¿Y SI TE MUESTRO MI LADO OSCURO? - Capítulo 23
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23: Capítulo 23: LA DUALIDAD DEL CAMBIO 23: Capítulo 23: LA DUALIDAD DEL CAMBIO Después de un rato disfrutando de nuestra compañía y observando la oscuridad del bosque, Alexander se despide.
—Prometo hablar con tu familia de inmediato — dice mientras se aleja, su figura desvaneciéndose entre el humbral de la puerta.
Quedo sola en mi habitación, acompañada por los murmullos del viento entre los árboles.
La tranquilidad del momento se ve interrumpida por una oleada de pensamientos que fluyen en mi mente.
Ahora solo tengo que tratar de conocerlo, compartir más con él, aceptar nuestro vínculo de pareja…
y la marca…
Me doy cuenta de que estoy sobrepensando mucho.
¿Y si me voy?
¿Cómo podré seguir con la investigación?
Este dilema se convierte en un peso en mi pecho.
—Diosa, esto es complicado —susurro al aire, sintiendo el eco de mis palabras en la soledad de mi habitación.
Quiero seguir mi plan y no descuidar mi objetivo principal: descubrir la verdad detrás de lo que busco.
Pero también quiero corresponderle a Alexander, como su pareja destinada…
O al menos una parte de mí.
—¿Podré encontrar el equilibrio entre ambas cosas?
—me pregunto en voz alta mientras miro las estrellas titilantes en el cielo nocturno.
La incertidumbre me envuelve como una niebla espesa.
Cierro los ojos por un momento, tratando de centrar mis pensamientos.
La decisión no es sencilla; cada camino tiene sus riesgos y recompensas.
La emoción de lo desconocido se mezcla con el temor a perderme en el camino.
Me siento atrapada entre dos mundos: uno donde puedo seguir tras mis objetivos y otro donde puedo explorar lo que significa estar con alguien como Alexander.
Con un suspiro profundo, decido que mañana será un nuevo día lleno de oportunidades.
Tal vez pueda encontrar una manera de combinar ambos aspectos de mi vida; quizás haya espacio para el amor y la búsqueda en este viaje.
Al final, lo que más deseo es ser fiel a mí misma y a mis deseos más profundos.
Comienzo a caminar hacia la cama, sintiendo cómo el peso del día se va desvaneciendo con cada paso.
Al tumbarme en el colchón, la suavidad me envuelve como un abrazo reconfortante.
Quizás no estoy totalmente lista, pero quiero enfrentar lo que venga.
Cierro los ojos y, en cuestión de segundos, el sueño me atrapa.
Mi mente se sumerge en un mar de sueños donde las dudas se disipan y las posibilidades brillan con intensidad.
La noche avanza, y aunque mi cuerpo reposa, mi corazón late con la emoción del viaje que se avecina.
…
Despierto, los primeros rayos del sol se cuelan por la ventana, llenando la habitación de luz dorada.
El día ha llegado y con él la promesa de nuevas aventuras.
Me levanto con determinación, sabiendo que antes de partir debo buscar a mi familia para tener una charla importante.
Me preparo rápidamente, el desayuno queda olvidado mientras mi mente se enfoca en lo que debo decirles.
Salgo de mi habitación y me dirijo al salón donde espero encontrarlos reunidos.
– Hola – digo al entrar, intentando ocultar los nervios en mi voz – ¿Podemos hablar un momento?
Hay algo importante que necesito compartirles – Los rostros de mi abuelo y mi tío Hans cambian a medida que perciben la seriedad en mis palabras.
Mi tío levanta una ceja y mi abuelo deja de leer su periódico, prestando atención.
– Claro, hija – responde el abuelo – ¿Qué sucede?
– Antes de hablar busco disimuladamente a Darius y a Alexander sin tener exito.
Respiro hondo y empiezo a explicarles sobre Alexander y la oportunidad que se me presenta.
Hablo sobre mis sentimientos, sobre el vínculo que siento con él y cómo deseo explorar esa conexión sin perder de vista mis objetivos.
– Entiendo que esto puede parecer repentino…
– continúo, sintiendo cómo las palabras se agolpan en mi garganta – pero siento que es crucial para mí dar este paso.
Quiero ser honesta con ustedes y asegurarme de contar con su apoyo – Ambos intercambian miradas cargadas de emocion.
La tensión en el aire se siente como un hilo delgado, listo para romperse en cualquier momento mientras esperan a que termine mi explicación.
Finalmente, Hans rompe el silencio: – Cariño, siempre te apoyaremos en tus decisiones.
Solo queremos que seas feliz y estés segura – Un alivio inunda mi pecho al escuchar sus palabras.
Siento como si un peso enorme se levantara de mis hombros; su apoyo significa el mundo para mí.
– Cuentas con todo nuestro apoyo – continúa el abuelo, una sonrisa tierna asomándose en su rostro – Aunque debo admitir que estoy un poco celoso y molesto con Alexander por llevarse a mi pequeña – concluye con un puchero que me arranca una risa.
– Sí…
– dice mi tío, también con un puchero – Aún no asimilo que te separes de nosotros tan pronto de haber llegado – – No se preocupen – digo mientras me siento entre ambos, buscando transmitirles mi confianza – Volveré – – Umju, eso dices ahora – responde mi tío con una incredulidad juguetona – Luego te va a gustar tanto que no querrás regresar a nosotros – añade con un tono picaro y cómplice.
– Hans…
– lo reprende el abuelo, levantando una ceja como si le diera un pequeño regaño – Deja de decirle esas cosas a la pequeña – ¿Por qué presiento que no estan hablando exactamente de Alexander?.
Siento que ambos están insinuando algo más profundo; una chispa de complicidad flota entre ellos, pero decido no profundizar en ello.
– No te preocupes, pequeña – agrega el abuelo con ternura – Solo concéntrate en ser feliz.
Y sobre tus padres, te mantendremos al tanto de cualquier pista que tengamos – Escuchar eso me alivia tanto; siento que aunque me aleje físicamente, siempre estaré conectada a ellos.
Tengo una ligera inquietud así que decido preguntar.
– ¿Dónde están Darius y Alexander?
– pregunto curiosa.
– Están dirigiendo el entrenamiento de los pequeños – me responden, con una sonrisa cómplice.
– Oh, entiendo – digo, sintiendo que una parte de mí desea unirme a ellos.
Sin embargo, debo concentrarme en mis propios preparativos – Bueno, me excuso, tengo que ir a empacar mi maleta – Después de nuestra charla, me despido de ellos con un abrazo cálido.
Con el corazón lleno de gratitud y emoción por lo que está por venir, salgo por la puerta lista para enfrentar esta nueva etapa en mi vida.
Mientras me alejo, mi tío me alcanza y me dice de manera ladina: – Recuerda, siéntete libre de hacer lo que quieras.
No te pierdas de nada – luego se despide apurado.
Sus palabras me dejan confundida pero con una sonrisa en el rostro mientras se aleja, dejando en mí una sensación de libertad mezclada con incertidumbre.
Subo las escaleras hacia mi habitación, abro el armario y busco entre la ropa hasta que finalmente encuentro una maleta de tamaño mediano que parece perfecta para el viaje.
La coloco sobre la cama y comienzo a empacar.
Mientras organizo mis cosas, desde ropa cómoda hasta algunos recuerdos que deseo llevar conmigo, un pensamiento repentino me asalta: Lía.
No puedo partir sin despedirme de ella.
Desde que llegué, su apoyo ha sido fundamental; me ha ayudado a sentirme menos incómoda entre tantos extraños.
Su amistad ha sido un faro en mis momentos más difíciles.
A medida que reflexiono sobre nuestra conexión, me doy cuenta de cuántas cosas tenemos en común.
Ella se abrió a mí como si nos conociéramos desde siempre, aunque yo no pude compartir casi nada de mi verdadera historia.
Ambas somos huérfanas; sus padres fallecieron cuando era pequeña y, desde entonces, ha encontrado su lugar en esta manada.
Lía tiene una pasión innata por cuidar a los niños del orfanato y sueña con encontrar a su mate para formar una familia numerosa.
Me alegra saber que al menos una de nosotras tiene planes de construir una familia estable; su entusiasmo por el futuro es contagioso y me da un poco de esperanza.
Sin embargo, no es algo en lo que quiero enfocar mis pensamientos…
al menos no en este momento.
Dejo la maleta abierta y me dirijo rápidamente hacia el albergue, se que estará ahí.
Mientras camino no puedo evitar disfrutar del aire fresco y del silencio reconfortante del lugar.
Al llegar, camino por un gran pasillo escuchando a mi alrededor las risas de los pequeños, me acerco a su habitación y toco suavemente la puerta.
– ¿Lía?
– la llamo, sintiendo una mezcla de nerviosismo y determinación.
– ¡Adelante!
– responde su voz desde dentro.
Abro la puerta y la encuentro sentada en su escritorio, rodeada de libros y papeles desordenados.
Al verme, levanta la vista con sorpresa.
– ¡Oh!
No esperaba verte.
¿Todo bien?
– – Sí, todo bien – digo mientras cierro la puerta detrás de mí – Solo quería despedirme antes de irme – La expresión en su rostro cambia ligeramente; puedo ver que le sorprende mis palabras.
– ¿Te vas?
¿Cuándo?
– – En la tarde – respondo con sinceridad – Se que es algo apresurado, pero he tomado una decisión importante y creo que es tiempo para mí de explorar nuevas oportunidades – Lía me observa en silencio por un momento, como si estuviera procesando mis palabras.
– Encontre a mi mate – digo un poco apenada, pero lo siguiente que escucho casi me deja sorda, es un fuerte grito producto de la garganta de Lía.
Me quedo mirandola sorprendida por su reaccion, se ve mucho mas sorprendida y emocionada de lo que estuve yo.
Luego se levanta y se acerca a mí para abrazarme.
– Sabía que esto estaba pasando, la forma como te queda mirando…
Estoy muy feliz por ti y te voy a extrañar – dice con sinceridad en sus ojos.
– Yo también te voy a extrañar – admito devolviéndole el abrazo – Pero quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti, sin importar dónde esté – Nos abrazamos durante unos instantes, compartiendo un silencio lleno de emociones encontradas.
Al separarnos, Lía me mira con una sonrisa triste pero comprensiva.
– Espero que encuentres lo que buscas allá afuera.
No dudes en escribirme; estaré esperando noticias tuyas – Le sonrío con gratitud y prometo mantenernos en contacto mientras regreso a casa para terminar de empacar.
Con cada prenda que añado a la maleta, siento cómo mis nervios se transforman en emoción ante lo desconocido que está por venir.
Darling_Yuli
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