiene razón, el cristal es el responsable de que puedas dirigir Magículas a un arma o artefacto.

Sirve como catalizador, gracias a él, puedes lograr que, lo que hubiera sido una pequeña grieta en el suelo causada por el azote de un martillo solo con tu fuerza normal, se convierta en todo un abismo si lo haces con tu poder, con las Magículas.

– Mi cabeza está dando vueltas, eso es demasiada información, no voy a conseguir procesar todo eso.

– Tienes que saber esto, es muy básico.

– Joven Kasui…

Quiero haceros una propuesta.

Partimos mañana temprano y me gustaría que vinierais con nosotros.

Kasui lo miro impresionado, apenas escuchó eso, se dejó caer de la rama para quedar de frente a Hansel.

– ¿Qué fue lo que dijiste?

– Al gran continente, Neos.

Me gustaría que te unáis a la orden de los caballeros de Neos…

Incluso si lo que quieres es ser un Guerrero, entonces yo mismo me encargaré que entres a la mejor cuadrilla de guerreros.

– Pues —Kasui quedó estupefacto—, no sé qué decir.

Me quedé sin palabras.

– No tenéis que responder ahora mismo.

Podéis pensarlo con calma, tenéis todo un día para hacerlo.

Os esperaré mañana en el puerto, no lleguéis tarde.

Empacad solo lo que más necesitéis.

– No, no he dicho que iré-  – Os dije que tenéis todo un día para “reflexionarlo”.

Ve y habla con tu hermano, te harás una mejor idea de lo que estoy diciendo.

– ¡¿Dann?!

¿Por qué?

– Conversé con él y dijo que iría…

incluso si tú no vas.

– Imposible…

Dann, él…

él no haría eso.

– Hablad con él.

¡Os espero mañana a ambos!

Hansel se giró en sí mismo y comenzó a caminar.

Marco y Lucy también empezaron a moverse.

– ¡E-Espera Hansel!

Hansel giró de nuevo para poder verlo.

– ¿Qué pasó?

– No te creo —Kasui se veía extrañado.

– Podéis ir y preguntarle tú mismo a Dann.

Justo ahora pienso que está en la casa de vuestro abuelo, o algo así dijo.

Ve con él y aclarad las dudas que tengáis.

Kasui solo permaneció en silencio, aquello que le dijo Hansel lo había tomado por sorpresa, no podía terminar de procesar lo que había escuchado, después de reflexionarlo un poco se decidió por fin a ir a buscar a su hermano y preguntarle si todo era cierto.

– Joder, me voy entonces.

—dijo antes de partir—.

«No puede ser posible, Dann quería quedarse aquí y ser un Worker.

No consigo entender por qué de un momento a otro decidió esto.

Debe ser una broma, estoy casi seguro de que lo es», suponía Kasui mientras se alejaba a toda velocidad por entre los árboles.

El bosque, su único refugio, parecía ahora más pequeño frente a la promesa de un continente que permanecía inexplorado para él.

Pensar en Neos era como pensar en otro cielo; uno donde los sueños tenían precio y las sombras, nombre.

Kasui se dirigió con mucha prisa a la casa de su abuelo para encontrar a su hermano y preguntarle qué era lo que estaba planeando y por qué había tomado tal decisión.

Las mareas de emociones dentro de su cabeza se arremolinaban con fuerza y no lograba retenerlas mientras se acercaba a su destino.

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