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X: WARRIOR - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 BATALLA EN ALTAMAR
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8: BATALLA EN ALTAMAR 8: BATALLA EN ALTAMAR BATALLA EN ALTAMAR  Todo estaba listo para enfrentar al Kaijin que tenían en sus narices; un conjunto de caballeros que, si bien eran poderosos por sí solos, no tenían ninguna oportunidad de enfrentarse a un Kaijin de alta mar y salir ilesos.

De ahí la formación que hicieron para lidiar con ese problema que, en generaciones pasadas, habría acabado con la vida de muchos navegantes.

– ¡¿Quiénes son ellos?!

—preguntó Kasui.

La presencia de aquel caballero, que por cierto no llevaba armadura, era más que suficiente para hacer estremecer todo el cuerpo de Kasui.

– Ellos son… —respondió Morgan, dejando un pequeño silencio antes de continuar— el grupo de élite anti-Kaijins; conformado por catorce miembros más que capacitados para la tarea de neutralizar Kaijins en alta mar; seis de ellos son caballeros, adiestrados en el uso de la espada.

Cuatro están especializados en largo alcance, arqueros con una puntería impecable; y los últimos cuatro, pero no menos importantes, son magos, con magia adecuada para lidiar con este tipo de bestias en el mar.

» Dos de ellos son los que se encargan de brindar una base firme sobre el agua, además de crear estructuras para que los caballeros que se enfrentan a los Kaijins cuerpo a cuerpo puedan defenderse de los ataques.

Los otros dos magos brindan apoyo de largo alcance con su magia, su poder mágico es muy destacable y pueden sosegar los ataques descontrolados de los Kaijins.

– ¡Asombroso!

No tenía idea de que pudiera existir un equipo como ellos.

—declaró Kasui—.

Pero, solo hay cinco, ¿dónde se encuentran los demás?

– Ya están aquí.

Antes de que la capitana Morgan terminara de decir esto, Kasui ya se encontraba rodeado por los demás miembros del equipo élite; los cuatro arqueros y los cinco caballeros con sus brillantes y poderosas espadas.

Kasui se quedó congelado, no supo muy bien lo que había acabado de suceder, en un instante estaba todo despejado a su alrededor y de un momento a otro aparecieron todos los miembros del equipo élite que faltaban de la nada, en un parpadeo.

No se dio cuenta si llegaron ahí muy rápido o acaso poseían algún poder divino que les permitiera teletransportarse de un lugar y aparecer en otro.

Estas ideas llenaban la cabeza de Kasui y no lo dejaban pensar con claridad.

Ahora estaban rodeándolo, como si su pregunta los hubiera invocado ahí.

El pulso le martillaba en las sienes, ahogando cualquier otro sonido.

No supo muy bien lo que había acabado de suceder: un instante antes, todo estaba despejado, y en el siguiente…  Quizá estaba viviendo secuelas del momento en el que perdió el control de su cuerpo en la isla de Elba.

– Bien…

—el vicecapitán levantó su espada lo más alto que pudo—.

¡Reúnanse!

Después de haber dicho eso, se ubicaron a su lado todos los miembros del grupo élite contra Kaijins del Neerlandés Errante sobre una de las barandas del borde del navío.

– ¡Todos listos!

¡Cañones, a mi señal, disparen todo lo que tengan a ese Kaijin!

Dijo mientras bajaba su espada y apuntaba al Kaijin que sujetaba a la ballena con sus enormes tentáculos por todo su cuerpo.

– ¡Vamos!

—siguiendo la orden, todos los miembros del equipo élite se lanzaron al mar.

– ¡Haaa!

—Kasui dejó salir una enorme bocanada de aire—.

Creí que mis pulmones serían aplastados.

La presión que emite cada uno de ellos es sorprendente —dijo Kasui mientras trataba, con mucho esfuerzo, recuperar el aliento.

– ¡Magos!

—gritó el vicecapitán.

Uno de los magos, especializado en estructuras de soporte, extendió las manos hacia el mar y murmuró un conjuro.

Del agua surgió una espuma densa y brillante, que se expandió en segundos hasta formar una plataforma flotante.

No era la espuma frágil de las olas, sino una sustancia mágica viscosa, con una elasticidad casi gelatinosa que se compactaba bajo presión pero no se deshacía.

Todos descendieron encima de la espuma, y a pesar de todo el peso que había caído sobre esta, se lograba mantener a flote y conservaba su integridad.

Se notaba que el mago había entrenado incontables horas para llegar a ese nivel de seguridad.

– Bien, vamos a por él, ¡dispérsense!

Hagan que el Kaijin suelte a la ballena.

El mago que había producido la plataforma extendió el área útil de la espuma, para que los demás caballeros pudieran trasladarse y cubrir una amplia zona de terreno.

Su magia se limitaba a la cantidad de maná que podía emplear, pero el equipo había entrenado para sacarle el maximo provecho a cualquier limitación.

Los arqueros fueron los primeros en avanzar, mientras se desplazaban en dirección al Kaijin, también preparaban sus arcos para disparar una vez llegaran a una posición óptima.

Los dos magos que se encargarían de distribuir daño se quedaron muy cerca por detrás de los arqueros.

Una vez alcanzaron la distancia deseada dispararon de a tres flechas a la vez, cargadas de Magículas para maximizar el daño, y los caballeros al lado al vicecapitán siguieron avanzando después de disparadas las flechas.

Corrieron con paso firme sobre la espuma que seguía extendiéndose hacia el Kaijin.

Todos los proyectiles impactaron de forma efectiva en los tentáculos del Kaijin.

Cuatro de las ocho extremidades fueron dañadas de manera grave por las flechas que abrieron grandes orificios de lado a lado tras su golpe.

Esto provocó que aflojara a la ballena, pero solo un poco.

Con sus otros cuatro tentáculos rodeaba todavía su cuerpo que se retorcía de dolor.

– ¡Arqueros, alto!

—ordenó el vicecapitán cuando pasó por en medio de los arqueros—.

¡Magos!

¡Terminen con los tentáculos que hacen falta, pero traten de no herir a la ballena!

– ¡Muy bien!

—dijeron en respuesta.

Ya tenían listos sus hechizos.

Los dos magos de ataque a larga distancia lanzaron un hechizo de hielo conjunto en contra del Kaijin.

Este hechizo afectó a los tentáculos de forma directa, congelándolos totalmente y permitiendo que se rompan con el segundo ataque.

Unos cuantos bloques de hielo macizo que impactaron directo en los tentáculos congelados del Kaijin hicieron que por fin soltara a la ballena, que, muy herida, logró dejarse hundir por su peso en las profundidades del mar.

Esto le dio vía libre a los caballeros para que atacasen de cerca al Kaijin recién despropiado de su inocente rehén.

– ¡Artilleros, cañones listos!

Gritó de manera feroz el vicecapitán que en ese momento estaba subiendo por una rampa de espuma a uno de los costados de aquel monstruo.

– ¡Fuego!

Toda una oleada de proyectiles se disparó en contra del Kaijin a máxima potencia.

El vicecapitán ya había alcanzado una altura ideal para abalanzarse sobre el Kaijin, pero presintió que algo no andaba bien.

– ¡Alto!

¡Todos deténganse!

—los cinco caballeros que estaban cargando hacia el Kaijin junto a él se detuvieron de inmediato.

En ningún momento bajaron la guardia.

– ¡¿Le dieron?!

—preguntó Kasui—.

¿Eh?, ¿qué es eso?

Detrás de toda la humarada que habían dejado las balas de los cañones que impactaron al Kaijin se alcanzó a ver algo; un extraño caparazón recubría al Kaijin que emergía ileso de las nubes de humo.

Era otro Kaijin, de menor tamaño.

Esta vez era un cangrejo que había caído víctima del exceso de Maná de las zonas de magia cuantiosa.

Era de por lo menos categoría tres, y aunque su tamaño no era semejante al del Kaijin pulpo que tenía detrás, era muy enorme comparado con el que debería ser su tamaño real.

El cangrejo se apartó del camino.

Ahora el Kaijin pulpo se dirigía hacia el barco con gran furia, aunque lo hacía de una manera un tanto lenta debido a sus heridas.

– ¡Todos listos, se viene!

¡Espadachines, vengan conmigo!

¡Magos, hagan una barrera!, ¡no permitan que pase y ataque al barco!

– ¡Entendido!

El Kaijin se acercó al borde de la plataforma de espuma y se subió para seguir avanzando encima de ella.

El segundo mago de defensa creó una enorme barrera de cristal sobre la espuma que detuvo el avance del pulpo.

El Kaijin trataba de resistirse con sus ya reducidas fuerzas al empuje del cristal en dirección contraria a la que estaba avanzando.

Uno de los magos de ataque lo apoyó amarrando al Kaijin con un hechizo de lazos de agua.

– ¡Espadachines, ahora!

El vicecapitán y los demás caballeros se lanzaron hacia la criatura con todas sus fuerzas para acabar con él, pero el Kaijin logró romper los lazos de agua con los que lo estaban suprimiendo y los azotó con sus heridos tentáculos lejos de ahí.

Algunos impactaron sobre la espuma y otros cayeron al mar.

De no ser porque no llevaban puesta una armadura completa, se hubieran hundido directo al fondo del mar.

– ¡Vicecapitán!

¡¿se encuentra bien!?

—gritó preocupado uno de los magos.

– ¡Sí!, ¡no pasó nada!

—dijo después de salir a flote— «Maldito bastardo, ¡menuda fuerza tiene!», dijo para sus adentros —.

¡Atenlo más fuerte!

¡Espadachines, vamos de nuevo!

Los magos volvieron a lanzar sus hechizos y liaron de nuevo al Kaijin pulpo, ahora más fuerte que la última vez, para evitar que se fuera a soltar.

Primero le rebanaron todos los tentáculos que ya le habían herido con ataques anteriores y los que permanecían sanos.

Después, desde la parte trasera, el vicecapitán y un caballero espadachín le cortaron todo a lo largo de lo que sería su espalda.

Después de hacer una herida considerable, el vicecapitán se apoyó en la barrera de cristal que habían hecho con posterioridad y se lanzó de nuevo al Kaijin.

Esta vez tenía preparado un ataque con todas sus fuerzas.

Cargó su espada de Magículas y dirigiéndose a toda velocidad, hizo un movimiento de medialuna en el aire.

De ella que dejó salir una estela de Magículas justo delante del filo mismo que impactó a lo largo del Kaijin pulpo, cercenando al instante y dejando al descubierto sus entrañas.

La emoción no tardó en reflejarse en los marineros que veían la escena desde el barco.

El Kaijin movió desenfrenado sus tentáculos como última señal de vida, después los dejó caer y junto a su cuerpo principal, se desplomó.

En la espuma que servía de plataforma se abrió un hueco del tamaño del Kaijin que permitió que cayera al mar y se precipitara a las profundidades de este.

Ya se habían deshecho del más grande, ahora solo quedaba acabar con el cangrejo, pero no sería una tarea muy difícil.

– ¡Lo lograron!

¡Increíble!

Dijo Kasui en tono de celebración, aunque la felicidad no le duraría demasiado.

Mientras el equipo de élite se preparaba para acabar con el Kaijin cangrejo, al cual solo se le veía sobresalir la parte superior sobre el nivel del mar a unos cuantos metros más lejos de donde llegaba la espuma, otro gran golpe sacudió al navío.

– ¡¿Eh?!

¡¿Qué ha sido eso?!

—largos tentáculos empezaron a emerger del mar por la parte inferior del barco.

A cada lado sobresalieron cuatro tentáculos enormes—.

¡¿No murió?!

– ¡¿Qué está pasando?!

¡¿El barco se está alzando?!

—preguntó Dann en un tono muy alarmado.

– E-es otro, ¡es otro Kaijin!

—gritó uno de los marineros.

A lo que la capitana Morgan reaccionó ordenando en voz alta.

– ¡Preparen los cañones!

– ¡¿Uno más?!

¿Cómo pueden saber que no es el mismo?

—preguntó Dann.

– Mira sus tentáculos —indicó la capitana Morgan—, son más gruesos y además están intactos.

Este Kaijin en definitiva está en el rango cinco.

En esta categoría es cuando alcanzan su tamaño más grande.

– ¡¿El más grande?!

¡¿Acaso ese no sería el rango diez de un Kaijin?!

—preguntó Dann estupefacto.

– No, después del rango cinco cambian su anatomía por completo; cuando un Kaijin alcanza el rango seis, su cuerpo se empieza a ver más… Humano.

– ¡Debes estar bromeando!

¡¿No?!

—dijo Kasui con una expresión de horror en su rostro.

– Lo que nos faltaba —replicó el vicecapitán desde abajo mientras miraba la manera en la que los tentáculos del Kaijin apretaban con fuerza al navío—, un Kaijin colosal.

(De esta manera es como todos llaman a los Kaijins que han alcanzado su máximo tamaño, o el rango cinco).

Espadachines, ¡conmigo!

¡Hay que cortarle esos tentáculos!

—dijo al momento de apuntarlo con su espada cubierta por la sangre de tono azulado del anterior Kaijin que había asesinado—.

¡Que el Kaijin suelte el barco antes de que lo parta en pedazos!

Todos asintieron en sintonía.

Sabían que sin importar a cuántos se enfrentaran en un solo día, tenían el deber de proteger al barco y a sus tripulantes, en ningún momento vacilaron.

El mago que poseía magia de cristal fue el primero en actuar; creó estacas que se incrustaron en los tentáculos del Kaijin colosal desde el costado por el que se había lanzado el equipo élite con antelación.

– «Ya tenía preparado un hechizo así por si el anterior Kaijin se precipitaba sobre el barco, pero solo lo preparé por un solo costado», pensó el mago después de que sus estacas hicieran efecto.

El Kaijin se enfureció.

Con sus cuatro tentáculos sanos comenzó a agarrar a los tripulantes y a lanzarlos fuera de barco, sacudía el barco con más fuerza.

– ¡Ahhh!

¡Vamos a morir!

—gritó Kasui, al tiempo que se estaba aferrando a una de las barandas del barco.

– ¡Cálmate, Kasui, solo resbalamos un poco!

—le dijo Dann.

Él permanecía un tanto sereno pese a la situación que estaban viviendo.

Al parecer trataba de habituarse a ese tipo de escenarios.

Dann sabía muy bien que alarmarse demasiado no le serviría de nada, por el contrario, eso podría desencadenar un gran problema, incluso moriría si no actuaba con cuidado.

– ¡Cómo puedes estar tan calmado en una situación así!

—gritó Kasui.

– Me haré cargo de esto, ya fue suficiente espectáculo, no hay porque dejar que se extienda esta batalla.

—expuso la capitana.

Ella siempre tenía consigo un par de espadas cortas a su costado izquierdo, en su correa—.

Terminaré esto ya mismo —dijo al momento de tomar una sola de las espadas que tenía.

– Ja, ja, ja.

¡Estáis a punto de ver a una persona increíble en acción!

—le dijo Hansel a Dann y a Kasui.

Ellos solo permanecieron en silencio.

La capitana Morgan se veía muy seria y parecía que no tenía ni el más mínimo temor.

Se limitaron a observar lo que estaba a punto de hacer.

La miraron con sumo cuidado, sobre todo Kasui, no quería perderse el más mínimo detalle, permanecía seguro de que estaba a punto de ocurrir algo increíble, tan increíble que escapaba a su imaginación.

No podía concebir cualquier cosa que fuera posible en ese momento por culpa del asombro.

– «Si ella es la capitana de este barco, ¡debe ser extraordinaria!», se dijo Kasui a sí mismo.

Morgan se puso a caminar por la cubierta con su espada desenvainada en su mano izquierda.

En ningún momento desvió la vista de los tentáculos que aún estaban azotando al barco por el costado derecho.

Los miraba uno a uno, y lo hacía una y otra vez mientras continuaba caminando por la cubierta.

En la mitad del navío, se detuvo.

– ¡¿Qué va a hacer?!

—dejó salir Kasui esa pregunta.

– ¡No la perdáis de vista!

—gritó Hansel.

Pero fue inútil su advertencia.

Dann y Kasui pusieron toda su atención en la capitana Morgan, no querían perderse ningún detalle por más pequeño que fuera.

Pero, justo cuando Hansel les avisó que no la perdieran, Morgan desapareció de sus vistas y lo primero que pensaron fue que hubiera desaparecido con algún tipo de magia de invisibilidad, aunque no existiese tal magia.

Dicha idea se esfumó casi de inmediato también.

Los tentáculos que estaban ilesos resultaron con heridas profundas y extendidas por todo el largo de estos y de esas heridas emergía la sangre del Kaijin a cántaros, incontrolable por el tamaño y profundidad de las zanjas recién abiertas.

El Kaijin soltó entonces el navío de una manera brusca.

El navío se azotó contra la superficie del mar e hizo que muchos cayeran al suelo.

Otros pocos fueron sacados del barco con el impacto, pero, al igual que los anteriores navegantes que habían sido arrojados al mar por los tentáculos del Kaijin, tenían un control total en el agua.

Caer al agua no representaba problema alguno para estos finos navegantes.

La capitana no se veía por ningún lado, ni en el barco o sobre el mar, tampoco en el cuerpo del Kaijin que salió a la superficie unos instantes después de que sus extremidades fueran fraccionadas de esa manera.

Varias heridas habían sido tan profundas que los tentáculos quedaron sujetos por una fina capa de piel al resto del cuerpo.

A pesar del tamaño tan limitado de la espada de la capitana Morgan, las heridas que había propinado a los tentáculos del Kaijin que, eran de una dimensión mucho mayor al de la espada, sobrepasaba por mucho al daño que podría causar una normal, o incluso un mandoble.

– ¡Vamos a morir!

—gritó Kasui despavorido.

– ¡No bajéis la guardia!

—replicó Hansel.

Su mirada estaba puesta en el Kaijin pulpo de categoría cinco, que yacía herido en el mar a unos escasos cien metros del navío.

– ¡Morgan!

—indicó Dann.

La capitana por fin apareció.

Se hallaba en la parte más alta del mástil mayor.

Incluso con el barco todavía moviéndose tan brusco, ella conseguía conservar su posición allá arriba.

Para cuando la lograron ver ya se encontraba envainando la espada con la que había herido con anterioridad al Kaijin colosal.

Al momento que guardó su arma se dispuso a agarrar el mango de la otra que posaba serena en la correa de su cintura.

Sin perder tiempo se lanzó, pero no a la cubierta del barco, sino en dirección al mar, muy cerca al borde del navío.

Estando a la mitad de su trayecto, antes de alcanzar lo que sería la altura de la cubierta, ya había sacado su otra espada por completo de la funda.

Era un pequeño sable, muy delgado a simple vista, casi tanto como uno de esgrima.

Este sable lo comenzó a imbuir con Magículas.

No se notaba tanto por el tamaño de este, pero la cantidad de Magículas que había dentro en ese momento era abrumadora.

No le tomó demasiado tiempo imbuir el arma.

Para cuando estaba a la altura de la mitad del barco, por debajo de la cubierta, muy cerca del costado derecho del navío, extendió sus piernas para alcanzarlo y usarlo como punto de apoyo, impulsándose directo hacia el Kaijin a toda velocidad.

Con una sola estocada tenía planeado acabar con el Kaijin.

A su paso dejó una estela que se marcaba clara sobre la superficie del mar y levantó el agua varios metros al aire por los lados.

Desde el barco solo se le alcanzó a ver el momento antes del impacto.

Cuando la capitana estaba a escasos metros del Kaijin se generó una enorme explosión por culpa del estallido que lo cubrió todo.

En esta ocasión no habían sido unas cuantas gotas de agua lanzadas al aire, sino varias decenas de toneladas de líquido que fueron dispersadas por toda el área circundante.

La marea se agitó mucho y el Neerlandés volvió a mecerse sin control.

– ¡¿Qué carajos pasó?!

—preguntó Kasui mientras se aferraba a las barandillas del barco—.

¡Esto está a otra altura!, ¡no podré volver a dormir en mi vida!

¡Este es el nivel al que yo quiero llegar!

—dijo Kasui con los ojos llorosos.

– Estáis muy lejos.

—expresó Hansel—.

Ya os he dicho mi nivel, ¿no es así?

– Es trescientos setenta y ocho… ¿Cierto?

—respondió Dann.

– Estáis en lo correcto, ese es mi nivel actual y la capitana Morgan está por encima de mí.

Claro que por solo diecisiete niveles.

– ¡¿Hablas en serio?!

—gritó Kasui sin medir el tono de su voz.

– Sí, ella aún no ha subido al nivel cuatrocientos, aún se encuentra en el rango Oro, al igual que yo.

– ¡¿Q-qué?!

¡Eso quiere decir que…!

¡Tú también estás a ese nivel destructivo!

—expresó Dann.

– Podría decirse que sí, pero solo en tierra, no tengo la práctica que tiene la capitana Morgan para enfrentar a monstruos en alta mar.

Yo necesito una buena zona para apoyarme y lanzar poderosos ataques, aquí en este barco no podría hacerlo con toda mi capacidad, esto se mueve demasiado.

– ¡Ehhh!

Eres muy delicado Hansel.

—dijo Kasui en tono cortante, a lo cual Hansel respondió con una mirada fija y muy seria—.

Esa mirada solo me confirma lo anterior.

– Bajad de ahí, te daré tu merecido pequeño granuja.

Por cierto, ¿qué hacéis trepado tan arriba en el mástil?

– Es por si el barco se hunde, quiero estar lo más alto posible por si eso ocurre.

– ¡Miren todos!

—gritó Lucy.

La nube de agua que se había creado tras la explosión se estaba disipando, gracias a esto se podía ver mucho mejor a través de ella.

A lo lejos se alcanzaba a divisar una silueta.

Era el Kaijin colosal, parecía estar ileso, como si el ataque anterior no le hubiera hecho ningún daño.

Estaba muy malherido, pero esto era por culpa de todos los ataques anteriores, ninguno que pudiera haber sido provocado por la embestida tan poderosa que había hecho la capitana Morgan.

– ¡¿Qué ocurrió?!

¡¿Dónde está la capitana?!

– ¡Allí!

—gritó Lucy en respuesta.

Ella señaló directo con su mano al lugar donde se veía su sombra.

Todos dirigieron su atención a la pequeña silueta que se logró ver en ese preciso instante.

Era la capitana que estaba de espaldas al barco.

Se encontraba parada sobre uno de los tentáculos del Kaijin colosal que le servía de apoyo y delante de ella, se hallaba de pie algo más…  Un Kaijin, un Kaijin con forma Humana; tenía dos piernas y dos brazos muy fornidos, pero su cara no se asemejaba tanto a la de un humano, pues aún poseía rastros de animal.

Filosos y puntiagudos dientes era lo primero que se lograba distinguir en su tétrica sonrisa.

Poseía branquias en los costados de su cuello, su piel era muy pálida en algunas partes, mientras en otras era de un tono azul, casi le doblaba la estatura a Morgan.

Con una de sus manos descubierta, estaba sujetando la espada con la que Morgan había lanzado el asalto.

Ella intentó soltarse, pero no lo logró.

¡La espada no se movió ni un centímetro!

– ¡Maldición!

—dijo Morgan—.

¡Te abriré más esa sonrisa si no me sueltas desgraciado!

Morgan sacó su otra espada con su mano izquierda y descargó una serie de ataques en contra de este Kaijin que, para su mala fortuna, no le provocó ningún efecto y tampoco hizo que soltara la espada.

Morgan no quería soltar su arma, puesto que tenía un valor sentimental muy alto y no quería perderla.

– ¡Detén ya esa sonrisa horrible!

Morgan lucía alterada, seguía atacando muy frenética.

No se detuvo, cada ataque que propinaba estaba cargado de Magículas, con las pocas que le quedaban.

En este punto se hallaba exhausta, se sentía en su manera de respirar, pues cada vez era más lenta y pesada, y los músculos de sus brazos empezaron a doler, puesto que estaba llegando al límite de su reserva de Magículas.

– ¡Suéltala ya, malnacido!

Morgan apuntó directo al pecho del Kaijin, a donde se supone debe de estar el corazón, pero este ataque fue detenido por él con su otra mano.

Luego dejó de sonreír e inclinó su cabeza un poco, soltó la espada con la que Morgan estaba atacando, pero no la espada delgada.

Después de que el Kaijin soltó el arma, Morgan cayó sobre sus rodillas, estaba por perder la conciencia, ya había agotado casi por completo todas sus Magículas.

– Jum, Jum —el Kaijin soltó una clase de risilla burlona mientras miraba hacia abajo a Morgan, débil e indefensa.

– ¡Capitana Morgan!

—gritó Kasui desde el barco.

No había nada que pudiera hacer él, si se lanzaba de seguro se hundiría, pues no sabía nadar muy bien en situaciones como esa y, además, con su condición, no podría ser de mucha ayuda por más que quisiera.

En ese momento, por encima del barco pasó el equipo de élite en dirección al Kaijin.

El vicecapitán iba delante y detrás de él el resto.

Tenían pensado caer encima del Kaijin en lo que sería una clase de ataque furtivo, por ello la altura a la que se habían lanzado, todo para no llamar la atención del Kaijin que tenía presa a Morgan.

Pero esta técnica de nada valió, pues el Kaijin se percató, subió su mirada en dirección a los miembros del equipo elite y volvió a sonreír por completo desquiciado.

Soltó la espada de Morgan, pero no sería por compasión que lo había hecho.

Enseguida le propinó una patada directa en el vientre a la capitana Morgan que le causó una hemorragia interna severa.

Una bocanada de sangre salió por su boca antes de salir disparada hacia arriba, directa en la trayectoria en la que venía cayendo el vicecapitán.

Ella impactó al vicecapitán, quien salió desviado en una línea directa al mar.

Morgan, en cambio, siguió de manera horizontal en dirección al barco.

El Kaijin enseguida saltó muy rápido para recibir y atacar al resto que iba cayendo hacia él, estampándolos a todos en el mar con su secuencia de ataques desenfrenados y potentes.

Cuando Morgan alcanzó el barco estaba pasando muy alto como para caer encima de él, con su trayectoria sugería que iba a seguir de largo y a aterrizar donde estaba la plataforma de espuma que habían hecho antes para luchar con los anteriores Kaijins.

– ¡Yo me haré cargo!

—dijo Hansel al momento en el que saltó a atrapar a Morgan en el aire—.

¡Te tengo!

—Hansel cayó encima de la cubierta superior con ella en sus brazos.

– H-Hansel —Ella tosió mucho en ese momento—, h-hay que salir que aquí, que se repliegue el equipo élite, este Kaijin está por encima de nuestras capacidades.

Hansel entendió la situación de inmediato, se puso muy serio y con un tono autoritario les dijo a los tripulantes.

– ¡Leven anclas, bajen las velas, nos largamos de aquí!

¡Ahora mismo!

– ¡Repliéguense!

—le gritó un oficial que se hallaba en el barco a todos los que estaban en el mar.

No solo al equipo élite, sino también a los que habían caído antes por los ataques, todos tomaron maniobras evasivas.

Los magos lanzaron sus hechizos para recoger a los que se encontraban inconscientes flotando sobre el mar y a los que no estaban inconscientes les brindaron zonas en las que apoyarse para que corrieran hacia el barco.

– ¡Equipo élite!

¡No pierdan de vista a esa cosa!

—gritó el vicecapitán— ¡No bajen la guardia!

El Kaijin se limitó a verlos correr.

No hizo ningún gesto o movimiento que indicara que iría tras ellos, por el contrario, se veía muy sereno, como si no le importara lo que estuviera sucediendo— “Uh, Jum” —se rio mientras se ponía en cuclillas.

Aún estaba sobre el tentáculo del Kaijin colosal, viendo huir a sus presas con mucha curiosidad.

– ¡¿Se va a quedar ahí sin hacer nada?!

—preguntó Dann.

– Si ese es el caso, debemos aprovecharlo —expresó Hansel.

Todos los tripulantes que habían caído al mar ahora estaban subiendo por las mallas de emergencia que se encontraban amarradas a los bordes del barco.

El equipo de élite permanecía en la retaguardia de la retirada para vigilar los movimientos del Kaijin y que no los fuera a sorprender mientras se replegaban.

En todos ellos existía la duda de si los dejaría marcharse de ahí o los atacaría de manera furtiva, sin previo aviso.

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