Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 71

  1. Inicio
  2. yo no pedí ser un dios maldita sea
  3. Capítulo 71 - Capítulo 71: Un mar de rojo Parte 2
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 71: Un mar de rojo Parte 2

“¿Por qué…?”

Esa pregunta resonó sobre el campo de flores.

Ante aquellas palabras, Unohana, que estaba a punto de seguir cortando, se detuvo en seco, con su espada a un suspiro de alcanzar a Hipnos.

“¿Por qué te sigues conteniendo?”, preguntó Hipnos mientras alzaba su espada. “¿Por qué no usas toda tu fuerza?”

Ante la repentina pregunta, Unohana, interpretada por Crow, quedó paralizada. Lentamente se separó de Hipnos, creando una ligera distancia entre ambas.

Una distancia que dejaba al descubierto el suelo bajo ellas: un terreno cubierto de flores, sangre, carne y una que otra extremidad cercenada. Era una vista infernal, pero aquello no parecía incomodar a ninguna de las dos.

“¿Qué te hace pensar que no estoy usando toda mi fuerza?”, pregunté con una leve sonrisa.

“¿Por qué crees que me sigo conteniendo?”, añadí sin apartar la mirada de Hipnos.

La mirada de Unohana hacía tiempo había perdido su inocencia y amabilidad, reemplazada por una expresión fría y encantadora, completamente opuesta a la mujer virtuosa que había entrado en ese lugar por primera vez.

“Intuición.” Hipnos sonrió, claramente emocionado, mientras apuntaba con su espada hacia Unohana. “Me he enfrentado a muchos enemigos. He disfrutado de las heridas, de la batalla… y en cada una de ellas he podido ver el cansancio y la satisfacción. Pero siempre he sentido con claridad el alma, el rendimiento y el deseo de quienes me atacan.”

Tras esa declaración, Hipnos la miró fijamente a los ojos.

“Estás tan inmersa en esto como yo. Estás cortando todo lo que puedes, igual que yo… pero no siento esa claridad en ti. Es como si una fina capa nos separara, y eso es… molesto.”

“Quién lo diría… eres más perspicaz de lo que pensaba”, comenté mientras la sonrisa desaparecía de mis labios. “Pero la perspicacia no sirve de mucho si no tienes la fuerza para respaldarla.”

En un instante, un fuerte viento agitó las flores.

Hipnos, que antes la enfrentaba sin dudar, sintió de pronto un peso aplastante. Era distinto a todo lo anterior, mucho más denso… casi asfixiante.

La mujer frente a él emitía una presencia que encendía todas las alarmas de su cuerpo. Sus instintos se descontrolaron, y cada vello de su piel se erizó, como si su propio cuerpo intentara advertirle del peligro.

“¿Estás diciendo que—?”

“Shhhh.”

Antes de que Hipnos pudiera terminar, su cuerpo se entumeció de golpe. Por puro instinto, movió su espada, y apenas logró interceptar el ataque.

El impacto la alcanzó de lleno, desatando un chorro de sangre más violento que cualquiera anterior.

La sangre brotaba desde su cuello.

Si no hubiera reaccionado en ese instante, habría sido completamente decapitada.

Y aun así… estuvo peligrosamente cerca.

La hoja de Unohana se había detenido a medio camino de separarle la cabeza.

“Lo dije. Fuerza insuficiente”, proclamó Unohana mientras apretaba su espada.

Clhssss.

En un movimiento brusco, retiró la hoja.

Hipnos cayó al suelo.

No fue por sorpresa, ni por debilidad de espíritu, sino por algo puramente físico: al sacar la espada de su cuello, Unohana cercenó deliberadamente los nervios, cortando la conexión entre el cerebro y el cuerpo.

Desde el suelo, con una expresión que mezclaba una sonrisa torcida y una mueca distorsionada, Hipnos miró a la mujer frente a ella.

Una mujer que, sin prisa, alzó su espada y la apuntó directamente a su rostro, a escasos centímetros.

“Tu fuerza actual no es suficiente para hacer que pueda disfrutar de un combate real”, declaré como si fuese algo evidente. “Retarme, incluso siendo inmortal, solo te convierte en un juguete muy duradero.”

Mientras Unohana decía esto, y justo cuando estaba a punto de atravesarle la cabeza, algo cambió.

Un sentimiento inusual la recorrió.

Se detuvo.

Miró a la mujer a sus pies.

Algo en ella…

Despertaba un interés distinto.

Una sensación que competía con otra presencia que comenzaba a acercarse.

Como una brisa.

O más bien… como una amenaza.

Una que, por alguna razón, le resultaba extrañamente nostálgica.

“Croak.”

Con un sonido seco, Hipnos —que fingía estar muerta— dio un paso al frente y se incorporó de golpe.

Sin dudar, empujó su cuerpo clavando la espada de unohana en su propia frente y, al mismo tiempo, replicó el movimiento que unohana había ejecutado antes con ella: hundiendo su arma en el hombro de Unohana tal como esta lo hizo cuando casi le cortó el brazo.

Splash

Mientras hipnos clavaba y cercenaba su hombro unohana ni siquiera intentó esquivar.

Y, aunque lo hubiera intentado, algo más se lo habría impedido.

Un puño.

Un brazo ensangrentado que atravesaba su espalda y sobresalía por su pecho.

“Veo que tú, al igual que yo, eres alguien muy resentida”, comenté mientras observaba a Hypnos, quien, a pesar de todo, no mostraba miedo ni impotencia.

Al contrario.

Su expresión era tan intensa, tan voraz, que parecía devorar a Unohana con la mirada.

“En cuanto a ti…”

Aparté la vista de Hipnos y la posé sobre el recién llegado.

La expresión de Unohana se suavizó.

No fue debilidad, sino algo más extraño: una calidez casi amable.

Incluso ella misma se habría sorprendido, pero, pese a todo… se sentía feliz de verlo allí.

En ese momento.

En esas circunstancias.

“Vaya… sí que sabes cómo llegarle al corazón a una mujer”, comentó Unohana, mirándolo con un aprecio apenas disimulado.

El recién llegado era un joven de unos veinte años, extraordinariamente apuesto.

Sus ojos fríos y su mirada recordaban a la de un depredador.

A simple vista, era un desconocido.

Pero Unohana lo reconoció.

No por su rostro, ni por su edad…

Sino por detalles imposibles de ignorar.

Ojos rojos.

Cabello blanco en puntas.

Y, sobre todo, esa sensación, ese instinto asesino y espíritu de batalla que unohana no podría olvidar ni aunque quisiera.

“…Asura”, murmuró.

A pesar de las diferencias, a pesar de que no compartía forma ni tamaño, Unohana —o mejor dicho, Crow— sintió que aquel hombre le resultaba cercano.

Querido, como un amigo.

Una emoción que la desconcertó más de lo que habría admitido.

“Ha pasado mucho tiempo, maestro”, murmuró Ares con una sonrisa genuina.

Una sonrisa que no encajaba en absoluto con la escena brutal: su brazo seguía atravesando el pecho de unohana.

“No tanto…”, murmuró Unohana. “Por cierto, ¿cómo me reconociste?”

“Jejeje…”

Ante la pregunta, Ares sonrió con una mezcla de diversión e inocencia.

Era algo nuevo en él.

Siempre había sido serio, iracundo… o directamente inestable.

“Puedes cambiar de forma, de voz, incluso de fuerza… pero esa intención de pelear nunca cambia”, declaró con total honestidad. “Para mí, tu ansia de batalla y tu espíritu de lucha son como el sol. Puedes cambiar su posición, su color, cualquier detalle… pero una vez lo has visto, es imposible confundirlo.”

“Jajajajaja… ¡JAJAJAJAJA!”

Una risa clara y auténtica escapó de los labios de Unohana.

No era forzada.

No era calculada.

Era una risa viva… casi contagiosa.

Y, aun así, había algo más.

Algo que entumecía el ambiente.

Para Ares, la mujer frente a él seguía siendo la misma… aunque una silueta vaga parecía superponerse sobre ella.

Para Hipnos, en cambio, era distinto.

La figura atravesada frente a sus ojos se volvía más hermosa… más intoxicante.

Como un veneno dulce y cálido.

“Parece que la idea de encontrar un amortiguador desde el principio estaba equivocada…”, pensó Crow, sintiendo una ligera decepción.

Pero no era tan negativa como esperaba.

De hecho… no se sentía mal.

Sorprendentemente, era reconfortante.

Claro, si estuviera en su cuerpo real probablemente sería distinto.

Pero en ese lugar…

Lejos de su cuerpo roto, de la razón, de las obligaciones…

Aquello resultaba extrañamente liberador.

“Realmente eres un oponente interesante”, murmuró Unohana mientras calmaba poco a poco su risa.

“Click.”

Con el cese de su risa, la coleta que mantenía su cabello en dos trenzas se rompió.

Su cabello liso cayó en cascada, ocultando parcialmente su rostro.

“Pero dime… ¿no estás decepcionado por verme así?”, murmuró Unohana. “¿No sientes que te engañé al tomar esta forma?”

“¿Acaso importa?”, respondió Ares sin dudar. Su sonrisa se volvió peligrosa. “Lo único que importa en una pelea es disfrutar la batalla. Lo demás… es irrelevante.”

“…… Buena respuesta.”

Con esa respuesta, y acompañado de varios destellos plateados, la mano de Unohana —que sostenía la espada clavada en la frente de Hypnos— se volvió borrosa.

El aire se llenó de choques metálicos.

Chispas.

Impactos.

Un intercambio tan rápido que apenas podía seguirse.

Tras ese breve pero violento cruce, los tres se separaron nuevamente.

Al frente estaba Hipnos.

Seguía sosteniendo su espada, a pesar de que media cabeza y parte de su rostro habían sido cortados por el movimiento de Unohana.

Un golpe que habría matado a cualquiera.

Pero no a ella.

Lejos de eso, la había excitado.

Un fuerte sonrojo cubría sus mejillas, y su sonrisa —ligeramente desquiciada— contrastaba con las horribles heridas que ya comenzaban a regenerarse a gran velocidad.

Detrás, Ares.

Su puño estaba empapado en sangre… la sangre de Unohana.

Varios cortes recorrían sus brazos, fruto de los bloqueos recientes. Sus nudillos, abiertos y sangrantes, brillaban con una tenue luz roja.

Y en medio…

Unohana.

De pie.

Con un enorme hueco en el pecho que permitía ver a través de ella, conectando visualmente a sus dos oponentes.

Su cabello suelto ocultaba su rostro, meciéndose suavemente con la brisa.

“Entonces… ¿Será un dos contra uno, o un tres contra tres?”, preguntó de repente, levantando ligeramente la cabeza y dejando al descubierto parte de su rostro.

“¿Qué clase de pregunta es esa?”, respondió Ares, con un tono teñido de irritación.

“¿Por qué debería dejar que ese idiota me quite el placer de derrotarte?”, escupió Hipnos, sin apartar la mirada de Unohana.

“Ya veo…”

“Entonces… por favor, no mueran tan rápido.”

Mientras decía esto, Unohana deslizó su mano por la hoja de su espada desenvainada.

Al mismo tiempo, el agujero en su pecho comenzó a cerrarse lentamente.

Un sonido húmedo acompañó el movimiento.

Un líquido carmesí cubrió la hoja conforme su mano avanzaba, tiñéndola por completo.

La sangre no caía.

Se adhería.

Como si la espada… estuviera sangrando.

“Minazuki.”

Tras pronunciar esas palabras, la sangre descendió como un mar desbordado.

Las flores rojas que antes cubrían el terreno quedaron completamente sumergidas, flotando en la superficie de aquel líquido espeso que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

Un océano de sangre y pétalos.

Un paisaje que parecía infinito.

Ahora, todos estaban de pie sobre ese mar.

Inmóviles.

Rígidos.

Porque en el instante en que Unohana liberó su arma y dejó caer aquel abismo rojo, una intención asesina abrumadora los golpeó de frente.

Hades y Hipnos sonreían…

Pero incluso ellos no pudieron ignorarlo.

La sensación era clara.

Estaban en un mar de cadáveres.

Y no era solo una ilusión.

Por el rabillo del ojo, algo se movía bajo la superficie.

Sombras.

Formas.

Como si, bajo la sangre, innumerables cuerpos yacieran atrapados… observándolos desde las profundidades.

“Se acabó el tiempo de juegos”, proclamé mientras levantaba la espada, que parecía sangrar de forma constante.

La punta del arma se alzó, apuntando directamente a ambos oponentes.

Y mientras los observaba…

Algo surgió en el pecho de unohana.

Era felicidad.

Una real.

No nacida del papel que interpretaba, sino del propio Crow.

Una emoción pura, casi infantil.

Como la de un niño a punto de comenzar un juego…

Con dos amigos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo